-II de II-

 

(Ilustraciones del Dr. Odalis G. Pérez)

El drama del discurrir de una narratología difusa, esquiva y crítica, es el que se nos invoca aquí, desde una simbología multiforme, plurifónica, la cual va señalando su espacio, su impronta coral y su revestimiento cinético en tránsito…en movimiento, desde la palabra.

El sujeto autor procura que el lector asuma e imagine la pieza coral, impulsa su acción creativa hacia una estética irreverente, como quien se decide a asumir el canon de una poética antilineal, plural, que procura desmitificar su propia imagen, sin rituales, para inducirnos penetrar a su universo dramático-narrativo, epopéyico, dialogante, cinético e irónico. Veamos

(…)

"Dicisiete años de temblores y arenas movedizas trangándose la patria de febrero/Se consagró en san kristóbal la abolición de la esclavitud obsequiada por tusén y bwaié/Con las principalías de príncipes y logreros dobladores de conciencia sable en mano/Y por cualquier quítame esta paja muerte y exilio de los padres fundadores y ejecuciones/En el paredón de mujeres y hombres de vergüenza y honor como trinidad sánchez/Y al son de las tropas de oro entra sánchez por aití/ Porque no había otro lugar por donde hacerlo al imperar/ En puerto rico y cuba el apogeo de la esclavitud/Implantada por la rojigwalda/el león y el águila pasmada y nimbada/Y la santa lanza canta y espanta con su comunicado antisánchez la amenaza/ Y con fino instinto felino de clase olfatea en el aire al enemigo clasista / Como otrora nadie a quien vigiló se le escapó (Trinidad los puellos duvergé/Sánchez fransisko es hoy quien ríe de último porke/Abad antonio rio primero en san juan y le gritó/¡Ríe ahora negrito parejero! y la santa/Sin conseguir sobrevivir a la tolvanera muere de impotenfilia //.Muere la santa de ira cuando el ibero decretó el fin/De su obsesiva adicción de mandar: potenfilia"//.

(Ver Acto II (1844-1861) pág. 9).

Aquí queda desmetaforizado un discurso que recorre los episodios más destacados de nuestra historia nacional, desde los inicios de nuestra convivencia silvestre y comunitaria, a la vez.

Esta es la narrativa dolida, sentida y orquestada por una voz que, a lo largo del texto, mulplica sus enunciaciones, induce a una escenificación, donde canto y música y danza, sean partes de un mismo escenario sin rituales, sin miradas sacramentales y sin el tributo de los corifeos o las vacas sagradas de los espacios celestiales.

Se trata de la epopeya republicana o del poema-excusa para corear y vociferar el espanto y la burla pintada sobre en la conciencia y en los ojos escolares y hasta en los rincones académicos de nuestras universidades, por algunos historiadores tuertos, mal engendrados que han retorcido lo que somos, para que hoy, en el mundo, algunos no entiendan lo que en realidad queremos ser, como nación con escudo, con voz , con bandera, con himno, con territorio y con imborrable sentido de independencia.

El día que los poetas y los críticos literarios de este país, no tengan la voluntad de fijar sus ojos en esta provocación cognitiva, me gustaría que los "profesores", en su miseria escolar y pedagógica de "dar clases", se equivoquen y comiencen a leer en voz alta esta crónica desacralizada de nuestra historia…y entonces…ese día, hasta los altares descubrirán que nos han engañado y que no somos lo que nos han dicho ser. Veamos:

(…)

"De negros y mulatos patapwerswelos desembocaron luego de la sangrienta tolvanera /Y los acuerdos del karmelo en la espectacular caída de la bola malaventura /Desde 1966 hasta 1879/Salvo el momento de la estrella fugaz de espaillat y luperón o guillermo/ Hostos, Salomé, billini y el ocurrente liliputiense /Y el dilectante alejandrito el de la batuta//. Temblores de la historia y guerra montonera de caudillos y caciques ambiciosos/Que se repartieron las provincias como sátrapas romanos/Hasta después de la muerte del ocurrente liliputiense /Y la tolvanera de los victorias kikí y el chacal bordas y demás enanos /Produjo la intervención yanqui en 1916/ Los adoradores de la religión del cascarón/Dwartistas de la boca para afuera y aliados de potencias extranjeras /Adictos a la klientela y al patrimonio su visión les delata/Filisteos de boca recitan como nuestros políticos estacionales el credo dwartisno:/La república ha de ser de toda potencia extranjera o se hunde la isla/El proscrito nunca transgió con los participas de la patria"/.

(…)

(Págs. 11-12).

Hay una semanticidad expresiva que recorre todo el espacio comunicacional configurado en este discurso, por lo que, al final, uno puede advertir que debajo de ese decir, hay una tonalidad intencional que procura llevar al lector a una trampa diseñada desde la sonoridad vocálica y consonántica de la palabra.

La lengua, aquí, fija el perfil de un ritmo que se asocia a una postura ideológica, militante, pero no ciega, tampoco irracional, ni patológicamente celestial.

He aquí la otra voz, aquella que apunta hacia una crítica a los cronistas del racionalismo a ultranzas.

