Daniel Infante. Foto. Vianco Martínez.

Santo Domingo, República Dominicana.- Para hablar de él, primero hay que hablar de su casa. Él vive en una planta baja en el centro de la ciudad, una casa de paredes blancas que mira de costado al nacimiento de las tardes. Los rincones tienen música y una que otra guitarra en silencio, y el viento que pasa por la puerta siempre está dispuesto a sonreír.

En esas paredes blancas hay un mundo aparte. Ahí están sus cuadros, con su historia y su manera de ver la vida; ahí están las mujeres que pinta, siempre sentadas preguntándole cosas al futuro; ahí están los bares que ha recorrido y los mundos que su nostalgia le ha ayudado a inventar. En fin, ahí está su historia y su filosofía de los colores. Y en el centro de todo eso, una gitana, un cuadro fundacional que habla de nostalgias primeras y de ilusiones, y que tiene el valor de un rito de iniciación. “Ese fue mi primer retrato, y yo lo veo como una obra ingenua, de desahogo, pero de mucha significación, con una figura humilde y poderosa a la vez, casi como una deidad, una diosa o algo así”. Ese siempre va a ser su cuadro favorito.

Para hablar de él, también hay que hablar de su abuelo, que de pequeño lo tomaba de la mano, lo llevaba a los parques y le mostraba la belleza de las cosas pequeñas y de las puestas de sol.

Ahora él lleva al abuelo adentro y eso ya es un homenaje a aquel hombre, a aquellas manos que lo llevaban a los parques, a las historias que le contaba y al ideal de belleza que le sembró en la mirada.

Daniel Infante es un hombre de mediana edad que nunca se detiene y nunca se rinde y que no puede entender la vida sin los colores. Los hace suyos, los atrapa y los convierte en filosofía. Cuando se pone a pintar, a Daniel le brillan las manos, le brillan los ojos y le brilla la vida.

Estudió en la Escuela de Artes de Altos de Chavón, República Dominicana, y en la Escuela Panamericana de Arte, de Sao Paulo. También hizo estudios de arteterapia en Australia.

Ha expuesto en varios países, empezando por el propio, y de cada muestra ha sacado una experiencia vital. En Brasil presentó Retratos otropicos, un recorrido por el trópico y por el sur compuesto de cincuenta obras en formato 40 x 50; y Percepciones. La vida de dos artistas, una exposición conjunta con Marcos Mitre basada en pequeñas obras geométrico-abstractas que, en su opinión, fue un “intercambio de filosofías”.

Y aquí, en Santo Domingo, su tierra natal, ha presentado varias muestras, entre ellas Trópico, Sur, Trópico, un recorrido del trópico como punto de partida; Miradas insulares, basada en colores azules y turquesas; Oda Reciente, inspirada en la mitología griega; y una exposición de bodegones, que recibió la bendición del intelectual Pedro Delgado Malagón.

Lo que le gustaba era la música y desde su primera juventud se agarró a una guitarra. Pero un día, cuando llegó la hora de tomar decisiones y elegir caminos, las partituras que vivían en la cintura de su instrumento se le fueron a la pintura y se convirtieron en color.

“Yo empecé en el mundo del arte tocando guitarra. Después comencé a dibujar. Tenía muy buen oído musical, pero el dibujo me daba otra dimensión, me permitía otra intimidad con el trabajo. Y fue así como di el salto de la música al dibujo y fui introduciendo elementos musicales en la pintura”. Ahora Daniel Infante lleva la música en sus cuadros. Su obra es tan musical que se permite conceptos como este: “Considero un cuadro mío bueno cuando percibo un sonido al verlo”.

Hay una inmensa poesía en la historia que cuentan los colores de Daniel: “Tanto en la forma como en el contenido, hacemos poesía al pintar, al pintar trabajamos el ritmo, la cadencia, a veces también la simbología. Hay cuadros que parecen un hermoso poema y hay poesías que podemos imaginarlas pintadas”.

