SANTIAGO,  República Dominicana (Xavier Pires/Forbes/Servicio Especial para Acento.com.do).-No hay cosa peor que llegar tarde a una primera cita. Y eso fue lo que nos sucedió el día que entrevistamos y fotografiamos al presidente del Grupo M. Previamente habíamos quedado con Cruz Milagros Hidalgo, secretaria de Fernando Capellán, que llegaríamos a sus instalaciones de la Zona Franca de Santiago de los Caballeros a las 11 de la mañana. Después de un accidentado viaje con gomas pinchadas de por medio, hicimos presencia una hora después de la pautada. ¡Qué vergüenza! Justo antes de entrar a la imponente oficina del exitoso empresario, en nuestra mente apareció la cara del señor Capellán molesto, incluso con ganas de suspender la cita. Pero no fue así…

Fernando Aníbal Capellán Peralta nos recibió con una gran sonrisa y un apretón de manos. Este antiguo piloto de aviación e ingeniero industrial entiende que los planes no siempre salen como están previstos. Eso nos tranquiliza. Nos sentamos e iniciamos la entrevista.

El dueño de Grupo M es un revolucionario en el sector textil de República Dominicana y Haití. La compañía caracterizada desde sus inicios como innovadora al implantar avanzadas tecnologías de producción y modernos sistemas de administración de recursos humanos, ha mantenido su liderazgo en la siempre difícil industria textil de nuestro país y la región del Caribe. Sus inquietudes trascienden fronteras, siendo el primer inversionista dominicano que se radica en la República de Haití, instalando el parque industrial Codevi para la operación de empresas manufactureras.

Negociador incansable ante las entidades gubernamentales nacionales y extranjeras, es uno de los líderes que contribuyen a minimizar la inmigración haitiana a nuestro país. Con el paso de los años también ha incursionado en otros sectores como bienes raíces, además de formar parte del consejo directivo del Hospital Metropolitano de Santiago y del Aeropuerto Internacional del Cibao, entre otras compañías. Asimismo, es miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de la Empresa Privada (conep) y dirige a nivel nacional la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD).

Para Fernando Capellán, 1986 fue muy importante. Ese año fundó Grupo M. “Iniciamos operaciones en nuestra primera empresa el 2 de junio, por lo que recientemente cumplimos 28 años. Casi una vida entera con múltiples experiencias, pensando en relanzarla por los próximos 100 años”, comenta con cara de orgullo y satisfacción.

No es de extrañar. La compañía se creó gracias a un préstamo de RD$400,000, “de aquella época”, junto con sus ahorros y apoyo familiar. “Tengo muy presente ese número del préstamo, ya que es difícil que un joven de 22 años consiga una ayuda empresarial semejante a una sola firma. Me pregunto al día de hoy, ¿Cuántos bancos estarían dispuestos a otorgar una cantidad de esa misma proporción a un joven que vaya a sus oficinas? Ese es un gran reto que tiene nuestro país, dar oportunidad a futuros empresarios”.

Evidentemente, en estos casi 30 años su modelo de gestión empresarial ha cambiado mucho: “Comenzamos con fábricas que lo que realizaban, única y exclusivamente, eran ensamblajes. Posteriormente pasamos a los sistemas modulares, para dar paso hoy en día a la tecnología con sistemas de gestión mucho más sofisticados y programas de planeamiento”.

Fernando Capellán también destaca la importancia del lean manufacturing, un modelo de producción enfocado a la creación de flujo para poder entregar el máximo valor para los clientes, utilizando para ello los mínimos recursos necesarios. “La única razón de ser de nuestra empresa es poder brindar un excelente servicio a nuestros clientes y esto solo sucede en una manufactura sin desperdicios”, afirma el empresario.

Fernando Capellán ante la Cámara Americana de Comercio.
Fernando Capellán ante la Cámara Americana de Comercio.

