El modelo económico, social y también moral que nos ha conducido en los últimos 20 años, caracterizado sobre todo, por un excesivo predominio del presente y un desdeño absoluto del porvenir nos remite a la necesidad imperiosa del diseño de un nuevo modelo que tenga como sustento la construcción de un futuro que abarque el mismo presente. En este trabajo nos ceñimos en esbozar los elementos constitutivos del modelo imperante que a toda prueba ha fracasado.
Para describir con propiedad la situación actual en que vivimos es necesario remitirnos al proceso que se inició después de la muerte de Trujillo, porque, sin añorarlo, el modelo que se implementó a partir de ese evento histórico, funcionó y en cierto modo posibilitó que el país progresara adecuadamente.
Características del modelo precedente al actual
- Burocracia gubernamental limitada.
- Ahorro público y privado alto.Inversión estatal elevada.
- Mínimo de endeudamiento externo.Consumo privado relativamente frugal.
- Fuerte apoyo a la producción de bienes y servicios.
- Incentivo, al turismo, la industria, zonas francas y la agropecuaria
Como se puede apreciar, sin descuidar el presente, este modelo tenía como objetivo básico preservar el futuro. Conciencia esta que se evidencia en este hecho: El liderazgo político intermedio, que tenía lazos íntimos y vínculos emocionales fuertes con el sector productivo, contribuyó, decididamente, a crear y sostener a este modelo, el que se fue perdiendo paulatinamente en los subsiguientes veinte y cinco años. Siendo sustituido por otro que ha mantenido la supuesta estabilidad macroeconómica y la economía creciendo bajo un modelo exitoso a corto y mediano plazo, aunque con un alto contenido de desigualdad y exclusión social, y a costa de un masivo endeudamiento externo que reduce, inexorablemente, si no se hacen cambios drásticos, las posibilidades en el futuro de un crecimiento económico con equidad.
El modelo actual
El actual modelo, dominante en los últimos veinte años, se caracteriza, fundamentalmente, por la hegemonía de la urgencia que se manifiesta en alto consumo, toma de medidas a corto plazo y desdeño del futuro. Lo que se traduce en una falta de estabilidad institucional, falta de confianza económica, en una injusta distribución de los bienes y las riquezas, en un descuido dramático del medio ambiente y los recursos naturales y en una inestabilidad general que imposibilita el mantenimiento de un estado de paz y sosiego, necesario para alcanzar un país con desarrollo y bienestar colectivo.
Consecuencias
- Predominio de una gerencia de la economía y de la sociedad en la que prevalecen soluciones a corto plazo con bajo nivel de transparencia institucional.
- Aumento dramático de la burocracia estatal -Gobierno Central, Ayuntamientos, Congreso con una vigencia de un clientelismo desbordado.
- Aumento de una competencia imperfecta donde las relaciones informales de distintos sectores con el sector público prevalecen a las condiciones naturales del mercado.
- Extraordinario consumo privado, especialmente el ostentoso.
- Penalización de los préstamos destinados a la producción.
- Aumento desproporcionado de la deuda pública interna y externa. Esta deuda, excluyendo la del Banco Central, ha pasado de 7,800 millones de dólares y pesos dólares en el 2005 a 24 mil millones de dólares y pesos dólares en el 2012. Este aumento del endeudamiento público ha sido posible por un hecho poco conocido: el legado de la frugalidad de las tres generaciones que vivieron en el período del 1930 al 2000. Esas generaciones solo endeudaron al país en 3,700 millones de dólares en 70 años y nos dejaron una extraordinaria herencia: una capacidad de endeudamiento de 20,000 millones de dólares, la que bien pudo ser dirigida, pero no se hizo, hacia la producción.
- El gigantismo geográfico de la ciudad capital fue acelerado por este modelo convirtiéndose en uno de los principales escollos que impide un desarrollo sostenido y armónico en el país, creando abismales diferencias económicas y sociales entre los pueblos del interior y la capital.
- El desplome del empleo y el salario real de la población ha facilitado el aumento exponencial de la criminalidad.
- Uno de los factores más negativos y grave para nuestra competitividad: la deficiencia del sector eléctrico.
- Salarios vergonzosos en distintos departamentos del Estado, a veces dos veces más alto que el Presidente Obama, que rey de España y del Director General de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) Ben Bernanke.
El amable lector, con legítimos derechos, puede preguntarse: ¿Pero el país ha funcionado con ese modelo? Respondemos: sí, pero a costa de la depresión de la producción, de bajos salarios, de falta de competitividad, deterioro de la educación, la salud y debido a la destrucción, en gastos corrientes y consumo, de la herencia que tanto años le costó acumular a las generaciones anteriores, cuando se debió utilizar para el desarrollo económico y social.
El deber ineludible del gobierno que se inicia, conjuntamente con todos los sectores del país, es revertir el modelo vigente: imponer un modelo productivo que genere un progreso económico y social, un bienestar colectivo con igualdad, que garantice la paz.