¿Quiénes son los héroes de sus obras, cuáles son sus diosas y cuáles sus musas?

En mis pinturas aparecen diferentes personajes que se reiteran, a veces aparece la vorágine de Baco, en otras ocasiones el deseo de Afrodita, la mujer sensual, la "madame" serena, la solitaria, la exuberante.

¿Cuál es el concepto de su exposición Música en el alma?

Desde hace tiempo vengo trabajando con la música. Me ha gustado siempre pintar la música, pintar músicos, hacer retratos de violinistas, de mujeres sensuales tocando violín o de saxofonistas. Yo he hecho varios saxofonistas, tengo una chelista que la voy a poner allá.

Siempre he sido muy musical. Yo empecé en el mundo del arte tocando guitarra. Después comencé a dibujar. Tenía muy buen oído musical, pero el dibujo me daba otra dimensión, me permitía otra intimidad con el trabajo.

Y así fue como empecé a dibujar, fui dejando la música a un lado, me fajé con el dibujo, me puse a pintar, y cuando vine a ver ya no estaba tanto en música y estaba más en pintura. Así fue como di el salto de la música al dibujo. Fui introduciendo elementos de la música en la pintura.

Kandinsky decía que el arte y la música, a través de sus medios, tenían la finalidad de mover el alma, tocar las cuerdas del alma a través de los elementos, a través del color, a través de la pintura, a través de la forma y la música, a través de la armonía. Yo fui adaptando eso hasta que me sentí bastante conforme.

¿Cómo se llevan sus cuadros con los conceptos de música, movimiento y libertad?

Es algo que he venido investigando ya hace un tiempo con mis pinturas. Sobre todo, el movimiento, el sonido en las formas, la libertad en los trazos.

Kandinsky escribió: "El color es el teclado. El ojo es el martillo, mientras que el alma es un piano de muchas cuerdas. El artista es la mano a través de la cual hace vibrar el alma humana".

Si observas mis pinturas encontrarás latente una inquietud musical. Considero un cuadro mío bueno cuando percibo un sonido al verlo.

¿La literatura, la música y la pintura pueden ir de la mano y crear puentes que las comuniquen sin crear disonancias?

Sí. Son manifestaciones que van de la mano siempre. Son diferentes lenguajes, pero las tres hacen una representación del alma y de la intención del artista.

Usted creó obras inspiradas en la novela del escritor dominicano Juan Carlos Mieses Las palomas de la guerra. ¿En qué medida la literatura, incluida la poesía, le concierte a la pintura y entra en ella?

La literatura y la pintura son dos lenguajes que se complementan. La buena poesía se sirve de la imagen, realiza el milagro de expresar lo que “normalmente” no se podría decir con palabras. Asimismo, la tradición de la pintura pasa por la interpretación de grandes poesías. Un ejemplo de esto es “Las Metamorfosis”, de Ovidio, obra de la que la mayoría de los grandes maestros de la pintura se han servido a través de los siglos para crear muchas de las más bellas imágenes de la cultura occidental.

¿Hay una poética de la pintura?

Por supuesto, tanto en la forma como en el contenido hacemos poesía al pintar. Al pintar trabajamos el ritmo, la cadencia. A veces también la simbología. Hay cuadros que parecen un hermoso poema y hay poesías que podemos imaginarlas pintadas. 

FILOSOFIA DE LOS COLORES

Usted dijo alguna vez: “Como yo soy dibujante trato de dibujar con el color”. ¿Qué ventajas da eso?

Al dibujar con el color creamos una atmósfera más emocional en la pintura y al mismo tiempo temperamos la emoción con un poco de racionalización.

Usted tiene una obra con colores fuertes y se ve que tiene clara su filosofía de los colores. ¿Usted tiene colores preferidos?

Yo trabajo mucho la armonía del color. No te diría que colores preferidos. Puede ser que haya tenido alguna tendencia en algún momento. Por ejemplo, yo tuve una tendencia en una época que eran lo rojo y lo naranja; yo los trabajaba mucho, y lo amarillo, hace unos años ya. Y después mis colores se fueron metiendo para unos azules y unos turquesas.

