Washington, 22 ene (EFE).- El cierre parcial de la Administración federal ante la incapacidad del Congreso de alcanzar un acuerdo presupuestario es una crisis creada por Washington, y como tal, son los ciudadanos de la capital de EE.UU. quienes más la sufren.

Esta mañana, los funcionarios federales acudieron a sus puestos de trabajo para conocer si son considerados "empleados esenciales" y, en caso contrario, entregar sus dispositivos móviles y enviar los correos electrónicos informando sobre la suspensión temporal de las actividades.

De los 3,5 millones de empleados públicos, unos 850.000 se quedarán en casa suspendidos de sueldo hasta que el Congreso alcance un acuerdo.

Un lugar donde están sobrerrepresentados es, obviamente, la capital estadounidense.

En el área de Washington viven cerca de 360.000 funcionarios públicos y otros 450.000 contratistas federales, lo que supone casi un tercio del total de la fuerza laboral en el área de la capital, que engloba al Distrito de Columbia y parte de Maryland y Virginia, según datos de la Universidad George Mason.

Se calcula que cerca de 117.000 funcionarios se ven afectados por este cierre, con el consiguiente impacto.

"Es difícil encontrar una región económica en el país donde una empresa represente entre el 25 % y el 30 % del PIB local", explicó Stephen Fuller, economista del Instituto de Investigación sobre el Futuro Económico de la Región de Washington en un reporte.

Las cifras, no obstante, difieren en función de la agencia: el Departamento de Seguridad Nacional considera casi al 90 % de sus 230.000 empleados como esenciales, mientras que en el Departamento de Transporte el porcentaje es algo más del 60 % de sus 55.000 empleados.

Frente a esto, en el de Comercio solo el 13 % de sus 50.000 empleados siguen operativos, y en el de Interior el 24 % de los 75.000 que conforman su plantilla trabajan.

Los empleados quedan suspendidos de sueldo hasta que concluya el parón de la Administración, y es el Congreso el que decidirá si se les paga de manera retroactiva, algo que sí se hizo en el último caso similar, en 2013, pero no cuentan con garantías.

Entonces, la suspensión de operaciones duró 16 días, y supuso 2 billones de dólares en pagos retroactivos para el conjunto de la plantilla federal.

Fuller subrayó que si bien los empleados federales posiblemente recuperen sus salarios, lo cierto es que numerosos negocios que dependen del Gobierno federal no cuentan con esa cobertura, por lo que se verán más afectados.

En conjunto, cerca de 200 millones de dólares al día se perderán en la región a medida que avance el parón.

El nuevo cierre comenzó el sábado, y durante el fin de semana varias instalaciones federales mostraban carteles en los que explicaban que las puertas permanecerían cerradas por ello.

Los museos de la explanada central de la ciudad, que gestiona la Institución Smithsonian, incluidos los populares del Aire y el Espacio o la Galería Nacional de Arte, anunciaron en un comunicado que contaban con fondos para mantener las operaciones hasta hoy.

Sin embargo, la mayor parte de los efectos del cierre empezarán a ser más visibles a partir de hoy lunes, el primer día laborable.

"Aunque la región de Washington está progresando a la hora de diversificar su economía, sigue siendo una ciudad de una empresa y cuando esta empresa para sus operaciones, los efectos pueden ser de amplio alcance", subrayó Fuller. EFE