Economía

El oro es como un camaleón, que cambia con frecuencia en los mercados


NUEVA YORK, Estados Unidos. El diario The Wall Street Journal publicó el pasado fin de semana un amplio trabajo sobre lo que está ocurriendo con el oro en los mercados internacionales y bursátiles. El metal precioso es lo más indomable que la gente pudiera imaginar. Nada está claro con el oro, todo es complejo y sujeto a cambios.

El trabajo periodístico tiene amplias imágenes sobre el oro en sus diversas formas de procesamiento. Escrito por el periodista Joe Light y publicado el 1 de noviembre por el diario estadounidense, explica que aunque ha perdido brillo, el oro sigue y seguirá siendo un factor importante en los negocios.

Titulado ¿Qué viene ahora para el oro?, el texto periodístico dice que “durante décadas, el comportamiento del oro ha desafiado los intentos de definirlo. A veces, los inversionistas han dicho que lo retienen para protegerse contra la inflación, de una economía pobre y ante un descenso en el dólar estadounidense”.

República Dominicana tiene una de las minas de oro más importantes del mundo, en operación, y su acuerdo con la empresa Barrick Pueblo Viejo fluctúa en las ganancias dependiendo de los precios internacionales del oro.

El trabajo periodístico dice: “Para sus fanáticos, el oro es un superhéroe, como activo de inversión para combatir la inflación, proteger la economía y ante la caída del dólar. Pero, últimamente, no ha sido más que un fiasco”.

Explica que el metal precioso este año está en camino de registrar su primera caída anual desde el 2000. El viernes cerró en US$1,313.10 la onza, un 22% para 2013.

Según el Fondo Monetario Internacional, los bancos centrales del mundo que habían sido hasta hace poco grandes compradores de oro, en el último año han reducido sus compras.

Por lo tanto, ¿deben los inversionistas botar el oro en el basurero?

Una pequeña asignación de oro no va a liquidar la cartera de un inversionista, pero los expertos dicen que se debería pensar dos veces antes de recostarse mucho en él para protegerse de la inflación, un colapso económico o cualquier otro temor concreto. Los objetivos más explícitos de los inversionistas en oro pueden lograrse con otras clases de activos, potencialmente más baratos.

El rendimiento de otros activos durante la reciente caída del oro sólo hace que la picadura resulte peor. Importanrtes acciones de Estados Unidos han subido en grande en lo que va de año, con el S&P 500 de regreso en un 25%, incluidos los dividendos, hasta el jueves. A las acciones de las pequeñas empresas, según la medición del Russell 2000, les ha ido aún mejor, con un retorno del 31%.

Incluso los bonos de Estados Unidos, que son vulnerables a la amenaza de la subida de las tasas de interés, han perdido sólo un 1,1%, según la medición del Índice de Bonos de EE.UU. Barclays.

Eso ha dejado al oro casi solo en su miseria.

La historia de Joe Light ofrece otros detalles sobre inversionistas interesados en el oro:

John Pierce, de 80 años de edad, jubilado de Haddonfield, Nueva Jersey, compró unos cuantos miles de dólares de monedas de oro American Eagle en noviembre de 2011, con la esperanza de que lo protegerían de la inflación y de posibles interrupciones por las peleas continuas en Washington sobre el techo de la deuda y los recortes de gastos.

El señor Pierce, que ha pertenecido a clubes de inversión de valores durante un cuarto de siglo, nunca antes había invertido en oro.

“Había oído todas las historias sobre cómo el oro se ha incrementado en los últimos diez años”, dice. “Pensé que era el momento de mojarme los pies”.

Desde entonces, la inversión del señor Pierce ha perdido alrededor del 20%.

Sumándose a la angustia, las preocupaciones que llevaron a muchos inversores al oro han sido validadas.

Desde que el señor Pierce compró oro a US$1,700 la onza, el tranque en Washington llevó a severos recortes en el gasto, una debacle de techo de la deuda y un cierre del Gobierno.

En lo único que Pierce se equivocó ‒al igual que muchos de sus colegas inversores‒ fue en cómo iba a reaccionar el oro.

“Parecido a un camaléon”

Durante décadas, el comportamiento del oro ha desafiado los intentos de definirlo. A veces, los inversionistas han dicho que lo retienen para protegerse contra la inflación, de una economía pobre y ante un descenso en el dólar estadounidense.

Dependiendo del período, cada argumento ha sido puesto patas arriba, dice Michael Cuggino, presidente y gerente de cartera de la Permanent Portfolio Family of Funds. El fondo mutual de US$11 mil millones, buque insignia de la compañía, Permanent Portafolio, mantiene un 20% de sus tenencias en oro y cobra los gastos anuales de 0,69%, o US$69 por US$10,000 invertidos.

