La gran concentración de recursos de los partidos, del gobierno, de los municipios, de la Junta Central Electoral, del Ministerio de Relaciones Exteriores y de los medios de comunicación en el proceso electoral opaca otras actividades públicas que merecen mejor suerte, como la Feria Internacional del Libro.
La disputa política, los esfuerzos para que los candidatos debatan sobre los temas del momento, provocan que la gente se desvíe de otras muchas actividades, como el teatro, la literatura, el cine, porque salir a las calles se convierte en un infierno, con los cientos de vehículos en caravanas promoviendo candidatos presidenciales.
El ruido ambiental, las discolight, los vehículos que circulan por avenidas y calles con grandes bocinas, con merengues de calle, haciendo un ruido estruendoso, incómodo, insalubre, estropean el día a todo el que desea un momento de paz, de tranquilidad o de reflexión, incluyendo a los que son molestados estando en sus oficinas de trabajo o en sus residencias.
El largo trecho que hemos recorrido desde el 2010 hasta hoy, significa un período de casi dos años de campaña electoral. Primero fue la campaña interna de los partidos políticos. A Danilo Medina le llevó años conseguir la nominación presidencial del PLD, y antes tuvo que enfrentar los esfuerzos intensos y costosos de los reeleccionistas, que sostenían la idea de que el presidente Leonel Fernández fuera el candidato presidencial de ese partido.
Al ex presidente Hipólito Mejía le costó mucho esfuerzo y concentración alcanzar la candidatura presidencial del PRD, debido a que se enfrentó al presidente del PRD, Miguel Vargas, que deseaba y pensaba que las tenía todas consigo, porque además de presidente del PRD había designado casi todas las posiciones electivas en las elecciones del 2010. La batalla fue terrible, y todo eso lo sufrió la sociedad dominicana, siendo testigo de cómo se realizan las luchas “internas” en los partidos.
Ya falta menos de un mes para las elecciones. La gente desea que esto termine cuanto antes, incluso que ojalá no haya segunda vuelta, para que vuelva la normalidad en sociedad dominicana. Los políticos tienen la capacidad de movilizar a toda la sociedad con sus temas y sus intereses.
Se firmó un pacto de civilidad que pocos han respetado. La campaña sucia está en su momento más intenso, las acusaciones de toda índole ya ni siquiera alarman, porque parecen salidas del sombrero de un mago malabarista con afán desmedido para llamar la atención del público.
Ojalá que esto termine pronto. Es el deseo de muchas personas en este país, que está hasta la coronilla de elecciones, campaña electoral y discursos prometiendo el cielo. Todos sabemos que nadie podrá traernos el cielo, que la prosperidad es una utopía y que la legalidad hace tiempo fue mandada a dormir. Así estamos.