El año 2017 se destacó por estar lleno de sorpresas y avances tecnológicos en el mundo de las finanzas. Entre las mayores sorpresas que trajo el año que queda atrás, se encontró la proliferación – y el aumento de precio – de las llamadas “criptomonedas” o “monedas encriptadas”.

Aunque estas son denominadas crípticas, la razón de esta calificación se debe a su tecnología de codificación mediante la criptografía y el ya conocido sistema peer to peer. La criptografía surgió durante la segunda guerra mundial con el fin de garantizar una comunicación segura y hoy en día sirve para salvaguardar información (como las conversaciones de Whatsapp) y dinero electrónico. El propósito de las criptomonedas no es ser objeto de especulaciones, como sí lo son los instrumentos financieros tradicionales. Las criptomonedas tienen como componentes un sistema de pago basado en internet, así como una divisa propia, para poder participar en dicho sistema de pago. Estos, están conformados por una tecnología de cadena de bloque (blockchain) compuesta por una base de datos pública y descentralizada, que no puede ser (fácilmente) cambiada. Según Koenig, las criptomonedas como sistema de pago descentralizado con moneda propia se pueden definir, distinguiendo sus tres tipos de usos comunes: i. un sistema de pagos a nivel mundial; ii. sistemas de pagos para mercados locales; y, iii. criptomonedas que son necesarias para el almacenamiento de datos, fines de contabilidad o para realizar servicios de contratos inteligentes (smart contracts).

Satoshi Nakamoto (Craig Wright?) y los demás mineros de las criptomonedas se inspiraron en las doctrinas de la escuela de economía de Viena, siguiendo a von Mises y Hayek quienes fueron grandes proponentes del liberalismo económico. El objetivo es simple: que todos puedan tener el control de su dinero y a la vez la responsabilidad total del mismo, dejando a un lado a los gobiernos, ministros de finanzas, bancos y gestores de activos. Esto obviamente genera grandes debates, como por ejemplo la custodia de la seguridad financiera y económica que recae sobre los gobiernos y/o bancos centrales alrededor del mundo.

Un sistema de pagos

Entre los objetivos de los bancos centrales, se encuentra intentar lograr la estabilidad financiera. Para poder lograr la estabilidad financiera, es necesario contar con un sistema de pagos estable y seguro. Según el Banco de España, los sistemas de pagos y liquidación de valores son, en sentido amplio, la infraestructura a través de la cual se movilizan los activos en una economía.” Una de las características esenciales de cualquier sistema de pagos, es poder comprobar y transferir la propiedad de dinero o valores entre participantes del mercado.

En el caso de las criptomonedas, se maneja de manera similar. Para poder comprobar la propiedad luego de una transacción con criptomonedas, es necesario poseer una llave digital que permite verificar y luego transferir la propiedad. Esta llave digital, está compuesta por (1) una llave pública, que sirve en principio para transmitir el dinero a un recipiente. Koenig la compara con un número de cuenta bancario; y (2) una llave privada, la cual vendría siendo el típico código secreto o NIP de una tarjeta de débito.

Al igual que el NIP de una tarjeta de débito, esta llave digital privada no debe ser compartida con terceros, pues es susceptible de caer en manos de algún hacker quién tendría acceso a las criptomonedas que se encuentren allí en su custodia, pudiendo el verdadero dueño, perder la totalidad de su ‘activo’. Incluso, debido al alto riesgo de robo cibernético no es recomendable que esta llave digital privada se guarde en el internet o en carteras electrónicas. En este último punto se encuentra una de las problemáticas más grandes de las criptomonedas en comparación al sistema tradicional debido a que día de hoy, en este último se cuentan con las garantías legales y medios para, sino prevenir por lo menos rectificar dichos daños cometidos a través de delitos y crímenes cibernéticos. Algo que las criptomonedas, hoy en día no pueden garantizar debido a su principio de liberalidad y de responsabilidad propia (nadie controla tus activos, pero nadie garantiza o indemniza en caso de pérdida). Punto irónico, pues esto podría crear mucho más desigualdad económica que el sistema actual, el cual los proponentes ávidos de las criptomonedas atacan.

En la segunda entrega de este análisis, comentaremos con mayor detalle cómo se crean las criptomonedas y quiénes participan en esta tarea. Además, explicaremos algunos riesgos que han sido asociados a las mismas por parte de diferentes autoridades.