Grupo M exporta el material producido “principalmente a Estados Unidos, y aunque con algunas marcas ya lo estamos haciendo globalmente, 90% de la producción se coloca en el país norteamericano”, aclara Capellán. De igual manera, existen acercamientos con empresas europeas, “pero detalles como la alta demanda que nos llega de Norteamérica, un mercado muy cercano que lo tenemos a dos días y medio por barco, nos hacen seguir esforzándonos enfocados hacia ese país”. Cabe destacar que todo lo producido en Haití y que se distribuya en Estados Unidos y Europa no carga con impuestos, lo que es una ventaja arancelaria importante.

Un ejemplo de cooperación

En 2002 inició operaciones Codevi (Compañía Industrial de Desarrollo, en francés). Fernando Capellán estaba claro desde que fijó sus ojos en el país vecino. “La empresa se creó al ver las grandes posibilidades que tiene Haití de conseguir tratados especiales como la legislación HELP, donde puede utilizarse materia prima de cualquier parte del mundo y llegar a Estados Unidos sin impuestos”.

Trabajadores haitianos en fábrica de Codevi, en Ouanaminthe, Haití.
Trabajadores haitianos en fábrica de Codevi, en Ouanaminthe, Haití.

Además, la pérdida de competitividad que había en República Dominicana, así como la amenaza real con la apertura de China en 2005, tuvieron que ver con ese movimiento. “Fue importante en nuestra compañía para poder balancear los costos y seguir compitiendo con los mismos clientes que teníamos en nuestro país, pero en Haití. Además de contar con la ventaja del modelo de coproducción, donde parte de los procesos se hacen en República Dominicana y la otra parte en el vecino país, como es el caso del ensamblaje”.

Las instalaciones de Codevi en Haití (Ouanaminthe) cuentan con grandes beneficios para sus empleados, como servicio de salud completo con ambulancia incluida, incluso una emisora de radio y una estación de televisión para mantener a la población informada en temas de salud, seguridad, derechos laborales, de actualidad y entretenimiento.

“La compañía, a través de los años, ha estado llevando al pie de la letra la responsabilidad social en la comunidad donde se desempeña. Aquí en Santiago hemos realizado buenos ejemplos como los que tenemos en Haití. En el caso de Codevi tenemos que tratarlo de forma diferente por el tipo de empresa que es, ya que cuenta con mucho más personal y una serie de condiciones que no existen en la ciudad corazón”, afirma Capellán.

El empresario hace énfasis en que su meta es la formación de personal y la creación de empleos, algo que considera una necesidad urgente del país para invertir la relación informalidad-formalidad. De ahí que se encuentre en proceso de construcción un miniparque en el área donde están los comedores y el centro de cuidado infantil, entre otras instalaciones, además de la ampliación del Politécnico donde se capacita al personal.

La mitad de los 350,000 metros cuadrados que pertenecen al grupo en Ouanaminthe están edificados. Fernando Capellán destaca que “el nivel de integración de Codevi con esa ciudad es muy importante, porque nosotros impactamos en 35% de la población. Eso crea una sinergia y una dinámica a la gente de la zona, que pueden beneficiarse de pequeños talleres, comercios, bancos, compañías de teléfono… Todo lo que genera el hecho de tener a 7,000 personas cobrando semanalmente un salario”. Para realizar este modelo de trabajo, Grupo M realiza diferentes visitas a otros países para aprender de sus competidores, así como ellos visitan sus instalaciones. “Nosotros tomamos ideas y las adaptamos a nuestra realidad”, resalta Capellán.

Actualmente sus empresas ofrecen empleo a 3,600 trabajadores en República Dominicana y 7,000 de Haití. En los dos años próximos Codevi proyecta incrementar el número de empleos en Haití, “lo que aumentará en República Dominicana otros 1,300, porque de cada tres empleados en Codevi se genera uno en nuestro país”, confirma el líder del Grupo M. Para cumplir con esa meta, la compañía está creando las bases para seguir creciendo en Haití y reforzar la construcción de nuevas naves.”

"En nuestro país está todo lo que es desarrollo de productos, patrones, fabricación de la tela, diseño y merchandising. Posteriormente a su ensamblaje en Haití, vuelven los jeans y demás artículos a República Dominicana para despacharlos por Puerto Plata”.

