SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Desde la infancia, crecí de la mano de las caricaturas invadidas de superhéroes. Unas buenas, y otras no tan buenas. Pero debo admitir con el sigilo que me permite memorizar las pesquisas del pasado, que todos los superhéroes son líderes. Líderes ególatras.
Admitir la egolatría de dichos superhéroes sólo se consigue cuando se tiene una cierta edad que te permite disfrutar de una gran o nimia madurez, ya que en nuestra infancia, esos personajes de caricatura son seres perfectos. “Las actitudes no se heredan, se aprenden” dicen los psicólogos. Esos niños esponjas, aduladores de líderes petulantes, son los hombres del presente, maestros, arquitectos, médicos, artistas.
Hurgando un poco en el baúl de los recuerdos, un atisbo ronda en mi memoria trayendo en la palestra de este artículo frases como: “Yo soy el protector de la tierra”. “Yo soy el gran guardián”. “Por el poder de Greicol, yo tengo el poder”, “El universo, está en mis manos”, entre otras.
Hoy en día es común escuchar frases de muchos artistas que provienende un orgullo casi irreparable. Individuos que tiene un ego convenienciero u oportunista, que debido a lo que ellos mismos entienden que han hecho o aportado al arte, merecen una recompensa, que no es lucrada ni saciada por artículos de prensa (muchas veces pagados mediante el oficio de las relaciones públicas), comentarios en programas de arte, o retroalimentación de los colegas de profesión, sino que también requieren utilizar el recurso de la “auto-importancia y vanagloria” (la cual curiosamenteproviene de un complejo de inferioridad), cuya simiente es la arrogancia.
De ahí les sirvo a su antojo un plato de frases insuperables por cualquier anime: “Yo soy el hombre que mas sabe de teatro de este país”, “Yo soy el único actor que aún queda en este país”, “Yo soy el semi-dios del teatro Dominicano”, “Yo soy el único director de teatro que hace puro teatro”, “Yo soy el mejor actor del país”, “Yo soy el único director de teatro contemporáneo de este país”, y por último no debo obviar la relevación del momento, la frase más irrisoria, “Nosotros somos el único grupo de teatro contemporáneo de este país”.
Una interrogante surge en el aire: ¿Será que esas grandes “glorias vanagloriadas” del teatro dominicano, no ven teatro? ¿O será que utilizan la palabra cliché “contemporáneo” para justificar los improperios de su teatro perfecto?
Es común escuchar estas frases al final de un montaje. Los directores escogen el momento de los agradecimientos, para ofertarse como productos acabados de primera fila, provisto de la calidad suficiente como para estar en el escaparate de cualquier tienda de La Quinta Avenida de New York.
Lo que muchos de estos artistas ignoran o prefieren ignorar, es que este tipo de frases cada vez más común en artistas adultos que sobrepasan los 30, le ponen el sello al artista de pedante, egocéntrico, petulante, además que provocan que al momento justo de salir de una función, el público entre dientes comente la desfachatez que ha sido de aquella autoproclamación (con méritos escasos en muchos casos)que a veces también suele ser pronunciada de la boca de algunos llenos de problemas morales y actos enmarcados en el desprestigio.
Entre los artistasque conoce quien escribe, los más allegados son personas de teatro, danza, performance, cine, fotografía, y música. Lo curioso es que si fuese a destacar grandes hombres y mujeres de algunas de estas artes, mencionaría a grandes trabajadores y desafiantes del arte y la sociedad, que al finalizar un espectáculo no sale de sus labios otra cosa que no sea: “Gracias por su apoyo”.
Por desgracia, revelo aquí que entre estos artistas a los cuales hago alusión más arriba que agradecen humildemente al finalizar un espectáculo, no incluyo a todo el colectivo que hace teatro, salvo unos pocos. ¿Por qué? Porque la casualidad nos cae de golpe magullando nuestra espalda, al saber que estas frases de “superhéroes” sólo las he escuchado por gente de teatro.
Es como una especie de enfermedad que crece y al parecer no tiene cura. Esas frases que parecen sacadas de historias de caricaturas, son tan reales como la gente que las dice. Da la impresión, que el asunto no es exclusivo al ego, sino también a la edad, porque dicho escepticismo a lo nuevo, se incuba en mentes de directores bastos en experiencias.
La pena es que los jóvenes se proyectan en ellos, contagiándose de su enfermedad de vanagloria. Pero para desgracia de dichos directores, hay gente joven que sin necesidad de auto-vanagloriarsu imagen o figura, el trabajo que desempeñan habla por sí solos, al punto que la prensa le responde positivamente sin necesidad de pago, ni el vicio de auto-adularse.
Al parecer estamos llenos de líderes y superhéroes autoproclamados; con el cuerpo de un superhéroe para defender sus ideas sin importar sin son erróneas o no, con la visión de un superhéroe para identificar en el público a sus enemigos, con la velocidad de un superhéroe para contra-atacar cualquier sutil o mediana ofensa, y con el ego y la creatividad de un superhéroe para inventar las frases mas ególatras e insuperables por cualquier caricatura. Éste país está lleno superhéroes, pero a todos les falta algo: “LOS SUPERPODERES”.