CRÓNICAS DE LA BOHEMIA

Yura & Elizabeth

A todo lo largo del confinamiento hizo falta sentarse en el portal de la Casa de Yura y degustar las conversaciones y desvaríos de los amigos

Por José Arias


Le debía esto a Yura y a Elizabeth. A veces me quillo con ambos, pero eso pasa entre los amigos. Los mejores quipes, empanadas y pastelitos de la ciudad los tiene Yura, ná que ná.

A eso se le agrega el mejor canal de Jazz (ahora no recuerdo el nombre). Ahhh, y el inigualable sancocho de los domingos rayando el mediodía, la joya de la corona. Otra vez utilizando lugares comunes, José Arias, ¡carajo!

A todo lo largo del confinamiento hizo falta sentarse en el portal de la Casa de Yura y degustar las conversaciones y desvaríos de los amigos con inquietudes en el arte y la cultura local e internacional sobre todo la local con algún desliz de radio bemba entre set y set.

Algunos comentaban lo último que trajo el barco en materia de cooperantes casi siempre cooperantas parodiando el modo todes.

 Yura y a Elizabeth.
Yura y a Elizabeth.

Lo primero es que el bar es una mezcla de ambiente familiar barnizado con una irreverencia sutil monitoreada por Yura a quien no se le escapa una. Su repertorio de picaderas es un agradable snack bar (búsquenlo en Google) para acompañar a los bebestibles.

El bar es primo hermano lejano del mítico Drake´s Pub y pariente cercano del Soho´s Bar y del ProudMary (el bar de la inolvidable María). Yura, quizás sin quererlo, mantiene la tradición de autenticidad y pluralidad de aquellos lugares outsider ahora con menos estridencias.

Esto no es un anuncio, pero se le parece “que no es lo mismo, pero es igual”. La pandemia quebró muchos negocios de esta naturaleza y a otros de corpulencias más robustas. Menos a Yura que se mantuvo navegando con malos vientos como buen timonel.

Recuerdo algunas tardes con la Rosita y la Eva montando bicicleta con un trulla de niños detrás de ellas Mientras tanto los adultos contertulios disfrutábamos el trago sentados en la “terraza” limitada por la señora de al lado que con el guardián de su gato super gordo vigila que nadie se pase de la raya. Una escena bucólica, de pueblo pequeño.

Ojalá que Yura no se quille si lee esto. Se ha escrito con cariño, Alexander Buonpensiere. Saludos a Elizabeth y a las niñas

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