El político oportunista siempre anda a la caza de cualquier causa para ganar espacio en la opinión pública y arrastrar a incautos como posibles votantes.

No importa que se tenga que echar mano de las mentiras más perversas y peligrosas.

La Historia universal está llena de ejemplos, y nuestro país no es la excepción.

Este tipo de político suele asirse al razonamiento falaz Ad Populum, para tratar de hacer pasar sus mentiras como verdades absolutas.

Cuando el “enemigo” era el “comunismo ateo y disociador”, lamían las botas del poder estadounidense, asumían el discurso anticomunista más radical para hacerse los graciosos

Es este tipo de político, en su peor versión criolla, el que se ha encargado de hacer del odio a los haitianos y de la negación de la nacionalidad a los dominicanos de ascendencia haitiana una supuesta causa patriótica, una absurda modalidad de reafirmación de la dominicanidad.

Muerto el “peligro comunista”, desacreditada y fracasada la “guerra contra las drogas”, estos políticos ultraderechistas, que nunca ha sido capaces de construir un verdadero liderazgo, han desempolvado y abrazado con desesperación la cruzada del antihaitianismo.

Se quieren vender como los más patriotas, cuando se acobardaron cuando la patria fue agredida por tropas extranjeras. Huyeron en 1965, cuando los valiosos jóvenes revolucionarios se jugaban la vida en Ciudad Nueva combatiendo con valentía y convicción en defensa de la República Dominicana.

Y más, cuando el “enemigo” era el “comunismo ateo y disociador”, lamían las botas del poder estadounidense, asumían el discurso anticomunista más radical para hacerse los graciosos.

Y si se ahonda más en el pasado, se hallarán propuestas más vergonzosas aún, como la de enajenar una parte del territorio nacional para contentar a los Estados Unidos.

Las poses de patriotas que hoy exhiben sólo se las podrán tragar quienes no conozcan la historia dominicana.

Claro, que cuando llaman a usar la violencia para acallar a quienes no piensan como ellos, es necesario tomarlos en serio, muy en serio, porque su pasado está lleno de complicidad y de servidumbre a los pies de los tiranos más represivos y sanguinarios.

Hoy, como ayer, ese discurso de odio hacia nuestros semejantes y ese afán de conculcar derechos humanos y cívicos, nada tienen que ver con el verdadero patriotismo, con el amor a la tierra que nos vio nacer y a su gente solidaria y buena.

La gente sensata debe frenar ese desatino que podría llevar a la República Dominicana hacia enfrentamientos violentos, dolorosos y totalmente innecesarios.