Don Quijote y Sancho Panza, Teatro Gayumba. Manuel Chapuseaux y Nives Santana.
Don Quijote y Sancho Panza, Teatro Gayumba. Manuel Chapuseaux y Nives Santana.

Nacimos al teatro en 1985, época donde creer en algo, aún se consideraba útil para hacer teatro.  Desde entonces pertenecemos al privilegiado grupo de espectadores felizmente “deformados”, por el Teatro Gayumba.

Decimos “deformados”, porque desde ese momento nuestra sensibilidad fue contagiada por una manera de entender y hacer el teatro a contracorriente, tradicionalmente subestimada y echada a menos, tanto por las academias, como por los amantes de lo “culto”.

Nos referimos al llamado teatro Popular, que Gayumba en 45 años de trayectoria, tan dignamente ha encarnado provocando un experiencia que sobrecoge y no te permite permanecer indiferente, ni frente al hecho teatral en sí mismo, como tampoco de cara al convulso pedazo de realidad al que hace referencia en cada montaje.

Manuel Chapuseaux y Nives Santana en la obra Ubú Rey, Teatro Gayumba.
Manuel Chapuseaux y Nives Santana en la obra Ubú Rey, Teatro Gayumba.

Con Gayumba recibimos la impronta de un teatro profesional, es decir, que la vocación se aunaba al ejercicio del teatro como un oficio que merecía la retribución social incluyendo por supuesto el aspecto económico, para obtener una vida digna.

Con Gayumba aprendimos a disfrutar de un teatro popular que incorpora a los espectadores en la acción teatral, en el juego escénico, invitándolo a tomar decisiones ya sea a favor o en contra de los personajes (como en “Un Comercial para Máximo Gómez”, “El Quijote”, “Lazarillo”), desde la persuasión y el respeto a su dignidad como persona.

Con Gayumba aprendimos a disfrutar de un teatro que desde sus soluciones creativas y escénicas, provoca asombro de la mirada, y ha sido capaz de plantear como nuevos o como insólitos, temas y conflictos cotidianos ante los cuales, nuestra sensibilidad se mal acostumbra y hasta se adormece. (“Fabulillas y Fabulejas”, “Ubú Rey”, “Caperucita Roja, amarilla, verde…”).

Gayumba nos acostumbró a disfrutar un teatro que conmueve desde el compromiso de los intérpretes con su verdad, con su juego escénico, con sus personajes (“Cazadoras”, “Momo”, Lazarillo”).

Gayumba nos acostumbró a disfrutar un teatro que articuló nuestras problemáticas sociales (aún no resueltas) a las convenciones y soluciones escénicas contenidas en los textos clásicos (“Quijote”, “Lazarillo”, “Ubú Rey”, “Momo”…), demostrándonos que la resistencia de la cultura popular, se puede enarbolar, recreándola desde la mirada creadora individual, sin tener que renunciar a herencias teatrales y culturales que también son parte de nuestro equipaje personal y colectivo.

Gayumba se ha instalado en nuestro imaginario y siempre ha sido fuente de inspiración cotidiana, es un teatro que para nosotros, se convirtió en un paradigma, en una especie de vara teatral, que cada día, nos esforzamos en tratar de alcanzar.

Manuel Chapuseaux en la obra El Quijote no existe, Teatro Gayumba.
Manuel Chapuseaux en la obra El Quijote no existe, Teatro Gayumba.

 

 

 

Gayumba es una expresión de lo mejor de nuestra tradición teatral viva, que desde su práctica teatral, nos inspira a lanzarnos a la búsqueda de nuestras propias soluciones teatrales, intentando que provoquen, aunque sea por asomo, lo que hemos sido testigos que ellos son capaces de provocar: asombro, deleite y ganas de ver y amar el teatro.

Por todo lo dicho, sostenido, afirmado y declarado, antes de que Manuel y Nives soplen las velas del bizcocho con que celebramos estos significativos 45 años, es que deseamos que las escuelas de teatro que se precien de serlo, logren que Manuel y Nives, transmitan a los más jóvenes, el cómo han construido su ritual de gozo para el teatro.

Deseamos que compartan cómo su cuerpo y su voz, han sido preparados para la ceremonia del teatro, dilatando su cuerpo, entrenando su presencia escénica con eficacia, desde los juegos dramáticos y populares.

Deseamos que los más jóvenes puedan disfrutar del liderazgo de Manuel y Nives, de su contagiosa manera de defender lo popular. Porque eso también han sido: voz de los que no tienen voz, rostro de los que no han tenido rostro. Han visibilizado con absoluta dignidad, a los que han sido invisibilizados por el poder.

Deseamos que revelen cómo han logrado re interpretar los elementos de la cultura popular, desde la indagación acuciosa y la creatividad, obteniendo el resultado de soluciones escénicas inolvidables por su gracia, diversión y contundencia escénica, haciendo una muy particular apropiación de los postulados de Bertold Brecht, desde lo lúdico y popular.

Me refiero a las puestas en escena de “Los Amos”, “Las Sirvientas”, “Momo”, “Esta era una vez y dos son tres”, “Fabulillas y Fabulejas”, “Cazadoras del Arca Perdida”, “Un amor imposible”, “Un Comercial para Máximo Gómez”, “El Lazarillo”, “La Cándida Eréndira”, “La Dama Duende”, “La Celestina”, “Caperucita”, “Ubú Rey”, “Meñique”, “Había Una Vez y dos son tres”, “Cuentos del Siglo de Oro”, “El Quijote no existe”, y otras tantas creaciones cargadas de verdad, denuncia de crueldades y atrocidades, belleza y poesía escénica.

Estos son los deseos de un feliz espectador que ha tenido la dicha de haber disfrutado de los montajes de Gayumba. Siento que el teatro dominicano ha estado en deuda con Manuel y Nives, porque es muy sencillo, en nuestro país la utopía en el teatro es concreta y tiene un nombre: se llama Gayumba.