Cultura

Roberto Guzmán resalta valor del Diccionario del español dominicano

Por Gustavo Olivo Peña


El Diccionario del español dominicano

(*) Roberto Guzmán es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Gran estudioso, traductor, investigador y conocedor de la lengua española, el inglés y otros idiomas. Autor de la columna De palabra en palabra, que se publica los martes en Acento.com.do. Este texto fue leído en el acto de presentación del Diccionario del español dominicano, celebrado este jueves 21 de noviembre a las 6 p.m. en la sede del Academia Dominicana de la Lengua, en la calle Mercedes, de la Zona Colonial de Santo Domingo.

El autor de este comentario ha tenido acceso privilegiado a la obra que comenta.

El 21 de noviembre de este año se hizo la presentación formal del libro Diccionario del español dominicano en la Casa de las Academias en Santo Domingo, en un acto promovido por la Academia Dominicana de la Lengua.

La edición de esta obra marca un hito en la bibliografía dominicana. Logrará dejar una huella en las actividades de investigación por la forma en que se hizo ese trabajo. Se encuentran en ella las palabras dominicanas de la vivencia natural, las más conocidas y las que llevan nuevo traje, siempre de acuerdo con el desarrollo de la primavera del habla que es constante; porque el habla como la sangre se renueva constantemente.

No es la primera vez que se emprende la tarea de realizar un diccionario de dominicanismos, pero este no es solo un diccionario de dominicanismos que ha tocado a su fin, sino uno más amplio, es un Diccionario del español dominicano. Están incluidos en este libro los vocablos que son propios del habla de los dominicanos, así como aquellos que se comparten con otros países. Este rasgo le imprime más valor y mayor amplitud al susodicho diccionario. No faltan en este los préstamos con las derivaciones populares, los cambios de sentido, las metáforas peyorativas y las renovaciones léxicas por composición.

María José Rincón al presentar la obra

En muchos aspectos este proyecto que toca a su fin con la publicación ha sido una labor de consenso. El trabajo en equipo permitió consultas continuas entre los colaboradores. Lo que se ha conseguido es una obra que sistematiza en forma de diccionario lo que es peculiar al español dominicano. Se convertirá en una obra de referencia para los curiosos, los estudiosos y los inquisidores que buscan despejar dudas.

No se ha escatimado esfuerzo alguno para que cumpla con el cometido de ser inclusivo. Se han consignado en este diccionario todo tipo de voces que se utilizan en el habla de los dominicanos.

No conforme con asentar estas voces, se ofrecen en la obra las acepciones que ellas poseen en el uso cubriendo toda la gama de registros orales y escritos. Con la consulta del léxico del DED se comprobarán los matices del habla de los diversos estratos sociales, así como de las distintas circunstancias que acompañan a su emisión.

No cabe duda, donde más se manifiesta la influencia de la sociedad es en el léxico; este es un reflejo de las costumbres, las instituciones, las ideas, las cosas que designan esas voces espontáneas. En definitiva, este diccionario constituye un inventario imparcial de palabras. Naturalmente, han quedado atrapadas en el cedazo las voces que son propias de un escritor que no trascienden por su naturaleza particular.

Este diccionario es lo que se conoce en los círculos de especialistas como una obra descriptiva y no de carácter normativo. Esta se destaca por la ausencia de censura. Como consecuencia de ese rasgo se encuentran en el DED todas las palabras, hasta las malsonantes, las soeces, que llegan a ocupar su sitio con una definición correspondiente a su valor y una categorización adecuada al registro del habla. Se nota esta característica de apertura al comprobar que está libre de prejuicios con la inclusión de términos crudos. En ocasiones la reacción verbal dominicana ante la realidad presente es más bien un rechazo nacido contra las convenciones del habla estándar.

Roberto Guzmán, Fabio Guzmán Ariza y María José Rincón

Los vocablos que se encuentran en el DED son pasados por un crisol al transmitirse entre los hispanohablantes dominicanos como efecto de la cultura dominicana. De seguro que esta obra se convertirá en un motivo de reflexión sobre la lengua del dominicano. Lo que se ha logrado con ella es imprimir el lenguaje distintivo de los dominicanos, no el que es común con todos los hispanohablantes. Hay que tener en cuenta que se trata de una variedad del español y que como tal debe consultarse. Los dominicanos reconocerán por medio de la lectura o consulta de esta obra la identidad social que los distingue.

Se echará de ver que este diccionario establece un vínculo entre el dominicano y su mundo, cómo el hablante dominicano percibe su mundo y como lo refleja mediante las palabras. El hablante comprende y expresa sus valoraciones con la ayuda de palabras que están consignadas en el DED, que forman parte de la representación que hace el dominicano de su vida. Aquí se dan la mano la tradición y la cultura. La inteligibilidad del habla entre dominicanos, que forman una comunidad lingüística, se establece gracias a la memoria social del lenguaje; estos vocablos fuera de lo común no entorpecen.

