El gobierno pierde de vista que la mayoría absoluta, además de dejarle todo el poder en el Congreso, podría ser una arma de doble filo que se convierta en un poderoso enemigo de la institucionalidad y la gobernabilidad.

La irritación que siente una parte de la sociedad dominicana no puede ser ocultada. No es que el fracaso de llamado Martes Negro les haya envalentonado. Es que el Comité Político del partido oficialista dio su apoyo unánime, y que el Senado dio su apoyo unánime, y que la Cámara de Diputados dará su apoyo mayoritario.

Es cierto, esos son los mecanismos de la democracia, pero hay que tener en cuenta la poblada de 1984, cuando sin una orientación de nadie, los barrios de la capital se fueron a las calles, y luego lo hicieron los pueblos y en pocas horas había cambiado radicalmente el cuadro gubernamental, y las fuerzas militares salieron a las calles y cientos de dominicanos fueron asesinados.

La realidad que se vive hoy podría ser diferente. El gobierno de Medina no ha cumplido los tres meses, y está imponiendo una reforma fiscal de terribles consecuencias. Rompió el diálogo con el Consejo Económico y Social y aceleró la aprobación en el Congreso. Ya el Senado hizo lo que estaba escrito que se haría, y la Cámara de Diputados hará lo suyo el martes.

Si no hay capacidad o apertura para reflexionar sobre las consecuencias de esta reforma tributaria, el país comienza a trillar un camino empedrado y resbaloso. Aseguremos la carga.

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