Pero yo te podría decir que he ido variando mi gama de colores, mi paleta dependiendo de cómo me siento. El color es una manifestación del ánimo del artista.

¿Para usted los colores tienen una significación?

El color siempre tiene una lectura. Por ejemplo, puede ser una lectura política, una lectura cultural. Como yo soy dibujante, trato de dibujar con el color. Yo trabajo mucho los tonos. Si usted se da cuenta, en muchos de mis cuadros hay mucho color, pero también están los tonos. Hay una búsqueda gráfica, además de los colores, y una manera de balancear la obra gráficamente, usando el color.

El rojo hay que saberlo usar porque si lo usas mucho, quemas el trabajo, se pone difícil de digerir para el público, sobre todo aquí, en este país. Es un color muy fuerte para nuestro público.

Yo siento como un rechazo en algunos momentos. Lo utilizo porque a mí me gusta el rojo, pero lo aprendí a manejar. Lo uso en diferentes puntos, pero matizado o balanceado con otros, casi no lo ligo. Lo que hago a veces es ponerle un poco de amarillo al lado para que se ponga anaranjado, al lado o mezclado. A veces le pongo el blanco para suavizarlo.

Cada cual tiene una experiencia distinta con el rojo, pero en mi caso, cuando le pongo rojo, el trabajo es más difícil. Puede tener una provocación, pero la idea final es la armonía y ando buscando algo que sea agradable.

¿Hay alguna explicación conceptual para usar tanto los fondos fuertes en sus obras?

La última serie que estoy trabajando, que tiene el fondo oscuro, el fondo negro, es una forma de resaltar el color, es como si yo quisiera lograr el resultado del color de una manera más contundente, a partir del fondo. Tiene mucha vibración el color de esa manera. Es como si estuviéramos trabajando un negativo también, como en la fotografía.

La idea es venir de lo oscuro a lo claro. Cuando tú trabajas sobre el blanco tú trabajas la oscuridad.

¿Trabajar sobre fondo negro le plantea muchos retos?

Sí, sí. Hay retos, pero hay también ventajas porque el color te da más vibraciones, tiene más fuerza. Un color, para luchar con el negro, es mucho más fácil que luchar con el blanco porque el blanco es la iluminación total, es todo luz. Cuando tú le pones el color se te hace más difícil. Ahora, cuando lo pones arriba del negro te resalta mucho.

¿Es una lucha parecida a la del fotógrafo, con la luz y la sombra, y la búsqueda del equilibrio deseado?

Sí, la pintura, igual que la fotografía, es una creación. Todo lo que se hace en la pintura es una creación, es creatividad. Tú estás creando en todo momento.

¿Qué papel juega el ideal de belleza en la búsqueda de un artista?

Creo que el ideal de belleza, sobre todo en el comienzo del quehacer artístico, es importante. Tenemos esa idea que nos motiva a hacer arte, nos da un empuje y una meta, aunque tal vez luego el ideal sea substituido por la realidad de la obra terminada.

¿Cuáles y cómo fueron sus primeras obras?

Yo estudiaba publicidad en APEC en el 1998 y ahí empecé a tener clases de dibujo, tuve mis primeros contactos con dibujos de bodegones. En ese tiempo yo conseguí unas pinturas acrílicas y unos bastidorcitos chiquitos, unos cuadritos. Yo nunca había hecho pinturas, yo dibujaba, dibujaba mucho, pero nunca había pintado con acrílico, con óleo. Recuerdo que cuando agarré esa pintura, ese pincel, y comencé a mezclar esos colores y a darle a esos cuadritos, me dije: yo ya no voy a hacer otra cosa, esto es lo que yo voy a hacer. Ahí yo me encontré conmigo mismo.

