Contra el tiempo: Los rostros anónimos que luchan contra la insuficiencia renal crónica

 

 

Por Samuel Tapia | Nuria es de las pacientes que reciben hemodiálisis que se encuentran en mejores condiciones, según dice, a pesar de estar de emergencia para trasplante.

Tres veces a la semana, durante cuatro horas cada vez, debe someter su cuerpo al infinitamente agotador proceso de filtrar su sangre mecánicamente a través de un riñón artificial para eliminar las toxinas y líquido extra de su sangre.

Pero Nuria lo hace en el anonimato, sumergida entre decenas de rostros, que como el suyo, son ignorados por la sociedad y en gran medida por las autoridades.

“Yo no me puedo mover. El paciente renal no puede salir a decir ‘estoy aquí’”, cuenta Nuria Molano, quien lleva siete años luchando por su vida a la espera de un trasplante de riñón.

Con mucha tranquilidad y voz serena, explica que previo al diagnóstico de síndrome nefrótico en 2005 y posteriormente, de insuficiencia renal crónica en 2010, su conocimiento sobre el padecimiento era nulo. Sostiene puede ser el caso de un número extraordinariamente elevado de la población dominicana.

A veces la gente me ve en la calle con las cicatrices y me preguntan, y yo les digo ‘un accidente’, porque por más que les explicas no saben”

El desconocimiento ante los problemas renales queda evidenciado en la cantidad de personas que año tras año es diagnosticada con enfermedades relacionadas: entre 170 a 200 personas anualmente. Una cifra que podría incrementarse de forma exponencial, dado que según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de los más de 7.000 enfermos renales crónicos (ERC) en estadio V que debería tener el país, apenas se ha registrado la tercera parte, lo que equivale a unos 2.500 pacientes.

“A veces la gente me ve en la calle con las cicatrices y me preguntan, y yo les digo ‘un accidente’, porque por más que les explicas no saben. La respuesta es larga y no todo el mundo está dispuesto a escucharla”, afirma con preocupación y resignación en la voz.

 

 

 

Para trasplantarme, la cantidad de analíticas y de estudios que he tenido que hacerme… el dinero que he gastado, no es ni uno ni dos pesos, y para yo usar los órganos de esa persona, también hay que analizarla”

Pero a eso se le suma la desinformación que circula en la media isla y que en los medios de comunicación llega a ocupar las primeras planas.

Tal es el caso de la desaparición y posterior hallazgo de Carla Massiel Cabrera Reyes, de nueve años. Si el rapto de la niña, quien desapareció el 25 de junio de 2015 en el sector Los García, de Pedro Brand, causó conmoción en los medios, fue el hallazgo de su osamenta el 16 agosto de 2016lo que se adquirió un nivel de virulencia que resultaría ser catastrófico para la donación de órganos, una situación de la cual el sector salud, más de un año después, no se ha recuperado.

Por el caso, fueron acusados Juan Cabral Martínez, alias Chuti, y Dawin Trinidad Infante, quien supuestamente confesó y llevó a los investigadores al lugar dónde estaba enterrado el cadáver, en el kilómetro 23 de la autopista Duarte, muy cerca de la vivienda de Diolandita Cabrera y Manuel Reyes, madre y padrastro de la niña.

Según las informaciones publicadas al momento de ser encontrado el cuerpo de Cabrera Reyes, Trinidad – quien se encontraba detenido en la prisión La Victoria por intento de agresión sexual contra dos hermanas de 5 y 6 años, en un hecho ocurrido 28 días después de la desaparición de Carla – habría afirmado que el caso estaba vinculado al tráfico de órganos, aunque este dato surgió luego del hallazgo del cadáver y de que se diera a conocer a través de los medios de que esa habría sido la causa del secuestro y muerte de la niña.

Dawin Trinidad Infante, además de sus afirmaciones sobre el supuesto tráfico de órganos, señaló a al propietario de la Clínica Integral, en Santo Domingo Este, Hipólito Santana, junto a su hija Liliana Santana como los autores intelectuales del rapto y muerte de Carla Massiel.

Sin embargo, durante el proceso de investigación, las autoridades no han podido confirmar la versión, y la Fiscalía dejó fuera del expediente a los familiares del doctor Santana, quien murió dos meses después de la desaparición de la niña.

Ante todo esto, diversas entidades en el país, entre ellas el Instituto de Coordinación de Trasplante (Incort), rechaza las posibilidades de que el secuestro y asesinato de la menor haya tenido como trasfondo la trata de órganos.

Pero el daño estaba hecho: las donaciones de órganos bajaron a cero entre agosto y diciembre de 2016, período en el cual fue encontrado el cadáver de la niña de nueve años y la supuesta mafia del contrabando de órganos copó los medios. El daño se extendió al 2017. En el primer semestre de ese año también hubo una disminución en el número de donantes de órganos: 7 frente a 9 del año 2016.

Nuria se une a la voz de quienes refutan la versión del tráfico de órganos. Su larga lucha contra la insuficiencia renal, y la rigurosidad para llevar a cabo un trasplante, hacen que ponga en duda la posibilidad del caso.

“Para trasplantarme, la cantidad de analíticas y de estudios que he tenido que hacerme… el dinero que he gastado, no es ni uno ni dos pesos, y para yo usar los órganos de esa persona, también hay que analizarla”, asegura, a la vez de criticar la falta de interés del Estado por aclarar esa situación.

 

 

“MÁS QUE EL DENGUE”

 

Nuria enfila la mirada hacia sus manos que descansan sobre sus piernas al enlazar los dedos, los cuales, asegura, son insuficientes para contar los compañeros con insuficiencia renal crónica que han fallecido mientras aguardan por un trasplante, mas sus historias son desconocidas.

Critica que en el país se hacen ingentes esfuerzos por concienciar y combatir otros problemas, descuidando el de los pacientes que esperan salvar sus vidas a través de la donación de órganos y tejidos.

La tasa de muertes en República Dominicana por enfermedad orgánica terminal – renal, hepática, cardíaca, entre otros – es terriblemente alta. Según Fernando Morales Billini, director del Incort, por cada persona que fallece sin donar sus órganos tres pacientes mueren. Se estima que en el 2017 los decesos por falta de un trasplante superó las muertes por dengue (24 fallecimientos con sospecha de enfermedad, de los cuales seis fueron descartados y solo uno fue confirmado); cólera (cuatro fallecimientos); malaria (una persona); y leptospirosis (72 defunciones, debido principalmente a la incidencia de dos fenómenos meteorológicos que trajeron consigo inundaciones en zonas vulnerables).

Pese a esto, los pacientes con insuficiencia orgánica terminal son personas casi desconocidas. Nuria Molano inhala y lamenta que los pacientes parecen no tener dolientes.

Todavía, gracias a Dios, no le ha tocado a ningún hijo de un funcionario o a ningún funcionario pasar por estas aguas, porque de verdad que nosotros no somos conocidos…”.

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