Un gobierno con “voluntad política” para enfrentar intereses creados no es suficiente para desarrollar el país. Se necesitan otros ingredientes, entre los cuales figura una audaz imaginación de sus líderes. Como ilustración de este aserto se detalla más abajo una retahíla de proyectos que podrían parecer utópicos pero que, por la racionalidad que los justifica, provocarían gran desarrollo. Tienen en común ser muy plausibles y aquí se presentan separados entre los atinentes a todo el territorio nacional y los relativos a la ciudad de Santo Domingo. La intención es estimular al liderazgo político a pensar fuera del cajón y dejar atrás la insondable vacuidad de la retórica grandilocuente y las frases cohetes de los tradicionales programas de gobierno.

Proyectos Nacionales

Un primer ejemplo citable atañe a la factura eléctrica de los innumerables inmuebles del estado donde se ubican grandes oficinas públicas.  Con solo imitar el ejemplo de los bancos al instalar paneles solares sobre sus techos se podría disminuir significativamente el consumo de electricidad del gobierno y, con los ahorros, pagar una parte del subsidio eléctrico que patrocina el estado. Tal transformación podría hacerse con un préstamo de China, el país donde se fabrican los paneles más baratos. El Centro Leon de Santiago ha logrado disminuir en un 50% su gasto energético con ese cambio.

Paneles solares del Banco Popular Dominicano

Repensando el sistema eléctrico pudiéramos lograr otros ahorros. Si vendiéramos muchos de los activos estatales del sistema eléctrico podríamos, fortaleciendo la regulación, disminuir sensiblemente la deuda externa de un 53% del PIB a tal vez un 35%. (El estado es propietario de toda la transmisión, distribución y generación hidroeléctrica, con una gran parte de la otra generación.) Los beneficios colaterales incluirían la reducción del servicio de la deuda (intereses y amortización del capital) y, con una mayor eficiencia en el manejo por parte del sector privado, la eliminación del subsidio eléctrico y de los apagones. Sin duda logros trascendentales.

De similar impacto seria la venta de los 19 hoteles estatales, habida cuenta de que su continuada posesión resulta en absurda inconsistencia con una economía de mercado que ya acumula más de 500 hoteles privados. Obteniendo de esa venta un mínimo de US$150 millones, se podría desarrollar el proyecto del teleférico al Pico Duarte y un centro ecoturístico (tal y como recomendó Jacques Attali). Y si se operara allí una estación de esquí de nieve, lo cual es perfectamente factible para todo el año, tendríamos un destino turístico super competitivo en la región del Caribe.

Cima del Pico Duarte

  

Por otro lado, con la venta de la mayor parte de los 93 inmuebles que posee el estado en la Ciudad Colonial se podría crear un fondo que supliera las necesidades de la conservación de nuestro patrimonio histórico. Es probable que algunas de esas propiedades deban ser donadas a sus presentes usuarios, pero con una racional evaluación – libre de prevaricación– afloraran suficientes unidades que puedan ser privatizadas. Así aseguraríamos la atención debida a un ingrediente esencial para apuntalar nuestra conciencia histórica y la identidad nacional.

Para mejor aprovechar nuestras adyacencias, la Isla Saona se podría pensar en una concesión a una gran empresa de turismo ecológico de lujo (Qatari Diar, Amman Resorts, por ejemplo). Sus 17 kilómetros de prístinas playas y su condición de área protegida dentro del Parque Nacional Cotubanamá (antiguo Parque del Este) pueden explotarse de forma consistente con la conservación de sus recursos naturales. (Los cerca de 1,200 turistas que la visitan diariamente así lo atestiguan.) También ya existen tecnologías que permitirían un masivo desarrollo de un turismo náutico sostenible en la Isla y en otros destinos nacionales.

Islas Catalina y Saona

Otro benéfico cambalache involucraría la Isla Catalina. A una distancia de apenas dos kilómetros de la costa, ese inmueble estatal de 10 millones de metros cuadrados se presta magistralmente para el desarrollo de un gran parque de atracciones. Sería muy fácil encontrar el o los inversionistas privados necesarios, a quienes se les arrendaría por un periodo de 50 años. A Saona van más de 400,000 extranjeros al ano y si por el ingreso a Catalina se cobrara US$25, el estado podría recibir más de US$12 millones anuales, amén de su parte de los dividendos de la empresa arrendataria.  Con eso se podría mantener en plena vigencia el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), hoy día más una ficción que una realidad.

