REDACCIÓN.-Según el periódico especializado The Wall Street Journal, en un escrito de Liam Denning un acuerdo potencial de oro está en el tapete, con las negociaciones entre Yamana Gold y Agnico-Eagle Mines Goldcorp batallando por la compra de Osisko Mining.
Indica que Osisko se cotiza ahora por encima del precio implícito de la última oferta, a pesar de ya parecer caro.
No obstante, afirma que es el acuerdo que aparentemente está contemplado por Newmont y Barrick el que realmente necesita el sector, el cual se encuentra en una etapa de conversaciones.
El “Big Gold” se encuentra en una posición similar a las grandes compañías petroleras justo antes de sus megafusiones durante el cambio de siglo.
El oro no se ha derrumbado en la forma en que lo hicieron los precios del petróleo entonces. Sin embargo, ha caído por debajo de los US$1,300 dólares la onza troy, incluso, cuando el promedio de costos de la industria todo-incluido de la minería del metal se mantiene por encima de los US$1,400, según Citigroup.
Una de las razones de que los costos sean altos es que, una vez que una minera tiene un cierto tamaño, es difícil encontrar proyectos que muevan la aguja en el crecimiento. Barrick, por ejemplo, produjo más de siete millones de onzas de oro el año pasado. Aumentar eso, digamos en 5%, requiere el desarrollo de una mina con unos cinco millones de onzas de reservas, o más. Al igual que los campos petroleros gigantes, esos no son fáciles de encontrar.
Mejor, como hicieron las grandes compañías petroleras, es dejar que la expansión ocupe el segundo lugar, detrás de las sinergias. La gran oportunidad para los grandes productores de materias primas es unificar los activos y deshacerse de los menos deseables, reduciendo los costes medios y aumentando los rendimientos promedio de la cartera restante.
La cifra de US$1000 millones de las sinergias anuales de la que se habla tendría un valor de US$6,5 mil millones, gravado y un capitalizado 10 veces -lo que equivale a casi la mitad de la capitalización bursátil de Newmont.
Del mismo modo que lo hicieron las grandes petroleas, sería decisivo estructurar Barrick-Newmont como un acuerdo en acciones con poca o ninguna prima pagada. Eso sería ofrecer a los accionistas una verdadera puesta en común de los activos.
También evitaría los errores del último crecimiento y la adquisición compulsiva de la industria del oro, que corren el riesgo de repetirse en la batalla por Osisko. “Es también el porqué, a pesar del revés en las conversaciones, que una fusión entre Barrick y Newmont es una certeza virtual”, precisa.