SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Se han vuelto tendencia. Se pueden observar cada vez más en rincones de la Capital, exhibiendo colores radiantes y llamativos diseños. Nada se desperdicia en la fabricación de las pellizas, alfombras hechas a mano con fibra de yute y sacos de arroz.
“Ya no tienen que ir a Bonao, pueden venir al Conde, que aquí le tenemos su alfombra”, afirma Joselín Villalona, artífice de los vistosos tapetes.
Con una enorme sonrisa y sin perder rastro de su obra, comenta que con este oficio y gracias a su creatividad, puede sustentar a sus cuatro niños, aunque dos de los cuales no viven junto a ella.
Recostada de un framboyán de pintura y tela, nacido de uno de los tantísimos paisajes criollos, Joselín toma un jirón de tela marrón y la introduce entre los tejidos del costal rojizo que sostiene entre los dedos y sobre el regazo.
“Dan mucho trabajo”, dice sobre las alfombras, en las cuales puede demorarse incluso todo un día en su elaboración, si es de gran tamaño. “Se te encojen las manos a uno. ¿Usted cree que eso es fácil?”, bromea. La vista fija en sus dedos mientras corta los “pétalos” de tela rosada que utilizará para la confección de su obra.
Casi una veintena de lienzos multicolores y dos maniquíes que modelan atuendos tejidos a mano les rodean. Ivelises Corniell, no le quita el ojo a Joselín mientras ingresa otra hojilla al saco, para aprender el arte de la fabricación de alfombras.
Entre contoneos, confiesa que dejó su empleo como encargada de una lavandería porque le es más rentable. “Estoy sentada sin que nadie me ataque”, indica sonriente. Joselín asiente con la cabeza.
Son las primeras que hacen las “alfombras de Bonao” en la calle El Conde, para las cuales utilizan uno o dos colores, dependiendo del diseño, con los que gana hasta 3400 por las alfombras más grandes.
“Mandé a hacer mi tarjeta que se llama Creaciones Joselín”, asegura entre carcajadas. “Ya tengo mi álbum. Hice más de diez alfombras en diciembre”.
Joselín recorta con unas tijeras parte de la materia prima utilizada para su creación y vuelve a incrustar un pétalo en el saco. Levanta la vista al pasar dos jóvenes que observan su arte, el cual le ayuda a sobrevivir día a día.