¿Qué hacer con Isla Beata? Este promontorio marino tiene 27 millones de metros cuadrados y un diámetro de 9 kilómetros de largo por 6 de ancho, una extensión considerable.  En vista de que posee el mejor régimen de viento del país, la isla se destinaria, mediante una concesión adecuada, para la producción de energía eólica. A solo siete kilómetros de la costa, la línea de transmisión que la conectaría a la red nacional seria parte de la inversión a realizar por los concesionarios. Tal inversión seria bien rentable en vista del desarrollo turístico que se avizora para la región.

Otro activo estratégico para atraer turismo de lujo seria la Bahía de las Calderas. Con las concesiones adecuadas, el estado podría atraer algún prestigioso club de yates para desarrollar ahí una meca del yatismo en el Caribe. (El Mónaco Yatch Club es el mayor y mas prestigioso club de yates del mundo, pero hay muchos otros.) Ya las tierras del adyacente Los Corbanitos son de propiedad privada y ahí se desarrolla el proyecto turístico Puntarena, pero el desarrollo del club propuesto podría irradiar un uso inmobiliario extenso de las montañas aledañas que son propiedad del estado –llegando inclusive hasta Palmar de Ocoa– y generar así gran riqueza en la comarca.

De un gran potencial turístico siempre ha sido la playa de Boca Chica, especialmente por su virtual adyacencia a la ciudad capital. Diversos factores han impedido su desarrollo, incluyendo la ocupación ilegal de su playa y de gran parte de su entramado urbano. Tanto el antiguo CONAU como el mismo Ayuntamiento Municipal han elaborado sendos planes, pero el desinterés de los propietarios de los terrenos y lo complicado de la tarea la mantienen en ascuas. Solo una iniciativa gubernamental, mediante la cual se mude una gran parte de la población al norte de la carretera bajo el patrocinio del Estado y talvez en tierras de los propietarios, se podría destrabar el desarrollo turístico. ANAMAR, por su lado, ha hecho varias propuestas para la recuperación de la playa en el tramo Andres-Boca Chica, pero inexplicablemente ya no las tiene colgada en su sitio web ni los documentos aparecen en los buscadores. Destrabar a Boca Chica requiere una intervención presidencial y un seguimiento serio a los acuerdos.

Vistas áereas de Boca Chica

La intervención en Boca Chica es deseable para acrecentar la afluencia de extranjeros a su playa. Pero existen otros municipios (Sosua, Cabarete, Miches, Samaná, Jarabacoa) y distritos municipales (Verón, Juan Dolio) que demandan una atención similar porque ya han sido arropados por el desarrollo turístico y conviene, para apuntalar la imagen de nuestro destino turístico, atender a sus necesidades de remodelación urbana. Sería preferible gastar menos en promoción turística en el exterior y usar el ahorro en eso, además de que la tarjeta de turista podría aumentarse –ya que tiene el mismo precio desde el 1987—con similares fines. Es a nosotros que nos toca velar por el adecentamiento del producto turístico que presentamos al mercado internacional.

Otras medidas impositivas enfocadas al sector turístico serán de seguro adoptadas en el esperado Pacto Fiscal, las cuales deberán compatibilizarse con las de la región del Caribe. El principal reto será el de abolir o reemplazar los incentivos fiscales, tal y como lo han pedido algunas de las agencias multilaterales. (El “gasto tributario” del sector lo calculó el Ministerio de Hacienda para el 2016 en RD$5,000 millones.) Una propuesta sensata seria ofrecer 15 anos mas de exenciones a aquellas cadenas hoteleras que, teniendo mas de dos hoteles en nuestro territorio, inviertan en nuevas facilidades hoteleras en Haiti. Los beneficios para el país de un desarrollo del turismo en Haiti son tan obvios y deseables que se justificaría además buscar una formula con el BID para ofrecer un aval garantista a esas inversiones. 

Uno de los grandes activos estatales que podrían aprovecharse en el sur profundo es el procurrente de Barahona, un territorio inhóspito y casi desconocido que se extiende por casi 400 millones de metros cuadrados, con 50 kms de longitud y 40 kms de ancho. Es bien sabido que su vegetación y suelo no son amigables a su uso por parte de los humanos y se dice que solo en ese monte es posible encontrar todavía puercos cimarrones. Pero las hazañas de los agricultores israelíes pueden inspirar proyectos de aprovechamiento que sean viables y productivos. Las autoridades deben emprender una exploración de posibilidades al respecto porque ese tipo de aprovechamiento podría cambiarle la cara de pobreza a la región sur.

