Para nadie es un secreto que en la República Dominicana se requiere mejorar sustancialmente la seguridad ciudadana y disminuir la delincuencia común en los lugares públicos.
Cada cierto tiempo ocurren asesinatos o asaltos que cobran una gran notoriedad, sea por las personas que resultan víctimas, por el número de éstas o por la saña con que los delincuentes cometen las agresiones.
Es en ese momento cuando la población se llena de temor, se siente desprotegida, y entonces los sectores más conservadores aprovechan para apelar a su discurso de la “mano dura”.
La “mano dura” podría interpretarse con un endurecimiento de las penas para los delitos comunes, en el entendido de que esta medida vendría a disuadir a los delincuentes o potenciales delincuentes.
Pero los más extremistas piden más. Quieren que, sin necesidad de procesos judiciales, los policías maten al instante a todo aquel que sea considerado delincuente.
Lo peor es que, ante el temor que genera la inseguridad, más la promoción que dan a estas ideas represivas muchos hacedores de opinión, una parte de la ciudadanía suele acoger y aplaudir el discurso de la “mano dura”.
Auspiciar que un agente policial pueda disponer a discreción de la vida de un ciudadano viola las más elementales normas de convivencia civilizada y da lugar a que nadie esté a salvo de ser muerto al ser “confundido” con un “delincuente”.
La delincuencia común se debe combatir en sus raíces, y éstas hay que buscarlas en las injusticias, en las desigualdades sociales, en la miseria y en la negación de oportunidades que llevan a cientos de miles de jóvenes a un callejón sin salida. Todos estos males se combinan con otro igualmente pernicioso, que debe ser enfrentado: El mal ejemplo que suelen dar los delincuentes de cuello blanco (políticos corruptos, banqueros estafadores, etc) al amparo de la impunidad.
La otra labor es la prevención, que tiene que ver con un mejor cuerpo de policía; mejor capacitado, mejor equipado, mejor educado y orientado para resistirse a la corrupción, y mejor pagado.
Ojalá que la reforma policial que ha puesto en marcha el presidente Danilo Medina tome en cuenta estos factores.