Entre mis primeras obras también hice un retrato, hice una gitana. La vi en ese tiempo como un arquetipo, como una figura humilde y poderosa, casi como una deidad, como una diosa o algo así. Cuando usted la vea se va a quedar loco con ese cuadro porque es una cosa totalmente ingenua, pero con mucha significación.

También hice una marina y unas palmeras con muchos colores y unos puntitos. Era bien naif el trabajo y se veía como una brisa, una cosa llena de vida.

Todavía digo que mis mejores cuadros fueron esos. Eran unos cuadros como de desahogo.

¿Usted viene de una familia artística o de una familia antiartística?

Soy Henríquez, una familia de escritores. Mi abuelo era sobrino nieto de Pedro Henríquez Ureña. Se llamaba José Henríquez Almánzar y pintaba; yo tengo algunos de sus cuadros. Pero ante todo eran escritores, eran ensayistas.

Mi abuelo también escribía, tenía una columna que se llamaba En voz alta y era un señor muy preparado y, al mismo tiempo, muy sencillo, un tipo que vivía en short y en chancletas en su casa el día entero, que se pasaba el día entero en el patio, asomado mirando para fuera. Un hombre con una cultura increíble.

¿El lugar donde creció le aportó algo para desarrollar su vocación artística?

Yo pasaba los días con mi abuelo. Vivía en la Zona Universitaria, que en ese tiempo era aún un barrio medio bohemio, de gente que había pasado ahí toda su vida. Ese era el lugar de mi abuelo. Él siempre me llevaba a los parques. Eso me dio una inspiración de naturaleza, de amistad con la gente del barrio, me dio mucha una inspiración y una memoria de mi identidad.

Cuénteme su obra cuadro a cuadro y exposición a exposición y cómo ha ido cambiado su trabajo conceptualmente.

Mi primera exposición se llamaba Retratos otropicos; fue en el año 2006 en Sao Paulo, Brasil. Yo estudié allá y allá me casé. Acababa de hacer un curso de Artes Plásticas y de Arte Contemporáneo allá.

Expuse treinta obras grandes, 40 por 50. Ahí fue que yo me lancé al arte. A finales de ese mismo año vine para acá y ese mismo año hice mi primera exposición aquí, en Santo Domingo. Fue en Casa de Teatro, con las mismas obras de Brasil. Yo la conceptualicé así: Trópico, Sur, Trópico. Ese fue el título de la exposición aquí. Era un recorrido del trópico como punto de partida, después al sur, y otra vez al trópico.

Ya yo estaba muy empapado de la cultura brasileña, de la cultura tropical. La cultura allá es muy variada y mi trabajo venía con mucha diversidad, era muy colorido, colores fuertes, unos tonos inéditos que no se habían visto aquí.

¿Qué diferenciaba los colores que trajo de los colores tradicionales?

Yo trabajaba mucho una figura humana bien deformada y el color era muy salvaje y muy brillante. Alguien comentó en Brasil que ese era un trabajo lleno de color y totalmente iluminado, y eso me tocó mucho.

Después, a los dos años, hago mi primera exposición en la Quinta Dominicana, que se llamó Miradas insulares. Ahí ya tengo un trabajo más ligado al Caribe, con una tropicalidad caribeña, y comienzan a aparecer unos colores más azules, comienzan a aparecer los turquesas, las figuras pasan de ser unas figuras bien deformadas y se van estilizando de otra manera. Esa exposición tuvo mucho éxito, realmente.

A partir de ahí hice varias exposiciones, una en Casa Italia, que se llamó Oda Reciente, inspirada en la mitología griega. Y seguía con los azules.

¿Qué libros estuvieron presentes en esa inspiración?

Los clásicos. Yo me fajé a leerme La odisea, La Ilíada, el viaje de los argonautas, la tragedia de Esquilo, Sófocles, La metamorfosis, de Ovidio, que es la más importante porque ahí es que hablan de la metamorfosis de los dioses. Me volví loco con eso. En la invitación usé una tipografía media griega y una imagen de la ciudad de Santo Domingo desde arriba, como si fuera una isla griega.

