Santo Domingo, República Dominicana.- Murió, inesperadamente, René Rodríguez Soriano, un día de marzo en que la lluvia se quedó callada para no entorpecer el triste ritual de su partida. Y ahora, ciento veintiocho  días después, martes 5 de agosto, el Instituto Superior de Formación Docente  Salomé Ureña (ISFODOSU) le rindió el mayor homenaje que se le hace a un poeta cuando parte: el homenaje de las palabras.

La ocasión fue la presentación de la Serie II de la Colección Clásicos Dominicanos, una selecta reunión de once ensayos escritos por pensadores dominicanos en tiempos distintos. Y uno de ellos –Imágenes del dominicano, de Manuel Rueda- tiene un prólogo de René.

Dice el poeta Denis Mota, su amigo desde hace cuarenta y ocho años, que el último prólogo de Rodríguez Soriano tiene la magia de su pasión por la escritura. Dice también que todo lo que tocaba, René lo convertía en poesía. “René siempre va a producir, a partir de cualquier materia que se pusiera en sus manos, una obra nueva, a su estilo y con esa poética que le imprimía a cada cosa que escribía”.

René Rodríguez Soriano hace en el prólogo un contrapunteo entre el poeta Manuel Rueda, su autor prologado, y Manuelico, uno de los personajes recurrentes de sus obras.

Imágenes del dominicano, de Manuel Rueda, con el prólogo de René Rodríguez Soriano.

“Volver a las páginas de este libro –escribió allí René Rodríguez Soriano- es retomar aquellos anocheceres ante una fogata de leña y cuaba, donde Manuelico nos dibujaba un mundo en blanco y negro, sin fronteras. Eran otros tiempos y era el mismo país, que un simple trompo de palo santo, se enredó en las largas retajílas de visiones, con sus cegueras respectivas. Manuelico era un dios o un sumo sacerdote, dominaba ese universo de los cuentos de camino, las coplas y los chuines”.

Aludiendo a su personaje Manuelico y al poeta prologado, Rodríguez Soriano tituló su último texto De un Manuel a otro, imágenes que retornan. “René, en toda su obra, tuvo siempre a Manuelico. Manuelico era una constante, escribiendo recuerdos que aparecen siempre en Raíces con dos comienzos y un final, que es la obra que sitúa y define, de una forma trascendente, lo que habría de ser René de ahí en adelante. (…) Manuelico aparece siempre en su obra, en sus cuentos, en su poesía.”

Los criterios expresados por Manuel Rueda en la reeditada Imágenes del dominicano compaginan con el concepto de dominicanidad que tenía René, según Mota. “Aquí encontramos esos aspectos alucinantes que hacen posible la dominicanidad: el dominicano, el ser dominicano, la imagen del dominicano están plasmados” desde las primeras líneas.

En el texto de René “ya hay una aproximación a esa visión que tiene Manuelico sobre ese mundo alucinante del campo (…). Quienes hemos vivido en el campo, hemos nacido en el campo entendemos perfectamente una noche alucinante contando cuentos, oyendo los grillos, las ranas y todas esas cosas que, de alguna manera, se siembran para siempre en el corazón, y un escritor de la naturaleza y de la sensibilidad de René hace brotar en este prólogo, que utiliza a Manuel Rueda y al ser dominicano como motivación para adentrarse en todo lo que somos como pueblo.”

El prólogo de Rodríguez Soriano escrito para la Colección Clásicos Dominicanos, de ISFODOSU, es un condensado ensayo de cinco páginas sobre el ser dominicano y sobre sus maneras, sus costumbres y sus colores. Y en el texto confesó el poeta las emociones que le provocó la relectura del texto de Rueda.

“No es casual –observó- que este pequeño libro me provoque ganas de desandar ciertos trillos, perderme y encontrarme en los meandros y escondrijos de esa verdad que somos y de la cual, quizás por indolencia o apatía, conocemos tan poco.”

Rodríguez Soriano definió Imágenes del dominicano como un libro singular, que va más allá de lo que pueda decir cualquier postal o reportaje de tono colorista; un libro a través del cual se oyen, se ven y se tocan los sonidos, los colores y las cosas. Y a Manuel Rueda, como un “autor diestro en la creación de escenarios, excelente conversador y dueño de sólidos conocimientos sobre el tema.”