Preparando el camino al relevo

El visionario fundador del Grupo M se ha dejado acompañar durante toda esta “travesía” laboral de compañeros universitarios que apostaron por el proyecto, así como de su familia, sobre todo de su hermana Mercedes Carmen Capellán, quien ha sido pilar en diversas áreas del negocio y comienza a dar soporte a la segunda generación, que ya se integra de manera activa a laborar en la empresa.

Mercedes Capellán y Fernando Capellán.
Mercedes Capellán y Fernando Capellán.

Los hijos de Fernando iniciaron, después de varios años de inducción y entrenamiento, en áreas como Compras y Gerencia del Hotel Villas Codevi a cargo de Mónica; mientras Alexandra se inclina por el área de finanzas, asumiendo el manejo de la Tesorería, y Aníbal desarrollando el departamento de Sostenibilidad. Precisamente esta última división es una de las más importantes para la empresa, ya que durante muchos años los conceptos moda y sostenibilidad no han sido una combinación atractiva. El uso de tintes que dañan el ecosistema, así como el impacto ambiental que genera la industria textil, son losas que pesan en cuanto a la responsabilidad social.

“Desde hace dos años tenemos el departamento de Sostenibilidad con un personal dedicado a contribuir y mejorar el medio ambiente. Este aspecto nos hace ser más rentables ya que muchos de esos proyectos mejoran nuestra eficiencia energética, entre otras cosas. El departamento es sumamente importante, no solo por sostenibilidad sino que me gustaría agregar transparencia de cara a nuestros clientes”.

Junto a todos ellos, Fernando Capellán busca solidificar más la empresa, ofrecer una mayor diversidad de productos, mantener la vanguardia en cuanto a la confección de prendas específicas (como pantalones jeans) y seguir con el impulso de tendencias. “Grupo M tiene un laboratorio de diseño propio en el que desarrollamos diferentes modelos en cuanto a pantalones”, asegura Capellán.

“Por otro lado, a medida que la tecnología vaya avanzando, tendremos que irnos adaptando a esos modelos y hacer cosas que nunca se nos habrían pasado por la mente. Por ejemplo, hasta hace poco las cantidades que podíamos producir eran corridas largas, que cada vez se hacen más cortas. Igualmente se hacen más repeticiones de las órdenes. Antes nos encargaban pedidos con seis meses de antelación, ahora no sabemos qué vamos a producir en los próximos tres meses”.

Mucho trabajo por hacer

Para el dirigente de Grupo M, República Dominicana debería saber aprovechar la gran oportunidad en la que se encuentra en estos momentos.

“Los fenómenos de China e India, entre otros países asiáticos, nos abren grandes posibilidades porque ellos producen, sobre todo, para sí mismos. Este hecho nos deja con vía libre para el mercado que podemos servir, es decir, el americano. Nuestro país tiene una gran oportunidad, así como Haití, de crear muchos empleos, no solo en la manufactura textil, sino en toda la manufactura ligera, que es donde nuestro personal está preparado para trabajar”, enfatiza.

La ropa requiere un proceso de producción y logística particularmente retador. La manufactura se concentra en grandes centros de producción si se quiere desplegar la misma prenda, la misma moda, la misma tendencia en todo el mundo. Pero, ¿qué tienen de especial República Dominicana y Haití que no tengan Brasil, Bangladesh, Camboya, Sri Lanka o Vietnam, en cuanto a la industria textil?

“Nosotros tenemos una gran ventaja: la localización geográfica. Aparte de eso tenemos los tratados de libre comercio, DR-CAFTAde nuestro país y Help de Haití”, comenta Capellán. Pero también existe un problema en términos de competitividad, razón por la cual en 2005 Grupo M perdiera una gran cantidad de empleos.

“En esa ocasión, cuando el dólar se había estabilizado a RD$42, hubo una bajada a RD$28, lo que hizo que fuera devastador para todo el sector exportador, algo que podemos comprobar hoy con el déficit de la balanza comercial que tiene el país”.