Tienta, finalmente, incluir en esta retahíla de ideas de proyectos nacionales de desarrollo a la Bahía de Manzanillo y a los ríos Isabela y Ozama. Mientras para la primera se vislumbra ya una intervención estatal y no su mera concesión, para lo segundo se podría pensar en un gran proyecto público-privado. De cualquier modo, en ambos casos viene a la mente las capacidades chinas para acometer ambas tareas, tanto en términos de interés mercurial, tecnología y capitales. Seria posible inclusive conceder derechos a cambio de que los chinos establecieran un tren de alta velocidad entre Punta Cana y Puerto Príncipe con el propósito de potenciar el turismo isleño. Pero en vista de que en estos casos intervendrían consideraciones sobre las relaciones exteriores del país es preferible dejar en manos de las autoridades la identificación de las soluciones más apropiadas.

Proyectos de Santo Domingo

Las intervenciones en la ciudad capital comenzarían por reconocer que gran parte de su trazado urbano y del ambiente construido responden a realidades y razonamientos obsoletos. El metro y el teleférico, por ejemplo, justificarían descartar al Centro Olímpico para reconvertirlo en un gigantesco Centro Gubernamental (CG). Ahí se concentraría una miríada de oficinas públicas que hoy funcionan en locales alquilados. Los fondos para levantar ese moderno complejo provendrían de la venta de numerosos inmuebles estatales ubicados en valiosos puntos de la ciudad. Un riguroso inventario y una tasación idónea servirían de base a un intercambio con los constructores privados.

¿Dónde reubicar las facilidades deportivas? Aquí la premisa es que las instalaciones no tienen que estar todas en el mismo sitio y que los contratistas del CG se encargarían de las reubicaciones.  El Estadio Felix Sanchez y el Pabellón del Volibol pueden reubicarse en la ociosa Feria Ganadera, aunque habría que construirle una conexión del metro que empalme con la estación del Centro de los Héroes. El Palacio de los Deportes, por su lado, se ubicaría en la explanada del Estadio de Beisbol. Las demás facilidades irían al Parque Mirador del Norte, el cual tiene conexión del metro.

¿Qué hacer, por otro lado, con el Faro a Colon?  Debemos reconocer que ese monumento al salvaje maltrato de esclavos e indios ya no es válido. Si en una época se justificó porque se consideró magistral la hazaña del descubrimiento del Nuevo Mundo, ya se ha comprobado a través de múltiples evidencias antropológicas de que los españoles no fueron los primeros en llegar a estos lares. Ahí están para atestiguarlo, por ejemplo, los vestigios de las viviendas vikingas en Newfoundland (Canadá), los viajeros polinesios (en el Kontiki) al Peru y las estelas chinas en la costa de Colombia y Centroamérica. Además, Sevilla reclama la posesión de los restos del Almirante con argumentos tan validos como los nuestros. Los faros, finalmente, ya no son utiles para orientar la navegación y las luces del nuestro no funcionan hace casi una década. Las propuestas para reconvertir el Faro, usar sus terrenos para facilidades deportivas o para establecer ahí otro centro de oficinas gubernamentales merecen urgente consideración.

Faro a Colón

El Malecón, por su lado, tendría que ser completamente repensado. La premisa debe ser que el disfrute del litoral no puede estar dirigido solo a los que poseen vehículos y que debe servir al pueblo llano. (Su uso por parte de los turistas extranjeros es escaso, pero eso puede aumentar con algunas intervenciones dirigidas a ellos.) Como Guibia es una playa que no ofrece seguridad para la salud, sería preferible usar el espacio que hoy ocupan sus facilidades deportivas –además del Club de Profesores de la UASD– para crear una gran piscina pública que pueda ser usada todo el año. El agua seria succionada con una manguera que penetraría al mar por dos kilómetros. Con estrictas reglas de higiene, las familias pobres podrían traer a sus hijos usando el metro.  Y demoliendo el edificio(del proyectado Hotel El Prado)  que le queda enfrente, el cual es propiedad estatal, se podrían reinstalar ahí las facilidades deportivas y hasta crear los parqueos necesarios.   

