SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El montaje del Diario de Ana Frank, producido y dirigido por Antonio Melenciano supone, en primer término, la entrega estética más elevada que ha aportado a la escena dominicana, debido a la densidad del tema y a los recursos que despliega y que se concretan en un elenco que aceptó la responsabilidad, una acertada selección de quienes fueron responsables de la dirección de arte y recreación de época, la escenografía de multiniveles y la iluminación.
Se trata de una presentación histriónicamente multigeneracional, que concentra talentos conocidos y aplaudidos y figuras juveniles, desconocidas hasta el momento presente.
Hay que confesar que al ver la pieza, nos resultó nostálgico y referente el quehacer teatral de los años 80´s que hacían, en esta misma sala dos directores (uno de los cuales ha dado nombre a este espacio): Máximo Avilés Blonda y Rafael Villalona. Fue un fresco recuerdo.
La experiencia de El diario de Ana Frank es un precedente en el teatro criollo que revela la valentía de un hombre y el arrojo de un grupo de artistas.

Gloria Brown
Una señora judía, superviviente del Holocausto, acompañó todo el proceso de montaje asesorando en ciertos detalles.
Gloria Brown fue presentada al final del montaje por Antonio Melenciano, y utilizó los minutos de su alocución al público para solicitar que nunca más se repita en la humanidad, un episodio de matanza colectiva, motivada en el racismo, como la de los nazis de la Alemania supremamente Aria.
Está presentándose en el Palacio de Bellas Artes.