Después de eso hice una exposición de bodegones en el Mesón de Bari. Delgado Malagón me ayudó con eso. Un día me dijo: vamos a hacer una exposición ahí y eso te va a ayudar muchísimo, vamos a hacer unos bodegones. Esa exposición se llamó Impresiones inanimadas.

¿Y después que vino?

Después hice una de papel. Yo tengo una obra muy extensa en papel también. Con eso hice una exposición en el Museo de la Casa del Tostado, en papel y en pequeño formato. Y ese es el lado más constructivo mío. Yo trabajo mucho el dibujo, la idea.

Después hice otra en Brasil con un pintor brasileño llamado Marcos Mitre. Esa exposición se llamó Percepciones; la visión de dos artistas. Ahí presenté obras hechas aquí y obras hechas allá. Seguía con la relación figura y ciudad, seguía con algunos de los trabajos que había hecho allá, que tenían un color bien tropical, había de todo un poco.

Él tenía un trabajo abstracto geométrico. Los de él eran pequeñitos y estaban en el centro. Era una sala grande. Los míos estaban alrededor. Los de él eran 15 por 15 pintados al óleo colores planos, todo abstracto geométrico. Era un intercambio de filosofías.

¿Puede explicar conceptualmente la serie Mujeres sentadas?

Es una serie en la que, a partir del fondo oscuro, trabajo el color brillante, muy vibrante, y es un momento también como de esparcimiento, elegancia yo diría, sensualidad. Es como una madame, con su batica, su orquídea. Eso me da un anhelo de sensualidad. Como hablábamos ahorita, como lo que tú quieres que sea. A mí me gustaría vivir en un mundo así, sensual, con mucho movimiento, brillante. Algunas de las obras tienen nombres, otras no. Su nombre son los colores.

También tengo la serie de los músicos. Los temas de cada serie son distintos, pero siempre se conectan con las demás series a través del color.

Dice el crítico de arte Abil Peralta que la obra suya es un acto intelectual. ¿Cómo trabaja, usted piensa el cuadro y su idea y luego la plasma en el lienzo, o empieza a trabajar y luego le van surgiendo las formas?

Hay varias maneras. Yo pienso el cuadro, pero lo pienso de una manera muy básica. Después viene la lucha por los detalles; los voy concibiendo a medida que va pasando el trabajo. A veces tengo un tema, muchas más veces tengo un tema que una idea.

Trabajaba mucho con la percepción del espectador, y todavía lo hago. Trato de que al final el espectador sea el que te cierre la obra, o cierre el tema. Ahora ya yo sugiero más con los títulos, a cada obra mía yo le pongo un título, pero siempre trabajo con la interpretación del público.

¿Cuándo se producen esos cambios de una obra a otra y de un tema a otro, qué queda como constante en el conjunto de la obra?

Quedan los temas. En algún momento se conectan por el color, en algún momento se conectan por la figura. Yo diría que hay cambios, pero yo veo una continuidad. Hay una oscilación, un cambio de estilo, de tema. Yo cambio mucho de tema, pero siempre hay algo que conecta una obra con otra, aunque sean totalmente diferentes en tono y en color, en técnica y en todo. Pero tú te vas a dar cuenta que algo te lo va a conectar. Puede ser el tema, puede ser el dibujo, puede ser la sensualidad de la figura.

¿Usted pinta lo que lo que ha sido o lo que usted quiere que sea?

También pinto lo que yo quiero que sea. Hay un trabajo de creación, de creatividad, hay cosas que tu anhelas, hay un mundo que tu anhelas, tu quisieras estar ahí. También se representan los anhelos. Son cosas muy profundas que uno representa en la pintura. Son cosas que uno ha visto y son cosas que uno quisiera ver. En portugués se dice saudades de o que non vivi, que en español sería añoranza de lo que no se ha vivido todavía. Es una especie de nostalgia por el futuro, por lo que no he tenido.