Por el contrario, el oro parece estar desempeñando papeles diferentes en tiempos distintos, dice Cuggino

En la primera década de 2000 el oro se comportó al igual otras materias primas, como el cobre y el petróleo, y subió en medio de la demanda en rápido aumento de los mercados emergentes, y una debilidad del dólar, entre otros factores. En 2008, el oro constituyó siempre un refugio cuando otros activos de riesgo cayeron en picada. El metal sigue estando arriba en un 68% desde que Lehman Brothers Holdings se derrumbó el 15 de septiembre de ese año.

Ahora ‒dice Cuggino‒ que está funcionando como una protección contra posibles subidas de los tipos de interés, la desaceleración del crecimiento económico y otras incertidumbres.

“El oro es algo así como un camaleón, un activo que los inversores tienden a valorar en función de otra cosa, y es a veces difícil definir lo que es”, dice Cuggino.

Eso es en parte porque no se sabe cómo valorar el oro. A diferencia de las acciones, que tienen dividendos y crecimiento de las ganancias, y los bonos, que pagan intereses, el oro no genera flujos de efectivo.

Eso hace que las cosas brillantes, casi literalmente, sólo valgan lo que pagará el próximo inversor por ellas. Incluso más que las acciones, el precio del oro se mueve por la percepción que tienen de su atractivo los inversionistas, y por su escasez.

La notable carrera del oro desde el cambio de siglo atrajo a un montón de inversionistas conservadores, inversores en activos de inversión que nunca antes lo habían tomado en cuenta. Entre finales del año 2000, cuando el oro cerró a US$272 la onza, y agosto de 2011, el precio del metal precioso aumentó casi siete veces.

Un impulsor: la llegada de los fondos de oro, como SPDR Gold Shares, de State Street Global Advisors', que hizo sudebuten 2004, y de BlackRock, iShares Gold Trust, que se puso en marcha el año siguiente. Los ETF (fondos negociados en el mercado bursátil), que cobran cargos anuales de 0.4% y 0.25%, respectivamente, comercian durante el día como las acciones, lo que hace que sea más fácil para los pequeños inversores entrar y salir del oro de forma rápida y barata.

Desde su presentación, SPDR Gold Shares, el mayor de los dos, ha colectado cerca de US$16 millones, lo que, junto con los aumentos de precios, ha llevado a los activos totales del fondo a cerca de US$37 mil millones, según la firma de investigación IndexUniverse.

El ascenso de oro llevó incluso a los llamados inversores de valor, que por lo general se basan en los fundamentos de ganancias para escoger las acciones, a introducir sus pies en el agua.

En su cartera principal, William Peterson un jubilado de 65 años, profesional de TI, en Phoenix, selecciona valores con base en métricas estándar, tales como la relación precio/ganancia y las proyecciones de crecimiento de las ganancias.

Pero en 2003, cuando la burbuja terminó de desinflarse, él y su esposa compraron más de US$1,000 en monedas de oro de colección.

“El precio estaba subiendo con relativa rapidez, por lo que pensamos que deberíamos estar en esa área”, dice. “Me sentí como si me estuviera protegiendo de otra caída en las acciones”.

Los administradores de activos también subieron a bordo.

En sus 22 años de historia, Leuthold Weeden Capital Management, en Mineápolis, nunca había tenido al oro en un fondo mutual o en una cuenta aparte. Pero después de una carrera de una década que vio subir el precio del oro a más del triple, hasta cerca de Los US$900, la empresa decidió trabajar con el activo de inversión en su mezcla tradicional de acciones y bonos.

Algunos clientes se sintieron aliviados.

“Teníamos una una base de clientes que parecía decir: ‘Estos chicos finalmente lo están logrando’”, dice Doug Ramsey, jefe de inversiones de Leuthold, que administra US$1,6 mil millones.

La empresa ha dado marcha atrás desde entonces. En un momento dado, tenía hasta un 7% de sus carteras típicas de oro, pero ahora su asignación no es más que 1%.

Los administradores de dinero profesionales no están de acuerdo sobre la causa de la reciente caída del oro.

Eric Sprott, director general de Sprott Asset Management, con base en Toronto, dice que el precio del oro ha caído recientemente porque estadísticas defectuosas registran menos demanda y sobrestiman la oferta.

En octubre, escribió una carta abierta a un grupo de la industria, para pedirles que cambiaran la forma en que calculan la oferta y la demanda de oro de una manera que el metal pareciera un producto básico más caliente.

“Esta falta de información de calidad ha sido, sin duda, uno de los factores que impulsan la falta de confianza de los inversores en el oro como una inversión”, escribió.

En una entrevista, Sprott calificó la caída reciente del precio de “rarísima”.

Protección contra la inflación

Dos de las razones más citadas para poseer oro son protegerse contra la inflación y protegerse contra la caída en picado de las acciones.

