BUENOS AIRES, Argentina.- Como parte de la amplia gama de actividades que sigue desarrollando el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), se encuentran las mesas de discusiones. En estos espacios, importantes expositores se visten de una especie de ropa de culto y pregonan sus diferencias y similitudes frente a cualquier cuestión que pueda ser de interés para los miles de cinéfilos y profesionales ligados a la industria del cine.
Uno de esos temas tratados en las mesas de discusión ha sido el siempre permanente cine latinoamericano. De esa cuestiones simples, pero a la vez complejas que gravitan en las producciones y en las líneas argumentales del cine de la región.
Gonzalo Aguilar, autor del texto “Otros mundos: Un ensayo sobre el nuevo cine argentino”, tuvo a su cargo un plenario de discusión donde también participaron importantes personalidades como Diana Bustamante, Renate Costa y Claudio Marques.
Allí, sin mucho desenfado y con la convicción de estar en un evento plural y diverso, plantearon problemáticas como el sometimiento de las producciones cinematográficas al un factor financiero que a las cuestiones artísticas.
El mismo Aguilar expresó que “puede resultar lo mismo realizar la producción con los holandeses de la Hubert Bals que con los brasileros de Petrobras”.
Otra cuestión planteada fue desde cuándo existe el cine latinoamericano. El propio autor explica: “en la época llamada de Oro, había una competencia entre México y Argentina: no se planteaban como una cinematografía común, sino que competían por conquistar los mercados”.
Sobre la idea de que si existía un cine que pudiera ser común, mencionó lo siguiente: “alrededor de los años 40, la producción de otros países era escasa; solo Argentina y México tenían influencia en ese ecosistema. Eso cambió en los sesenta. Con la revolución cubana, empezó a tomar importancia la idea de que hay un cine latinoamericano”.
En cuanto al peso de la política en el cine latinoamericano, Aguilar, respondiendo a Sebastián Santillán del periódico oficial del Festival, elaboró la siguiente respuesta: “Hablar de cine latinoamericano es hablar de cine político lisa y llanamente. Pero el problema del cine latinoamericano de los sesenta era que presuponía, fuera del film, una política ya establecida. Entonces lo que hizo el cine fue aliarse con esa política, apoyarse en ella”.
Y terminando su respuesta finalizó en el siguiente término: “Me parece que en las películas de los últimos años se está dando el caso inverso. Se intenta pensar, más que en la política, en cómo abordar lo político desde el cine. Es una actitud mucho más interrogadora, más dubitativa”.