SANTO DOMINGO, República Dominicana.- “Yo le diría a los que no creen en esto, que por lo menos respeten nuestras creencias. Los luas son los que me protegen y me cuidan, en esto creo” dice Bleo, líder del gagá de San Luis, Distrito Municipal al este de la capital dominicana, sobre las críticas de personas que atacan al vudú y le señalan como una práctica lasciva.

Después de varios siglos de que el vudú se practica en la isla de Santo Domingo, los vuduístas aún tienen que esconder sus prácticas religiosas por miedo a la discriminación.

Para los haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana que viven en la República Dominicana, el prejuicio que evidentemente existe sobre sus prácticas culturales, les dificulta la integración en la sociedad, aumentando las posibilidades de perpetuar su condición de excluidos.

Blas Sánchez, conocido en su comunidad como Bleo, se siente orgulloso de dirigir uno de los gagás más numerosos y conocidos del país. En cada época de Semana Santa, él y su grupo integrado por decenas de jóvenes, son esperados en diversas comunidades de la Región Este. “En todos esos bateyes nos espera, porque es muy popular este Gagá de San Luis”, dice Bleo, con satisfacción.

Gagá: baile, música y diálogo cultural

A pesar de que muchas personas les esperan en sus parajes, con ansias para unirse a la procesión del gagá, también hay autoridades locales y personas de las comunidades que están en contra de esta práctica.

“Recuerdo que al gagá de La Cejas (un batey de La Altagracia), en varias ocasiones ha sido impedido de entrar a La Romana por el alcalde de esa ciudad”, dice Roldán Mármol, conocido sociólogo, gestor cultural y productor musical.

La popularidad del gagá; con su música, baile y rituales, es producto de la dinámica económica y cultural de los bateyes. El gagá está circunscrito a las ceremonias del vudú haitiano.

El término “gagá” procede de la corruptela castellanizada del creolé “rará”. Esta práctica lúdica y religiosa de la Semana Santa es tradición del Departamento L’Artibonite en Haití. Parecido a una comparsa carnavalesca desfila por las calles y caminos vecinales de paraje en paraje reclutando músicos y bailarines. Los instrumentos utilizados en la música gagá son tambores, fututos (trompeta de bambú), pitos y caracoles.

Roldán, que ha dedicado gran parte de su ejercicio profesional a incentivar la interculturalidad entre ambas naciones, explica que no ha sido fácil promover la cultura negra, en especial la que viene de Haití. Dice que el racismo se mantiene vigente en el país y hace que se discriminen las propias expresiones dominicanas de ascendencia africana.

Campaña de odio

Después del terremoto de enero de 2010, cristianos como Marion Gordon Pat Robertson, pastor protestante estadounidense, sostuvo públicamente que la tragedia fue un castigo divino por un pacto diabólico de los esclavos africanos durante la Revolución Haitiana.

Pat Robertson no es un simple pastor. Es un personaje ligado a la política de su país y ha sido pre candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el derechista Partido Republicano y apoyado por el ala más extremista de esa organización.

A Max Beauvoir, máximo líder del vudú haitiano, esa actitud de Pat Robertson no le sorprendió. Para él, esto es parte de una campaña que siempre ha existido en contra del vudú, porque es una religión de lucha y resistencia.

“Han utilizado a Hollywood para promover esa imagen negativa del vudú. Muchas cosas horribles que se dicen del vudú sólo están en las películas estadounidenses”, dice Beauvoir.

Sin embargo, los ataques a las religiones africanas son un tema tan viejo, como la llegada de los primeros esclavos africanos a la isla. Y es que desde siempre, el vudú ha estado subordinado a las religiones cristianas.

Yves Dorestal, filósofo, etnólogo y profesor universitario, destaca que el Código Negro, vigente durante la colonia y que normaba la esclavitud, prohibía las prácticas religiosas africanas en la isla.

Lo que indica que siempre el interior religioso de los negros de la isla tuvo que resistir y ser escondido, pero nunca desapareció.

Religión de dolor y lucha

En 1791, en la parte francesa de la isla de Santo Domingo se produjo una revuelta en para derrocar la Colonia. La revuelta tuvo lugar después del juramento en la ceremonia de Bois Caiman, ritual dirigido por el hougan Dutty Boukman.

El levantamiento fue sofocado y las prácticas religiosas africanas fueron prohibidas porque representaban un peligro político.

Laennec Hurbon, investigador sociale, en “O Deus da resistência negra. O Vodu haitiano” plantea que se deben respetar y tratar de entender la relevancia social dentro Haití del discurso que detenta el vudú, tomando en cuenta sus íntimas relaciones con las instituciones políticas, sociales y económicas; y su resistencia ante la imposición ejercida desde las doctrinas cristianas, a saber: el catolicismo y protestantismo.

Mitos que sostienen el racismo

“Si bien la migración no agota el universo del racismo y de la discriminación es- y ha sido-uno de los principales factores de institución social de la condición del “otro”, de extraño, de ilegítimo”, afirma Mario Margulis.

El sociólogo sostiene que las sociedades tienden a ubicar a los grupos migrantes como extraños, destacando las características que les hacen diferentes, convirtiéndolas en símbolos estigmatizables.

Jean-Ives Dorestal, filósofo y etnólogo haitiano, sostiene que existen muchos mitos alrededor del vudú que alimentan convenientemente, para algunos, la xenofobia. Considera que el principal mito es considerar que el vudú no es una religión, sino simple superstición.

El filósofo asegura, que el vudú tiene una estructura jerárquica y dogmática, aspectos que le convierten en una religión que debe ser aceptada como tal.

De su lado, Max Beauvoir, insiste en que mirar el vudú desde una posición occidentalizada es incorrecto, dado que el origen del vudú es oriental. Entiende que si no se parte de esa postura fácilmente se caerá en el etnocentrismo.

“¡Que respeten nuestras creencias!”

La práctica religiosa es parte importante del desarrollo de algunos grupos sociales. Para los inmigrantes haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana, practicar vudú sin ser discriminados es un derecho cultural que debe ser respetado por los demás miembros de la comunidad y las autoridades locales.

La creencia de algunos sectores de que la cultura dominicana tiene orígenes fundamentalmente hispánicos e indígenas es una fantasía. El etnocentrismo sigue provocando que cientos de miles de personas no puedan integrarse a los espacios sociales dentro de la República Dominicana.

Continuar colocando a la cultura haitiana como una amenaza es bloquear el diálogo para construir una sociedad más plural. Los bateyes y barrios habitados por inmigrantes son una realidad. El discriminar su cultura sólo les segrega aún más y les condena permanecer en la periferia social.

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