¿Cuál es la base emocional de sus obras?

Muchas emociones juegan en un campo artístico. En mi caso podríamos encontrar el anhelo de lo sublime, a veces la alegría, otras la inconformidad y la curiosidad.

¿Cuáles son sus obras más viscerales?

Las primeras. También la serie de los cafés fue muy visceral porque yo conseguía más profundidad en el trabajo, que me hacía falta. Esas me daban eso que uno anda buscando.

Una serie que me gustaría destacar en este sentido es mi serie "Tropicalista" que comencé cuando trabajaba en Brasil. Fue una especie de liberación en términos internos a través del color y la luminosidad. Fueron obras que me abrieron muchas puertas a lo que hoy es el cuerpo de mi obra.

Dicen que un artista, cuando pinta, viaja hacia sí mismo. ¿Cómo se lleva su obra con su yo interior?

Me encuentro con mi yo interno a través de la pintura, yo tengo el contacto conmigo mismo a través de la pintura. Si no tuviera la pintura no sé cómo lo haría. Siento que la pintura me abre las puertas hacia ese yo interno o hacia el inconsciente. Trato de tener mi inconsciente a través de la pintura. Trabajo con arteterapia también. Adquirí esos conocimientos en la vertiente junkiana, que estudia el inconsciente a través de la imagen.

Estudiar arteterapia me ha ayudado a desarrollar la pintura y hacerla más consciente.

Un cuadro es una huella que deja un pintor en el mundo. ¿Pero qué huellas le deja al artista cada cuadro que pinta, humanamente y sentimentalmente?

Cada cuadro es un pasaje de nuestra historia en el mundo. Cuando veo mis obras después de años, siento en cada trazo las sensaciones que he vivido. Un cuadro es una exploración que el artista hace por su propia humanidad.
¿Qué significa para usted el simple acto de sentarse a pintar un cuadro?

Para mi significa una realización, es hacer lo que a mí me gusta y lo que yo quiero. La pintura es un acto de libertad, un acto de encontrarme conmigo mismo. Para hacer una pintura y que esa pintura te represente hay que ser valiente.

¿Cuáles son los colores de la libertad?

En mi caso la libertad es una armonía, tal vez una armonía de colores, en que creas una imagen que te representa. Uno tiene la capacidad de ser representado por su trabajo, por su propia imagen y eso da una sensación de libertad, hace que tú seas libre.

Mire lo que dice Thomas Bernhard, el escritor de lo absurdo: “El destino no tiene otra forma de redención que el arte”. Y mire lo que escribe el poeta polaco Adam Zagaweski en su libro Una leve exageración: “El arte se mezcla con la vida real, emerge de ella y a ella regresa y a veces, incluso, la modifica, la transforma y la moldea a su imagen y semejanza”. ¿Usted es de los que piensa que un cuadro puede cambiar el mundo o, al menos, hacer un aporte a que el mundo sea mejor?

Definitivamente, el arte es un agente activo en la construcción de la realidad. ¿No sería el mundo mucho peor sin las “Demoiselles” d’Avignon de Picasso o sin “La Bonheur de Vivre” de Matisse?

Un pintor sabe siempre dónde están los arcoíris y siempre sabe cómo se puede reinventar el mundo a través de sus colores. ¿En qué debe parecerse y en que debe diferenciarse una obra de arte de la realidad?

La obra de arte toma la realidad como referencia para crear otra realidad que luego se impone. Esto crea un ciclo infinito.

¿Se puede vivir del arte en República Dominicana?

Se vive. Se puede vivir del arte en la República Dominicana. Tú tienes que fajarte, tú tienes que trabajar mucho. Hay muchos artistas por ahí que viven quejándose que si el Estado, que si el ministro de Cultura, que si el gobierno o el mercado, por sus fracasos en el mundo artístico. No.

¿Qué retos debe enfrentar un artista joven para hacer prevalecer su arte?