“No es casual –comentó el prologuista- que tan pronto se cruza el pórtico uno se sienta recibido en el alero de un bohío o sentado al borde del camino seducido por esa voz totalizante que lo cuenta todo, sin falsos postulados ni adhesiones. De modo que, a poco de adentrarnos por las páginas del libro, perdemos la noción de los sentidos.”

“A través de sus páginas –prosigue el poeta Rodríguez Soriano-, como si de un detallado tiro de cámara se tratara, isla, país, paisaje y paisanaje —juntos, mas no revueltos— revisitados en sus más íntimos rincones, ofrecen una panorámica de esa camaleónica verdad que somos y que, a regañadientes y con truño, la mayoría de las veces nos vemos compelidos a aceptar. Desde el canto de hacha, que se encumbra como chichigua plena de color y altivez, hasta los sinsabores, como los huracanes o los malos gobiernos que de tanto en tanto talan y ensombrecen estos Pueblos del Mar, sirven de paleta a un escritor en pleno dominio de su oficio para urdir a mano alzada un prolijo y artero lienzo sobre la «contradictoria y atormentada» realidad dominicana. Todo en su lugar y en su justa dimensión.”

¡Qué dicha habría sido tenerlo aquí!

Los títulos reeditados por el ISFODOSU son La utopía de América y Seis ensayos en busca de nuestra expresión, de Pedro Henríquez Ureña; Ideas de bien patrio, de Ulises Francisco Espaillat; Ideario feminista 1919, de Abigail Mejía; Imágenes del dominicano, de Manuel Rueda; y Perfiles y relieves, de Federico García Godoy. 

También Invitación a la lectura, de Camila Henríquez Ureña; La República Dominicana, una ficción, de Juan Isidro Jiménes Grullón; Feminismo, de Ercilia Pepín; y Análisis de la Era de Trujillo. Informe sobre República Dominicana 1959, de José R. Cordero Michel.

Los prologuistas de las obras son Adriano Miguel Tejada, Andrés L. Mateo, Ángela Hernández Núñez, Franklin Gutiérrez, Ida Hernández Caamaño, Julio Sanchez Maríñez, Quisqueya Lora H. León David, Miguel D. Mena y Rubén Silié.

Denis Mota fue invitado especial al acto virtual de presentación de los libros, en su calidad de amigo de René, de compañero de andanzas nocturnas y de cómplice en la vida y en la literatura. Carmen Polanco, la esposa que lo acompañó en cada libro y en cada tramo de la vida, también estuvo allí, entre los presentes.

“¡Qué dicha habría sido tener aquí a René”, exclamó el rector de ISFODOSU, doctor Julio Sánchez, antes de leer una nota In Memorian que quedó estampada en el libro Imágenes del dominicano, en tributo al autor de No les guardo rencor, papá, Solo de flauta, Raíces con dos comienzos y un final y Juguete sagrado:

“In Memorian. René Rodríguez Soriano, prolífico y reconocido escritor dominicano radicado en Estados Unidos, falleció el 31 de marzo de 2020, días después de producir este, que fue, quizás, el último de sus escritos al público. Tan pronto René conoció de la naturaleza y los propósitos de las colecciones editoriales del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, accedió de manera altruista y entusiasta a colaborar con el prólogo de su autoría para esta publicación. Sirva esta edición para rendir tributo desde La Pedagógica Dominicana al poeta y amigo ido tan a destiempo y agradecer su gesto de colaborar desinteresadamente con la Serie II. Ensayos, de la Colección Clásicos Dominicanos.”

René Rodríguez Soriano nació en Constanza, el reino de la lluvia y la neblina, el 22 de septiembre de 1950, y murió el martes 31 de marzo de tardecita. Antes de partir tuvo el detalle de dejar esto entre sus últimas palabras:

“Recuerdo haber dicho por ahí que cada niño debió tener, en vez de una tablet o un celular, un Manuelico que le dibujara un mundo sin fronteras cada noche, antes de irse a dormir y a soñar con las historias del próximo día. Ahora se me antoja que cada uno de nosotros debería leer bien seguido y en voz alta, estas Imágenes del hombre dominicano, a ver si no duele y amarga ser y saber quiénes somos y de dónde venimos.”