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“El patito feo”, del extraordinario Hans Christian Andersen (1843)

En su original manera de contar, Andersen muestra su maestría creativa desarrollando ambientes, escenas y personajes, descritos por dentro y por fuera, tan vívidamente, como si se tratase de una pintura o más bien de una película ante nuestros ojos.

Por Karina Castillo

Hans Christian Andersen

El patito feo, el clásico traducido a más de ochenta idiomas y escrito por el danés Hans Christian Andersen, uno de los máximos representantes de la literatura infantil y juvenil universal, es más que la historia de un ave que creció creyéndose pato para transformarse en el “príncipe” del estanque.

Y es que “no importa haber nacido en gallinero, cuando se nace de un huevo de cisne”.

En su original manera de contar, Andersen muestra su maestría creativa desarrollando ambientes, escenas y personajes, descritos por dentro y por fuera, tan vívidamente, como si se tratase de una pintura o más bien de una película ante nuestros ojos.

Todo comienza en el campo, en verano, “cuando el trigo estaba amarillo y la avena verde…y la cigüeña había aprendido el lenguaje de su madre”.

Y en una “casa señorial, una pata empollaba sus huevos, hasta que todas “las yemas cobraban vida cuando asomaban sus cabezas”, excepto una. La de aquel huevo grande que una vieja amiga sugirió podría tratarse de un pavo.

La madre estaba orgullosa de sus patitos amarillos y hermosos, pero se sorprendió cuando el último en salir era grande y gris, completamente diferente a los demás. En lo único que los superaba era en que, cuando llegaron al lago, nadaba con más destreza.

En un principio la mamá pata lo excusaba frente a los demás miembros de la granja, pero luego todos, incluso ella, lo rechazaron; y solo escuchaba de ellos palabras de desprecio: “es muy grande y diferente, hay que alejarlo”.

Y lo consiguieron. El patito feo voló la cerca y huyó al pantano, donde vivían los patos salvajes. Al verlo, ellos recalcaron su aspecto, pero de todas formas le invitaron a convertirse en un ave migratoria. Sin embargo, decidió quedarse entre los juncos por varios días hasta que el “pum, pum” proveniente de los cazadores, seguido por la caída de unos gansos al agua y los dientes afilados de los perros, hicieron que retomara su camino.

Encontró una choza “tan ruinosa que no se decidía hacia qué lado caer”. Allí vivía una anciana con una gallina y un gato, a los que consideraba sus hijos. Ellos aceptaron recibir al patito por tres semanas, pues se jactaban de su filosofía de vida y tenían por consigna “nosotros y el mundo”.  Aunque nuestro protagonista pensaba que “era cuestión de opinión”.

A lo largo de la historia, Andersen muestra trazos de la naturaleza y conducta humanas, de una forma sutil y fluida, envueltos en diálogos un tanto filosóficos y con cierto tono de ironía. Su estilo narrativo posee una extraordinaria armonía entre el arte literario y el trasfondo social, lo que hace que su creación sea universal y atemporal.

El patito se sentía fuera de lugar una vez más. Anhelaba “flotar sobre el agua, cubrir con ella la cabeza y llegar hasta el fondo”. No quiso aceptar la propuesta de sus anfitriones, de “poner huevos, ronronear o echar chispas”, por ello, salió de nuevo a recorrer “el ancho mundo”.

En su nueva aventura, divisó un día a unos cisnes y, sin saber por qué, sintió una fuerte conexión con ellos. Pero de nuevo su inseguridad lo hizo alejarse.

Tuvo que pasar varios sustos y un crudo invierno, hasta alcanzar la primavera. Pudo ver en el lago a las majestuosas aves, mas esta vez decidió acercarse, aunque lo rechazaran. Cuál fue su sorpresa al observar su reflejo en el agua cristalina. Ya no veía “un pájaro feo y gris… él también era un cisne”, que extendía sus alas y alargaba su cuello, haciendo el mismo canto de sus hermanos.

El patito feo es un excelente ejemplo de “contar la vida” de una forma hermosa, honesta, sin sermones ni acomodaciones. El lector siente la libertad de leer y sacar sus propias conclusiones mientras disfruta.

Nos enseña que solo habrá un “final feliz” cuando perseveremos en la búsqueda de nuestra esencia, aceptándonos y aceptando a los demás, cuando aprendamos a ser resilientes y no conformarnos ni al rechazo, ni a la pena, ni al fracaso, ni a la crítica sin sentido.

Podemos decir entonces, que el patito “feo y desgarbado” de Hans Christian Andersen es más que un cuento para niños. Es una historia para toda la gente, la cual nos motiva a vernos reflejados en las aguas cristalinas del lago, a nadar y zambullirnos felices y levantar la cabeza, orgullosos de nosotros mismos.

Reseña y citas de la versión en español de El patito feo, de Hans Christian Andersen, tomada del libro El ruiseñor y otros cuentos(Alfaguara Infantil, Uruguay, 2008). Textos originales de Hans Christian Andersen. Ilustraciones de Víctor García Bernal

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