No hay señales de diálogo en Haití. Las tensiones entre el presidente Jovenel Moïse y los miembros de la Corte Suprema de Justicia se ha profundizado. Las acusaciones del presidente contra el juez Ivickel Dabrésil carecen de pruebas. Hasta ahora no hay nada que evidencie la tentativa de asesinato. Sí hay una versión judicial y política de que el 7 de febrero del 2021 vencía el mandato del presidente Jovenel Moïse.

El juez Ikenson Edumé de la Red Nacional de Magistrados Haitianos (RENAMAH) tuvo un último contacto con el juez de la Corte de Casación Ivickel Dabrésil, quien se encontraba detenido en la Dirección Central de la Policía Judicial (DCPJ).

Para el juez Wendell Coq, miembro del Tribunal de Casación, esta detención es ilegal, arbitraria y constituye un ataque del gobierno contra el Tribunal de Casación. Obvio, que este asunto no encuentra ni tendrá vía legal de solución, sino que conducirá al presidente Jovenel Moïse a parapetarse en la fuerza y la ilegalidad para mantener el precario control político del país.

La Red Nacional para la Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH), en declaración conjunta con la Comisión Nacional Episcopal de Justicia y Paz (CE-JILAP) y el Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (CARDH) dijo condenar firmemente la detención arbitraria por un comando del juez del Tribunal de Casación, Ivickel Dabrésil.

La Asociación Nacional de Magistrados Haitianos, la Asociación Profesional de Magistrados y la Red Nacional de Magistrados denunciaron la “detención arbitraria” del juez de la Corte de Casación Ivickel Dabrésil, quien según el jefe del gobierno haitiano, Joseph Jouthe, está involucrado en un intento de golpe.

Mientras tanto, Haití se mantiene paralizado, principalmente en la capital, Puerto Príncipe, y en algunas localidades del interior del país. El clima se complica con la decisión arbitraria del presidente de destituir mediante decreto a tres jueces del Tribunal de Casación. La expresión a medianoche de este lunes, de Franz Duval, no ha podido ser más dramática: "Haití se hunde en el desmantelamiento de las instituciones de la Constitución de 1987, modificada y aún vigente".

La oposición política ha designado al juez del Tribunal de Casación Joseph Mécène Jean-Louis como presidente interino en sustitución de Jovenel Moïse. La policía está en pie de guerra con una gran presencia, especialmente frente al edificio del Tribunal de Casación y de la Escuela de Magistrados.

Franz Duval, director del diario Le Nouvelliste, se ha referido este lunes al apoyo de Estados Unidos a Jovenel Moïse y a su calendario electoral, que debería concluir con la elección e instalación de un nuevo presidente el 7 de febrero de 2022.

“Quienes siguen a la comunidad internacional en Haití ya habían entendido que además de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH), las agencias de la ONU, los países miembros del Core Group y, el viernes por la mañana, la Organización Internacional de la Francofonía, todos los amigos de Haití estaban a favor de apoyar la celebración de las próximas elecciones”, escribe Duval.

Sostiene que pese a la moderación recomendada por Estados Unidos, “el presidente Moïse hace lo que le place, cada vez confrontando a la comunidad internacional y a los haitianos con hechos consumados”.

Sostiene que con Biden “no pasará nada en Haití si no hay luchadores que defiendan la democracia y los derechos humanos sobre el terreno. Si los haitianos no se apegan a los grandes principios y no apoyan concretamente con sus acciones los ideales que fundaron un Estado de derecho, todo indica que nadie desembarcará para venir e imponerlos en la tierra de Dessalines”.

En un texto editorial contundente, Franz Duval sostiene que “la historia de los últimos cuarenta años lo demuestra elocuentemente, en el frente, necesitamos a los haitianos. La comunidad internacional solo viene en apoyo” y asegura que la administración de Moïse-Jouthe va en la dirección equivocada cuando se trata de derechos humanos y fortalecimiento de la democracia. Pero avanza, empuja sus peones, marca su territorio. Hacer lobby y poner a trabajar a sus diplomáticos.

Y critica también a la oposición, por carecer de discurso, por no tener presencia en y hacia las grandes capitales, donde se juegan las grandes decisiones.

Cree que si Haití no representa un peligro para los intereses estadounidenses y no pone en peligro los planes de Estados Unidos, no hay razón para que el tema de Haití esté en la lista de prioridades estadounidenses.

Finalmente, considera que el apoyo estadounidense a Jovenel Moïse no traerá paz y armonía a Haití. “Las palabras no bastan para poner en una mesa a los protagonistas de nuestras múltiples crisis”.

Claro y contundente, sostiene que EE.UU  no tiene tropas en camino, ni medios financieros o de otro tipo de presión sobre los principales actores haitianos. “Las recomendaciones estadounidenses no se han seguido en Haití en los círculos políticos durante años. Los enviados estadounidenses se suceden y no tienen otro interlocutor que no sea el poder”.

Los estadounidenses y la comunidad internacional esperarán hasta que la crisis esté más avanzada, hasta que los frutos de nuestras estupideces estén maduros, para intervenir. Los involucrados en nuestras crisis harán todo lo posible para que esto suceda tarde o temprano.

A menos que los haitianos decidan realmente tomar las riendas de su destino.

Están obligados a encontrar ese camino, o se hundirán definitivamente.