Creo que realmente existen retos para imponerse en esta profesión. Pero el éxito pasa por la perseverancia y el enfoque. Un artista debe tener la capacidad, primero de producir su trabajo y luego de introducirlo en el mercado, independientemente de los obstáculos que se presenten.
Yo hago mis cuadros y los trato de vender. Algunos los vendo, pues yo vivo de eso. Y claro que sí, se puede vivir del arte.

La gente cree que ser artista es tener la sensación del arte, o sea, que el artista tiene que ser como se ve en el cuadro. Pero no, el cuadro es una cosa, el producto, y el artista es un trabajador, tú lo que estás es trabajando. Es un oficio.

Las aves cambian según los cambios del clima. ¿El arte cambia según los cambios que se producen en la sociedad?

Sí y no. Las imágenes, los medios y los lenguajes cambian, el arte y la necesidad interna son las mismas.

¿Qué hay que hacer hoy en día para vender un cuadro?

Lo importante para vender es estar consciente del carácter objetual del arte. Primero está la reflexión artística y filosófica, las emociones. Ya luego está el producto de estas divagaciones que resulta en un objeto tangible.

¿En el mundo de hoy cuales son las culpas del arte y a qué debe temerle el arte hoy?

El manejo y la democratización de la imagen han banalizado el arte hoy en día. Vemos una infinidad de imágenes, de fotografías, de pinturas repetidas que no tienen ni alma ni discurso ni nada. Pero creo que mientras haya seres humanos con vivencias y sensibilidad, habrá arte auténtico. El verdadero arte siempre va a sobresalir, porque es una representación física del alma.

¿Es verdad que el mercado traza pautas?

A algunos sí, pero a mí, no, yo no lo permito, yo siempre hago lo que yo quiero. Claro, hay trabajos que a veces yo veo que son interesantes para el público y trato de seguir haciéndolo. Pero eso no es malo

Yo hago mi propia investigación de mercado a partir de lo mío, no a partir de lo que yo veo por ahí. Yo veo algo, me dio un resultado y yo puedo seguir ese camino.

Lo que no puede perder un artista es la esencia. Tu solo tienes que ver mi trabajo y cómo va cambiando. Hay artistas que se quedan en una sola línea muchas veces, sobre todo, cuando les va bien.

¿El arte de hoy puede tener dignidad frente a las exigencias de los mercados del arte?

El arte es un instinto y yo pienso que el artista lo que tiene es que seguir con ese instinto, mantener ese instinto, seguir trabajando de una manera objetiva, constante, tratando de tener siempre verdad en su trabajo y ya. Después todo lo otro viene por añadidura. Hay que mantener la dignidad de la profesión

El mundo está hecho de luces, de sombras, de colores. ¿Cuándo se nublan los colores de la vida se nublan también los colores del arte?

Yo creo que no. Puede ser lo contrario. Inclusive, dicen por ahí que el artista trabaja en la ansiedad. Eso te ayuda y te sale un trabajo más dramático, más fuerte y con más significación.

Si son aprovechados, los tiempos de desconsuelo nos sirven como motor creativo. Pero creo que no solo de ansiedades se produce el buen arte. La serenidad también produce mucha belleza.

¿No ha tenido que llorar lágrimas de sangre para hacer valer su trabajo como pintor, como le ha pasado a muchos artistas?

Sí, porque está la ansiedad. He tenido momentos difíciles de mucha tensión. El artista vive de su obra, eso es verdad, pero tiene que luchar.

Yo tengo esta idea: yo pienso que lo que tiene que lograr el artista es que su obra lo sostenga, de una manera o de otra, que lo sostenga emocionalmente, que lo sostenga económicamente, que lo represente.

Usted ha caminado mucho, ha estudiado en el extranjero y ha preparado y expuesto obras en otros países y escenarios. ¿Qué le ha aportado a su obra ese andar?