Para lograr un Malecón realmente aprovechable como sitio de esparcimiento donde se puedan usar sus bancos de cemento, sería necesario crearle una rambla ensanchando significativamente la calzada y cubriéndola con sombrillas de techo desechable para crear sombra. Eso permitiría su uso durante todo el día y no solo en las tardes y noches. Las gráficas ilustran dos opciones de rambla y el tipo de sombrilla que, con un armazón de hierro, podría restaurarse a bajo costo en caso de que un huracán volara la tela que la cubre (el ejemplo es de Ridyah, Arabia Saudita).


Ahora bien, para lograr que una cantidad apreciable de cruceros visite la ciudad habría que abandonar el proyecto hasta ahora concebido para Sans Souci. Esto así porque el mercado de apartamentos registra una enorme sobreoferta y, en consecuencia, por muchos anos no existirá mercado para la enorme cantidad de viviendas que el susodicho proyecto visualizaba. Para colmo, no se visualiza en el futuro cercano una solución para la contaminación ni los guijarros que arrastra el rio Ozama y que hacen peligroso el atraque de cruceros en la ensenada del puerto. Ese proyecto ya es obsoleto y a sus dos terminales habrá que buscarle usos alternativos.

La manera más plausible de aprovechar el potencial de la ciudad para atraer un flujo constante de cruceros seria adoptando el proyecto que ha propuesto ANAMAR. Este implicaría una reconversión de la Plaza Juan Baron junto a la construcción de un espigón hacia el oeste de esta que discurra paralelo al litoral y que cree una ensenada artificial para el parqueo de cruceros. Eso implicaría una inversión de unos US$100 millones y el proyecto podría concedérsele a la empresa que ostenta la concesión de Sans Souci (a cambio del abandono de su proyecto anterior).

Con el intercambio se liberaría el medio millón de metros cuadrados que el Estado había concedido por 40 años en la ribera este del rio para usarlos en proyectos de vivienda social. (La mudanza de las instalaciones militares solo espera –según informes no confirmados– que el gobierno disponga la compra del mobiliario para sus nuevas facilidades en Andres.) Así también la empresa concesionaria tendría la operación de los cruceros por un periodo similar al del contrato anterior.

Un beneficio adicional de ese cambio de planes seria la liberación de la playa de Sans Souci para abrirla al público. Esta es utilizable porque sus aguas no son contaminadas por el rio Ozama y solo requeriría de un espigón y una malla de metal que proteja a los bañistas de los tiburones.  (Ese fue el diseño de la Sogreah, la empresa francesa que hizo el estudio correspondiente.) Para agrandar aún mas el área de baño se construiría una piscina gigante en el cocal del Faro. Estas obras ofrecerían una opción de recreación gigantesca para la población de Santo Domingo Este y sectores aledaños.

El flujo de visitantes extranjeros a Santo Domingo aumentaría mucho con un centro de convenciones que permita celebrar eventos de hasta 5,000 participantes. Este tipo de facilidad tiende a no ser una inversión rentable como proyecto privado, a pesar de que atraería muchos turistas. El Estado, por su lado, no ha mostrado una seria disposición de hacer la inversión de lugar, aunque haya pagado varios estudios al respecto. La Asociacion de Hoteles de Santo Domingo ha propuesto un impuesto de dos dólares por noche de habitación ocupada para ayudar a financiar el centro. Un estudio de ITB Berlin (2008) recomendó el área ocupada por el Hospital Robert Reid, lo cual haría posible reubicar ese centro a un lugar de la parte alta de la ciudad mas cercano a su clientela. 

Santo Domingo, por otro lado, vería su paisaje urbano realzado si se acomete un plan para rescatar y reutilizar una gran cantidad de edificios abandonados cuya propiedad es mayormente estatal. Entre estos edificios se cuenta el anfiteatro Agua y Luz, en el Centro de los Héroes, el antiguo colegio Maharishi, en el sector de Miramar, la edificación que ocupó el periódico El Siglo, en el Sector de Herrera, el Hotel del Prado del Malecón y el Edificio Machado, en la esquina de las Avenidas Abraham Lincoln y la 27 de febrero. Otra gran y beneficiosa intervención pendiente es la de la calle El Conde de la Ciudad Colonial, para lo cual se ha propuesto concentrar en ella todos los museos, discotecas y otros sitios de diversión.  Varios arquitectos destacados han propuesto realizar un inventario exhaustivo de posibles proyectos de este tipo y emprender un plan al respecto.

Conclusión

Lo propuesto requiere más gestión que recursos frescos. La voluntad de acometer los trabajos debe obedecer a una firme “voluntad política”, siempre un requisito del desarrollo  ¡Manos a la obra!