En el libro está consignadas las palabras del pasado y el presente dominicano, por lo menos del siglo XX y lo que va del siglo XXI. No se escatimó esfuerzo para inventariar todo el léxico detectado. Encontraron su lugar los vocablos que servirán para entender los textos publicados hace largos años, así como las expresiones actuales de la calle. Estos rasgos hacen del DED una imagen de la realidad de nuestra lengua.

Mesa directiva del acto de puesta en circulación del Diccionario del español dominicano, jueves 21 de noviembre en la Academia Dominicana de la Lengua

El DED se puede acreditar con el valor de ser un depositario de las expresiones cabales de los dominicanos de todos los niveles sociales, de todo tipo de registros del habla. La creatividad del dominicano está reflejada en esta obra. No solo se asientan las voces de un modo, sino que se consignan las diferentes grafías para voces similares. No se han desestimado vocablos por pensar que estos son vulgares, de mal gusto o propio de gente ordinaria. No es un trabajo selectivo entre los dominicanismos, sino que aquí figuran todos sin discriminación de fuentes. Todas las palabras coexisten consentidas por la realidad dominicana. No se recomiendan sus usos, solo se registran. No se manifiesta cobardía lexicográfica al inventariarlas, se cumple con el compromiso de la veracidad investigativa.

Bruno Rosario Candelier, presidente de la Academia Dominicana de la Lengua

Un valor añadido a la obra es la explicación que figura en este acerca de cómo usarlo. La simbología está definida junto con las abreviaturas que se adoptaron para hacer espacio a la mayor cantidad de palabras con todos los detalles correspondientes.

Las locuciones de todo tipo están vertidas en el DED. Se las ha colocado de acuerdo con sus diferentes componentes en el orden alfabético que les es normal. Esta organización hace más fácil la labor de localización de parte del lector. Para esta tarea no se escatimó esfuerzo alguno. Los costos financieros no se limitaron y así todos los elementos que componen las locuciones pueden servir de pistas para localizarlas. Estos giros, muchas veces alegres, llevan en el fondo una metáfora que ilumina la intención.

Los gentilicios de las ciudades, pueblos, provincias y regiones dominicanas encontraron su lugar en el diccionario. Las plantas más conocidas en la República Dominicana, sobre todo las que tienen un nombre diferente, están inventariadas en este diccionario, con la ventaja de que también figura el nombre científico, lo que facilita luego su identificación para lectores extranjeros. Esto ocurre también con las aves. Todo esto además de una descripción ajustada a sus características.

Cada entrada que consta en el diccionario viene acompañada de las marcas de funciones gramaticales que sitúan las voces que encabezan los artículos. La redacción que figura en este diccionario lo sitúa al alcance de todos los lectores, no hay en este rebuscamiento de términos. El curioso así como el investigador más exigente encontrarán allí satisfacción. En esta obra no se rechazan variantes a las locuciones. Se lo ha concebido para uso de la comunidad íntegra.

Público asistente a la actividad

La elaboración de la obra contó con el asesoramiento del Director de la Academia Dominicana de la Lengua, D. Bruno Rosario Candelier. La coordinación estuvo a cargo de la lexicógrafa María José Rincón González. Ella orientó el equipo de redacción de la obra. Entre los colaboradores figuran Fabio Guzmán Ariza y Roberto Guzmán. La lexicógrafa dirigió las labores de los cuatro lectores de fuentes.

En este diccionario podrán percibir los lectores el apego al rigor científico. Además, la obra transmite una sensación de amor por la lengua vernácula que la aleja del frío academicismo. Es un libro en el que se registra la lengua que los dominicanos efectivamente utilizan. Es un reflejo  de la realidad expresiva de los hablantes, de esa riqueza verbal dominicana. Este diccionario servirá para despejar los sentidos precisos de esas voces sonoras o palabras gráficas que imprimen el colorido propio del habla dominicana. Constituye un catálogo de elementos del léxico propio de los dominicanos que se erige a manera de reservorio de la memoria colectiva. Sirve como documento que asienta la memoria de las experiencias del dominicano en contacto con su realidad. Será un documento de consulta y una prueba histórica de la riqueza verbal dominicana.

La lectura o consulta de esta obra será un momento de agradable sorpresa, de entretenimiento o de descubrimiento. No debe olvidarse que es un diccionario de una modalidad lingüística hispánica que se mantiene en constante evolución y que se acomoda acorde con esta condición a las necesidades y al gusto de los dominicanos. Está compuesto de ampliaciones y restricciones del significado de palabras conocidas, del mismo modo que de voces creadas. Al final, hay que reiterar que todas las características del modo de expresión del dominicano no afectan la estructura profunda de la lengua común.

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(*) Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Gran estudioso, traductor, investigador y conocedor de la lengua española, el inglés y otros idiomas. Autor de la columna De palabra en palabra, que se publica los martes en Acento.com.do. Este texto fue leído en el acto de presentación del Diccionario del español dominicano, celebrado este jueves 21 de noviembre a las 6 p.m. en la sede del Academia Dominicana de la Lengua, en la calle Mercedes, de la Zona Colonial de Santo Domingo.

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