Con esto no quiero apostar a las sentencias de los jueces de la crítica literaria amañada y secuestrada de este país, para bendecir o consagrar un texto, cuando, a conciencia, ya lo he dicho, la ausencia de la metaforización no limita aquí, la construcción de un corpus rítmico que tiene como finalidad provocar a los puristas de la lengua, para ponerle frente a su "normativa oficial", las libertades que, desde la rimicidad intratextual y desde la ritmicidad del discurso, se pueden organizar con creatividad e ingenio, al momento de comunicar con una marcada intecionalidad, desde un contexto determinado o desde una realidad tangible e intangible determinada.

Hay un cuerpo sonoro o una multplicidad de voces que se enfilan hacia una misma búsqueda en el poema: Enrostrar o desnudar el historicismo que ha servido de base para que algunos historiadores tergiversen nuestra historia y la llenen de mitos e irracionalidades que han contribuido a esta ceguera social, a este desvivir acrítico, carente de sentido del valor de lo libertario y humanísticos del sujeto en movimiento.

Como discurso creativo, el sujeto autor asume la lengua para decir, dejar significar, expresar y/o comunicar su pensar, su postura o creencia en torno a lo que él ha elegido como su espacio vivencial, lo ha dicho y con su decir, ha confirmado su pensar, su creer o descreer en torno a una realidad situacional, espacial y temporal.

El texto consta de cinco (V) actos. El acto I abarca desde 1801, hasta 1844; el acto II, va desde 1844-1861; el acto III, recoge los años de 1862, hasta 1916; el acto IV, recorre desde 1916-1924 y el acto V va desde el 1924, hasta 1930 -2500).

En esa apuesta futurista, en ese acto V, el sujeto autor ha planteado una estructura escénico-teatral de seis (6) escenas que permiten que el sujeto lector pueda imaginar no solo el transcurrir histórico de él, como sujeto pensante, decodificador de signos y símbolos, sino que pueda visualizar y ubicarse en aquel mañana de las utopías, del cómo usaremos la lengua en nuestras academias.

La escena 5, tiene como subtítulo El monarca absoluto sin corona y la escena 6, se titula (La gran fiesta de los poetas en el club de Jauja).

Al final, es cuando el sujeto lector puede llegar a entender, el por qué de la "Opera coral en tránsito" y la razón de los cinco (5) actos para ser escenificada en los teatros nacionales de la república a partir del año 2480).

Al ritmo que virtualidad lleva al sujeto, no hay que esperar al 2500, para ver o palpar esos desvíos escriturales, los cuales, hoy ya se constituyen en una norma del decir en la virtualidad.

No es necesario esperar Veinte (20) años después de su estreno a nivel nacional, para ver aquello que creíamos ser uno utopía, como una realidad que hoy transita como algo normal en el discurso de los chats en los grupos de WhatsApp, Instagram, Facebook y Messenger, entre otros áreas de las plataformas virtuales.

El sujeto-autor se auxilia de la práctica en uso de los ismos vanguardistas europeos, latinoamericanos y caribeños, para asumir, en la práctica la función comunicacional de la lengua, desde el acto creativo, y, valiéndose de la libertad de la poeticidad y de la simbología del decir, asume partido y se incorpora en el universo plurisemántico del signo para instaurar su impronta creativa y para dejarnos su propuesta y lo que él invoca como una "reforma ortográfica que se impondrá de esta fecha al año 2500 y la que, según él, deberá contar de un fonema por cada letra del alfabeto" (Ver contraportada del libro).

Aquí nada cae al azar. Cada palabra trae consigo un pedazo de historia para ser contado; cantado; dicho; escenificado; dramatizado o coreado o sostenido en los perfiles del cine, desde un guión que ha de proceder desde una línea discursiva, escenográfica, visual y poética que está pautada en cada uno de los personajes que dialogan con el sujeto-lector, en esta obra.

Al final, final…de los finales…en caso de tener algún final, el texto consta de doce (12) citas, palpables, citables, comprobables, desde las cuales, no hay que indagar mucho para justificar la intencionalidad del texto mismo y del sujeto autor, de asumirse y hacernos asumir lo que hemos sido, lo que somos y los por qué hoy, aquí y ahora, debemos recurrir a la memoria viva y vivificante del poema y su sonoridad, desde la lengua y/o de la palabra y la pluralidad del símbolo, para permanecer o morir, dentro y fuera de la palabra poetizada y los debates que exasperan nuestra capacidad crítica, la enaltecen ponen a flote nuestras falencias humanas, subyecentes en cada acto creativo.

La búsqueda de lo sonoro, es el recurso que se incorpora en este decir de la palabra que nos llega en abierta pleitesía con la normativa del decir de la oficialidad y del poder institucional que no comulga con la imaginación, ni con creatividad del poeta, como sujeto libre, pensante, crítico e irreverente, ante el statu quo de los "reformadores".

He aquí mi voz y mi mirada… en complicidad conversacional con este texto, sin consagración y sin aplausos, en dialogía crítica con sus universos plurifónicos.