La primera, la inflación, se ha rumoreado durante años. Pero hasta ahora no ha llegado

El miércoles, el Departamento de Trabajo dijo que los precios subieron sólo un 1.2% en el año finalizado en septiembre.

Pero incluso si un inversor está preocupado por la inflación futura, podría ser mejor servido en otro sitio.

De hecho, aun durante largos períodos, el oro no ha logrado mantener el ritmo de los precios.

Veamos los años 1980 y 1990: En esas dos décadas, el precio del oro cayó desde alrededor de US$533 la onza a US$289, de acuerdo con SIX Financial, aun cuando los precios globales más que se duplicaron. Incluso ahora, el oro está aún por debajo de su pico de 1980, ajustado por inflación, de más de US$2,300.

“Es una de esas cosas que tiene sentido intuitivo, pero que resulta no ser cierta”, dice William Bernstein, un gerente de inversiones de Efficient Frontier Advisors, en Eastford, Connecticut.

El oro comprado en otras ocasiones ha hecho a veces un mejor trabajo para mantenerse al día con los precios. Pero si el objetivo real es protegerse de la inflación, hay otras opciones que abordan el problema de manera mucho más directa, dice Bernstein.

Por ejemplo, los títulos del Tesoro a 10 años protegidos contra la inflación (TIPS) ‒que son los bonos del Tesoro, cuyo principal sube y baja con los precios‒ están de vuelta en terreno positivo, después de pasar algún tiempo entregando resultados negativos después de la inflación. Los TIPS rinden actualmente 0.31% anual después de la inflación.

Los pequeños inversores que no quieren exponerse al riesgo del tipo de interés pueden mirar hacia I-Savings Bonds, que se vende en TreasuryDirect.gov, y que en este momento están pagando un interés igual a la tasa de inflación, más una pequeña tasa fija. Estos bonos pueden ser redimidos, con una pequeña penalización, después de sólo un año, pero tienen un límite muy bajo de compra anual de US$10,000 por inversor.

Aunque pueden pasar por tramos de descenso, las acciones realmente han hecho un buen trabajo superando a la inflación con el tiempo. Mientras que la inflación se ha mantenido en un 3% al año entre 1926 y 2012, las grandes acciones de Estados Unidos crecieron en cerca de 9.8% al año, según Ibbotson Associates.

Sin duda, las acciones son más volátiles que los TIPS y los I-bonos, pero en los últimos cinco años, el S&P 500 ha sido menos volátil que el SPDR Gold Shares, según Morningstar.

Cobertur a las acciones

Otro papel frecuentemente citado del oro ‒como cobertura contra la caída de los precios de las acciones‒ tiene un poco más de peso, por lo menos cuando los mercados caen abruptamente. De acuerdo con un análisis de Leuthold, entre 2006 y 2012, cuando el S&P 500 cayó un 1% o más, el oro tendió a aumentar rápidamente.

Esa es una razón por la cual Charles de Vaulx, presidente de inversiones y administrador de cartera de Intrernational Value Advisers, mantiene una pequeña asignación de 3.25% del metal en el Fondo Mundial IVA de US$9,5 mil millones. Si las acciones tienen buen rendimiento y el oro baja, la reducida posición no tendrá un gran impacto en su fondo. Pero si las acciones caen en picada, el oro tiene la oportunidad de duplicarse o triplicarse, lo que podría compensar las pérdidas significativas, dice.

“En el contexto de una cartera, es algo que puede aumentar mucho cuando el resto de la cartera cae es algo maravilloso”, dice, añadiendo que cree que el oro también puede proteger contra la degradación de la moneda y la deflación. Las acciones A del fondo IVA cobran cuotas anuales de 1.28%.

Pero los expertos advierten que los inversores no deben exagerar. De Vaulx, por ejemplo, considera al oro como una pequeña parte de su posición de efectivo, para defenderse de los descensos bursátiles.

Siguiendo este enfoque, un inversor con una asignación de 60% en acciones y el 30% en bonos tendría sólo el último 10% del dinero con el cual hacer una asignación en oro.

El uno por ciento, la asignación actual de Leuthold al oro, “no es una gran diversificación de la cartera”, dice Ramsey. “Una asignación de cero probablemente no sea muy diferente”.

En cambio, si un inversor teme una fuerte caída del mercado, hay otras opciones además de los obvios bonos y dinero en efectivo. Se puede establecer una orden “stop loss” para vender acciones cuando caen por una cantidad fija, digamos 10%, dice Chris Cook, presidente de Zero Commission Porfotlios, que administra US$450 millones.

Eso limita las pérdidas sin depender del oro para comportarse como se esperaba, dice.

“El oro tiene un trastorno de la personalidad. No sabes lo que vas a conseguir”, dice Cook. “Eso crea un problema para cualquiera que trate de usarlo”.

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