La experiencia de vivir otras culturas nos produce cambios estructurales muy profundos. Nos damos cuenta de que existen otros códigos que son manejados en otras latitudes.

Algo muy importante que se refleja en la pintura es la luz. En ningún lugar la luz es igual y a medida que pasamos tiempo en otros lugares nuestra sensibilidad y nuestra interpretación de la realidad sufre alteraciones importantes al experimentar otras características luminosas.

Mi obra ha sido enriquecida por estos procesos y ha sido permeada por estas experiencias.

Usted que ha estudiado mucho ¿cree que la creatividad necesita una escuela?

No, no, no realmente. Lo que te da la escuela es que te ayuda a ser productivo, en el sentido de que tú aprendes a trabajar, a usar el tiempo. Eso es lo que te da la escuela.

Yo tengo amigos que son artistas, que son autodidactas, que son muy buenos. Pero la escuela te da una solidez en ese sentido, en el sentido de la parte práctica, yo diría, más que nada, que es la parte de tu producir una obra, de hacer una exposición, de tu comunicarte, de tu comunicarte con la prensa, de todo eso. Eso te ayuda bastante. Y te da una pauta. Pero el artista hace su investigación con su trabajo. La escuela no te va a ser artista. Yo estudié con muchísima gente que no llegó a nada.

Entonces, la escuela ayuda al que está preparado para eso, al que tiene madera. La escuela no te va a hacer un artista donde no hay.

¿Qué quiere un artista que suceda con su obra cuando pase el tiempo y ya todos seamos historia?

Yo no aspiro a la trascendencia de mi obra, yo aspiro a poder seguir trabajando. Mi mayor miedo es yo no poder hacer mi trabajo.

¿La sociedad dominicana de hoy facilita el desarrollo de las artes?

Yo diría que es indiferente, la sociedad dominicana. Pero ojo, eso no puede ser una excusa. El artista, cuando es artista, tiene que fajarse con lo que le toque. ¿A mí me tocó la sociedad dominicana? ¡Pues eso es lo que hay, vamos arriba! Tú nunca me vas a encontrar a mi sentado en ningún sitio hablando mal de no sé qué…, que el ministro de Cultura… Yo siempre estoy en mi casa trabajando. Y a mí lo que me interesa es trabajar, hacer mi trabajo. No me interesa reivindicar nada y no quiero que la gente se solidarice conmigo dizque porque yo soy artista. No, no. Yo lo que quiero es trabajar.

El arte lo supera todo. Las ideas políticas no deben condicionar el trabajo de un artista. Cada quien tiene sus ideas y tiene su simpatía, pero eso tiene que estar por encima.

Estamos hablando de un mundo idealista, pero el arte tiene que ser idealista. Y a cada arte hay que darle sus respetos. Porque tú seas ultraderechista, por ejemplo, tú tampoco puedes decir que el arte de Diego Rivera no merezca sus respetos. Ese arte, aunque tuvo su vertiente idealista, es un arte que también está por encima. Tal vez por la magnífica ejecución que tuvo y las ideas, es un arte que es imperecedero.

¿Qué cosas no deben faltar en el taller de un pintor y qué cosas no deben faltar en la mirada de un artista?

Nunca debe faltar luz en el taller del pintor, es nuestra materia prima principal. La mirada de un artista nunca debe prescindir de curiosidad.

¿Qué debe esperar el mundo de sus artistas y que deben esperar los artistas del mundo?

El mundo debe esperar belleza de sus artistas y los artistas deben esperar realidad del mundo.
¿Qué condiciones debe tener una obra para entenderse con la posteridad?

Las obras que veo que han pasado a la posteridad, tienen una conexión íntima con el alma del artista. Es como si a través de cada trazo viéramos una huella del alma humana.

¿Si es cierto que una obra de arte es historia, qué historia le estamos contando a la posteridad?

Me gustaría pensar que es una historia de sensaciones agradables, de gusto por la vida y de las características que nos hacen especiales como seres humanos.

¿Qué le falta por pintar?

Todo.