WASHINGTON, Estados Unidos.-La imposición de una política económica nacionalista y proteccionista del presidente Donald Trump, lejos de recuperar los empleos del sector manufactura, podría terminar empleando a los robots y generándoles grandes beneficios a sus fabricantes, no así a los obreros que perdieron sus empleos cuando las grandes fábricas cerraron en Estados Unidos para buscar costos más bajos en México, China y otros países.

El analista Paul Wiseman, de la agencia AP resalta que el presidente Donald Trump insiste en que el nuevo acuerdo comercial de América del Norte será una victoria para los trabajadores de fábricas estadounidenses con el regreso de muchos empleos bien pagados a Estados Unidos, pero que una revisión de ese convenio renegociado revela otro panorama.

"También podría traducirse en precios más elevados para los consumidores y aumentar la ineficiencia en los negocios. Y los principales beneficiarios probablemente terminen siendo robots y las compañías que los fabrican", sostiene Paul Wiseman.

“Será complicado mantener competitivo a América del Norte como centro de producción”, dijo Michael McAdoo, del grupo Boston Consulting, citado por Paul Wiseman

Indica que mientras los estadounidenses votan en las elecciones legislativas, Trump pregona el Tratado México-Estados Unidos-Canadá como un triunfo en su antagónica política comercial, una estrategia que, dice el gobernante estadounidense, marcará el inicio de “un nuevo amanecer para la industria automotriz estadounidense y el empleado automotriz estadounidense”.

El analista detalla que el pacto, dado a conocer el 30 de septiembre, parece alcanzar algunas de las metas de Trump, por ejemplo llevar más producción a Estados Unidos, lo que ayudaría a revertir el flujo de puestos de trabajo a México, en donde se pagan sueldos más bajos.

Al mismo tiempo, podría resultar en mejores condiciones laborales y quizás mejores salarios para los obreros mexicanos, que han sufrido durante años por unas condiciones laborales para nada envidiables.

Pero uno de los efectos negativos será que, al hacer que el modelo de negocio se aleje de la dependencia laboral con México, muy probablemente significará autos más caros para los clientes estadounidenses. En consecuencia,  los fabricantes de autos de América del Norte podrían volverse menos competitivos ante sus rivales en Europa y Asia.

“Será complicado mantener competitivo a América del Norte como centro de producción”, dijo Michael McAdoo, del grupo Boston Consulting, citado por Paul Wiseman.

Y el efecto peor sería que gran parte de la manufactura que regrese a Estados Unidos probablemente sea hecha por robots en las plantas estadounidenses cada vez más automatizadas, no por trabajadores humanos.

Paul Wiseman recuerda que el pacto, conocido por su acrónimo T-MEC, tiene el objetivo de reemplazar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de 24 años, al cual Trump culpa de acabar con los empleos estadounidenses.

El viejo TLCAN eliminó casi todas las barreras comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá. El comercio entre los tres socios ha aumentado, sin embargo, muchos manufactureros de Estados Unidos mudaron sus fábricas y empleos a México para aprovechar la ventaja comparativa de una mano de obra barata. Aquellos manufactureros podían entonces enviar automóviles y otros bienes de regreso a Estados Unidos y Canadá libres de impuestos.

Desde que se lanzó a la carrera presidencial, Trump exigió un nuevo pacto más favorable para los trabajadores estadounidenses. Las negociaciones comenzaron en agosto de 2017 y con el tiempo se produjo el T-MEC.

“Estas medidas apoyarán a cientos de miles de empleos estadounidenses”, Trump declaró a principios del mes pasado, recuerda Paul Wiseman.

No obstante, el T-MEC todavía no es un hecho. Aún debe ser firmado por los líderes o ratificado por las legislaturas en los tres países (Canadá, EEUU y México).

En EEUU, algunos demócratas han expresado su apoyo al pacto, pero si su partido recupera el control de la Cámara de Representantes en las elecciones del martes, está lejos de ser seguro que sus líderes querrán entregarle una victoria a Trump.

Paul Wiseman advierte que, peor aún, los legisladores de México y Canadá no votaría fácilmente para ratificar el pacto al menos que Trump exonere a sus países de los aranceles que impuso al acero y aluminio por una disputa separada.