BONAO, República Dominicana.- En medio del tramo de la Autopista Duarte que lleva de Villa Altagracia a Bonao, es difícil para el transeúnte que se mantenga despierto, no maravillarse con el espectáculo de color que exhiben las alfombras de Piedra Blanca.
Sobre un saco o varios sacos unidos, que en su primera vida fueran costales de arroz o papa, los artesanos de esta comunidad de la provincia Monseñor Nouel, amarran tiras de tela cortadas de la misma anchura y longitud. Dependiendo de las dimensiones de la pieza, confeccionando un tapete pueden tardar entre cuatro horas, hasta un día completo.
En el pasado estos tapetes se elaboraban con retazos de tela de algodón y tiras de camisetas viejas. Generalmente eran de poca extensión y como involucraba reciclaje de ropa de algodón el color y el diseño estaba limitado a la disponibilidad de piezas desechadas.
Rosa Toribio, artesana que desde su juventud combina telas y colores para crear estas hermosas piezas de decoración, reconoce que las alfombras que fabricaban hace veinte años no tenían el estilo y aire elegante que aportan los nuevos materiales que utilizan.
“La gente que pasa, siempre se queda encantada con las alfombras, les gustan los colores y nos felicitan por nuestro trabajo” dice Rosa con orgullo.
Juan, un joven de la comunidad, quien también es artesano, relata que viajeros de distintas partes del país se detienen a comprar; e inclusive dice que desde el exterior también les encomiendan piezas.
Las alfombras que se fabrican en Piedra Blanca son igualmente un emprendimiento familiar, que trae el sustento a hogares de esta parte del Norte del país
Actualmente utilizan tela de raso. En la selección de los colores, privilegian aquellos más brillantes. De igual manera, también reciben encargos, donde los clientes exigen determinados colores, diseños y tamaños.
Las alfombras que se fabrican en Piedra Blanca son igualmente un emprendimiento familiar, que trae el sustento a hogares de esta parte del Norte del país.
Rosa confecciona tapetes junto a su hija y una de sus hermanas; mientras que su marido le ayuda a venderlos a orillas de la carretera. De su lado, Juan elabora las piezas que vende con la colaboración de su esposa. “Ella corta la tela y yo lo tejo en el saco”, dice Juan.
Estas piezas decorativas son un ejemplo de objetos tradicionales que la creatividad de actuales artesanos le cambian la manera de elaboración, materiales y añaden aires de estéticas modernas, para crear un producto que puede ser apreciado por muchos y que tiene oportunidades de permanecer en el tiempo.
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