(Ficción) 
Calla Crucero Ahrens.

Tadeo y La Maca compartían un apartamento en la Crucero Ahrens, cerca del Malecón. Dos habitaciones, un baño, fregadero y los féferes para cocer los alimentos, lavar la ropa y una  neverita mediana.  Nada de lujos. Todo sencillo. Cálido y frio como la canción de Montaner. Un espacio hípster y escuelita de buenas maneras para domesticar al buen salvaje, al nativo de la Isla como ya veremos más adelante.

Un balcón largo y ancho  era la estrella del apartamento “Mi bosquecito” alardeaba La Maca con sus amigas cooperantes todas oriundas de la nieve y el mediterráneo.

La aragonesa Maca de Macarena ya era casi dominicana. Ya llevaba de diez años comiendo mangú, chivo con yuca y bebiendo primero presidente y ahora Bohemia sin contar con el concubino  Tadeo. Amancebados  desde hacía tres años.

La estrella del lugar, es decir, el balcón estaba lleno de macetas perfectamente alineadas. Una tras otra.   Casi todas sembradas de tomaticos rojos, ajíes verdes similares a los supositorios para el estreñimiento, mandarinas dulces y enanas y una especie de bonsái con una matica de plátanos “muy mona”.

La pareja   conjugaba los verbos follar o rapar    dependiendo del calor de los tragos de Brugal Extra Viejo En ese caso, se rapaba ajumaitos hasta quedar secos y sudados.  Las cogidas con el plus de  Brugal eran similares a las cogidas en cualquier un motel barato.  Solo faltaba la fundita con medio jabón de cuaba, la toalla, el bajo a Mistolin  y el condón Pantene envoltura amarilla.

Si sucedía que una jartura de conejo comprado en El Nacional de la 27  acompañda de  una botella de vino obligaba a una siesta  entonces, el coge gusto adquiría el nombre de follar a la moderada y en plan de recatado misionero para no vomitar el conejo. En esa ocasión se follaba en el sofá de la sala.

En días difíciles, el mete y saca en la cama se tornaba medio aburrido con lentitud de patana. La convivencia se transformaba en un matrimonio artillado de miradas blocks de hielo Alaska, listas para fulminar al contrario   por cualquier discusión pendeja.  Cualquier discusión sobre si comer la espinaca con salsa bechamel o simplemente aceite de oliva y sal era la excusa paa la gran turbulencia emocional, para la super complicación, para el tarugo ni pá lante ni pá trá.

O los celos ¿por qué saludas tanto a mi amiga Raquel? O el cumplimiento de formalidades cuando conviene.  No bosteces cuando estamos en la mesa comiendo con otras personas, es muy mal visto.

La respuesta de Tadeo:  a mí no me jodas Maca, coño bostezo  y bostezo cuál es la maldita vaina con el bostezo.

Había días con sus noches cuando la zona apache bajo techo 24/7 era insoportable dentro de las cuatro paredes del apartamento de mandarinitas enanitas y ajicitos verdes.

Su bajo mundo de miserias pequeñas burguesas se resistía a darle la razón a cualquiera de los dos. El eplote total, claro, sin lanzarse los platos comprados en oferta 2 por 1 en la Sirena de la Mella, la calle preferida de la Maca para comprar los regalitos a la family de Zaragoza.

Maca viajaba todos los veranos a su casa de la calle Bruil frente al parque de mismo nombre donde una vez a Tadeo por poco le vuelan la cabeza dos marroquíes por no  llevar consigo par de cigarrillos.

A su sobrinita le regaló cositas así como  una tamborita con la tricolor dominicana y a su hermana un par de ceniceros dizque de coco.  A   su padre la camiseta XL con el letrero “Coño, que jumo tengo en Santo Domingo”.

A la Maca no le gustaba caminar por el Conde le parecía una calle “hortera. Además, joder, saludas a todo el mundo. Tío, no soy tu guardaespaldas ¿vale?

Al final de cada batalla, Tadeo y La Maca ejercían el tradicional ritual del silencio, No se hablaban por dos o tres días. El la veía salir en panti del baño y no se atrevía a meterle mano. A lo mejor ella deseaba que la atetara contra la pared ¿no? Una samadita random en lo que se averigua el caso.

Solo se rompía el silencio cuando uno de los dos se acordaba de ir a pagar la luz o que se acabó el gas o que Malulé, la amiga haitiana de la Maca viene a limpiar y hoy es jueves y hay que pagarle. Entonces, se hablaban como los bombillitos de Navidad, intermitentes, la cercanía in crescendo al destape de una Bohemia. Sube la marea   y se hace realidad el polvo follomajado en el balcón de los tomaticos rojos que saben a medicina caducada.

Entonces venía el abandono de las trincheras. El armisticio. Pá la calle a toparse con la fauna conocida y a secar los disgustos.  Deciden dar una vuelta por Parada.   Bailar es un apagafuego y darse una quemadita suave con una bachata asesina de Luis Vargas,  mucho más.  Una parada técnica en Parada para retornar a la Crucero Ahrens a pelear porque los gatos la noche anterior destrozaron la funda de la basura. No la amarraste bien, joder, le reclamó La Maca antes del polvo conciliador  post parada.     

Tadeo siempre pagaba mal. Se convertía en el hombre invisible, en el anulado.  Si ella no tenía razón y él le demostraba su error a Tadeo se le caían los palitos. Juicio sumario a la vista en contra del osado por reproducir su legado de poder heteropatriarcal abusivo y violador de los derechos fundamentales justo e imprescindibles para la buena convivencia entre las parejas heteronormativas

Nunca olvidará la noche que la conoció en el Soho Bar de la Zona Universitaria.  Bailaron toda la noche. Dos cervezas presidente calientes fueron suficientes para que ella le advirtiera que esto no va en serio, ¿vale? Así que no te enamores.

La Maca, tan decidida e independiente. Siempre cargada de armas de destrucción masiva contra el racismo, a favor de la comunidad LGBT y luchadora a morir por la igualdad de géneros, ¡ah!  y enemiga de Martin Scorsese por dirigir pelis tan violentas e hiper masculinas

Tadeo comentaba con sus amigos que la Maca imponía un colonialismo doméstico en el nidito de mandarinas culito e pavo de la Crucero Ahrens. Su escuelita de buenas maneras “destinada a” “orientada a” en jerga ONG equivalente a que el nativo de la Isla  aprendiera a comportarse. Joder, tío eres un desastre, a ver si hacemos la vida más llevadera ¿no?

Una mañana sucedió la rebelión de los mansos. La Maca apresuró a Tadeo que todavía se sacaba mocos en el baño  y  que no había tomado café y mucho menos se había sentado en el trono. Ya saben.

Coñazo, es mi día libre, pensó, mi esperadísimo día libre. ¡y viernes! Qué joder.

La aragonesa le seguía ordenando a voces desde la sala.  Tadeo es viernes y tenemos una kermesse con los críos en la escuelita de La Ciénaga.  Enciende el toyotica, anda, date prisa, te alcanzo en el coche.

Hoy no enciendo nada, me voy.

– ¿Para dónde?

-No sé

Aquí no vuelvas si te vas

– No pienso volver.

¿Entonces, ¿quién regará las plantas del balcón? A mí me toca cuidarlas y tú no  tienes buenas manos para eso.

– Pégale candela. Bai.