XXVII
Una de las grandes satisfacciones que El Cancelado obtuvo de su paso por la cosa pública fue la de trabajar con don Silvano Lora.
Varios meses antes de que fuera nombrado, don Silvano visitó la Embajada. Como había vivido durante largos años en París, primero como exilado de la dictadura de Trujillo y luego de los gobiernos de Balaguer, conocía la ciudad Luz al dedillo y se desplazaba entre ésta y la capital con mucha naturalidad. En esa ocasión, luego de que el Embajador De Castro se lo presentara, el maestro le pidió a El Cancelado que lo ayudara en una tarea urgente.
Resulta que en la guía que una de las editoras más importantes de París había dedicado a la República Dominicana, el redactor, hablando del arte y la cultura del mismo, citó, por supuesto, a Silvano Lora como el gran artista que era. En cambio, al mencionar sus actuaciones políticas se equivocó, pues en lugar de colocarlo entre los opositores a la dictadura de Trujillo, lo mencionaba como un partidario de la misma. Por supuesto, Don Silvano estaba sumamente molesto, por lo que El Cancelado procedió con presteza a enviar una carta a dicho editor, explicándole la gravedad de la errata y solicitándole que la corrigiera tan pronto pudiera.
El Cancelado supo luego que Don Silvano había viajado a París para ser tratado de una dolencia que lo afectaba desde hacía ya mucho tiempo. El doctor que lo trataba trabajaba en el reputado Hospital de La Salpetrière, cerca de Place de Italie, hasta el mismo tuvo que desplazarse El Cancelado a recuperar exámenes y placas, según se lo había pedido don Silvano.
Más adelante, el Presidente Mejía lo nombró como Consejero Cultural en la Embajada. El Cancelado pensó en un principio que, enfermo como estaba, Don Silvano poco podía contribuir a las actividades de la Embajada. En esto El Cancelado se equivocaba. Poco importó su enfermedad, poco los malestares que los tratamientos a los que tuvo que ser sometido le provocaron, poco que Don Silvano fuera tres o cuatro veces más viejo que los funcionarios más jóvenes: El Cancelado puede afirmar, a ciencia cierta, que Don Silvano Lora fue uno de los más trabajadores y diligentes miembros de la Embajada Dominicana en París.
Don Silvano fue un mago. Pudo organizar, casi sin presupuesto, innumerables actividades culturales, exposiciones,
conversatorios, peñas literarias…El tiempo que ha pasado desde entonces imposibilita que El Cancelado dé mayores detalles.
Uno de los días más productivos y más agradables de toda la estadía de El Cancelado en París tuvo que ver con el ámbito cultural. Rafael Emilio Yunén, Director del Centro León, viajó a París en compañía de su esposa Ana Margarita, a fin de visitar ciertos museos parisinos y observar las técnicas museográficas que le servirían de modelo al magnífico centro cultural que dirige.
Los Yunén, don Silvano y El Cancelado se dieron cita un sábado, temprano en la mañana, en el hotel donde la pareja se hospedaba, en Bercy, barrio del este parisino. Empezó entonces un periplo que duró todo el día: El grupo visitó El Louvre, el Museo Guimet de Artes Orientales, el Museo Dapper de Artes Africanas y Caribeñas y, finalmente, el Centro Pompidou, donde se exponía una gigantesca muestra del Surrealismo. Don Silvano participó del recorrido tanto como su enfermedad se lo permitió. Ya cansado, se retiró a su domicilio.
Este tesón acompañó a Don Silvano hasta el final. Aún cuando sus médicos le habían informado que nada podían hacer contra su enfermedad, Don Silvano insistía en retornar a París y ponerse a disposición de la Embajada. Uno de los momentos más difíciles que tuvo que vivir El Cancelado fue el de visitar a Don Silvano en su apartamento próximo a la Place d’Italie y convencerlo de que debía descansar, de que lo mejor sería de volver con su familia a la República Dominicana. Entonces estaba muy desmejorado. Al poco tiempo de su retorno, falleció. La Patria perdió un gran artista, un gran hombre, un gran ciudadano.
Notas relacionadas
“El Cancelado”: El relato sobre el paso del sector privado al sector público
Memorias de un Cancelado, primera entrega
Memorias de un Cancelado: Sus bandereos y carabaneos proselitistas (II)
Memorias de un Cancelado: Cómo escoger una posición en el exterior (III)
Memorias de un Cancelado: La noticia del embajador Norman de Castro (IV)
Memorias de un Cancelado: Adiós a Santiago (V)
Memorias de un Cancelado: Llegada a París (VI)
Memorias de un Cancelado: Exterior de la embajada (VII)
Memorias de un Cancelado: Interior de la embajada (VIII)
Memorias de un Cancelado: Rumbo al Elíseo (IX)
Memorias de un Cancelado: Presentación de credenciales (X)
Memorias de un Cencelado: Batalla por erección de un busto de Duarte en París (XI)
Memorias de un Cancelado: Preámbulo en Rabat (XII)
Memorias de un Cancelado: Visita Oficial a Marruecos (XIII)
Memorias de la ONU Cancelado: En Defensa de la Imagen Nacional (XIV)
Memorias de la ONU Cancelado: Leonel en París (XV)
Memorias de un Cancelado: Intentos de corrupción de Cuello Blanco (XVI)
Memorias de un Cancelado: Los Epicúreos gustos de Luis Álvarez Renta (XVII)
Memorias de un Cancelado: La Llegada de Luis Álvarez Renta a París (XVIII)
Memorias de un Cancelado: Álvarez Renta Toma Posesión de la Embajada (XIX)
Memorias de un Cancelado: La renuncia de Hugo Tolentino Dipp (XX)
Memorias de un Cencelado: La Casa Ideal de Luis Álvarez Renta (XXI)
Memorias de un Cancelado: El Silencio de Álvarez Renta (XXII)
Memorias de un Cancelado: La Fiesta de Luis Álvarez Renta (XXIII)
Memorias de un Cancelado: La Asistente de Luis Álvarez Renta (XXIV)
Memorias de un Cancelado: La Caída de Luis Álvarez Renta (XXV)
Memorias de un Cancelado: El Mandado de Álvarez Renta (XXVI)