(A.M): Pero también, le paso a Eugenio María de Hostos, del cual tú haces referencia y en las ocasiones que hemos disertados juntos sobre Hostos, tanto a aquí como en Puerto Rico,  he llegado a decir, en algunas de esas conferencias que entre la cartografía real y virtual que se ha realizado del intelectual de Eugenio María de Hostos (1839-1903), se encuentra en primer plano, la del humanista Pedro Henríquez Ureña, quien  dijo poco después de su muerte, que Hostos había nacido en Puerto Rico, educado en España y que como intelectual se encontraba en la avanzada de la civilización moderna; realizó su obra más notable en Santo Domingo, ya que fundó 1880 la Escuela Normal, en la cual fue alma, verbo y brazos, todo, hasta que le hicieron salir del país en el 1888 el fanatismo de los ultramontanos y los manejos políticos del dictador Heureaux, a quienes repugnaba la racionalidad de su enseñanza. ¿Hostos también vivió procesos sociales y políticos que lo colocaron en lo transido, al igual que le pasó a Bolívar y Duarte, entre otros que han luchado por la construcción de proyectos sociales y de emancipación? ¿Hoy como ayer, el proyecto democrático y dialógico  en América latina, sigue transido, sigue en la inestabilidad social y política?

(R.M): Todos los grandes hombres de América, Bolívar, Duarte y Hostos, por poner tres ejemplos que mencionas, vivieron en una realidad atravesada por la pobreza, la ignorancia y el subdesarrollo material y espiritual. Eran estas sociedades enfermas e incompletas que estos prohombres querían cambiar.

Es lógico que sufrieran frustraciones y desilusione, qué todo marchara bien y sin tropiezos, imposible de pensar en cualquier circunstancia y época, con más razón en aquellos momentos aciagos. Hostos quería educar y humanizar una sociedad donde no existía sistema educativo alguno, donde el humanismo, con sus ideas sobre la dignidad humana no se conocía. Entonces, era casi lógico y normal que sus concepciones sociales, antropológicas, políticas y morales, chocaran con el escolasticismo de los sectores retardatarios de la sociedad.

La labor de regeneración social más fructífica de Hostos fue la realizada en Santo Domingo, particularmente la fundación de la Escuela Normal (1880), un proyecto socio-educativo dirigido a formal hombre libres, socialmente competentes y moralmente buenos, que aspiraban a buscar el bien y la verdad. En la lucha contra la dictadura de Lilis, los normalista fueron exitosos, y el testimonio de Pedro Henríquez Ureña, en su artículo de 1903, inmediatamente después de la muerte del maestro, en el sentido de que el tirano de turno solía comentar por debajo, que no le gustaban los discípulos de Hostos porque caminan con la frente muy en alto, es elocuente al respecto.

El desprecio de los “ultramundanos” es por el contenido crítico, revolucionario y transformador de la obra de Hostos, en cualquier sociedad enseñar a pensar para la libertad, así como educar la voluntad y la inteligencia, con el propósito de generar un sujeto social y moral libre y decidido a contribuir con el progreso de su pueblo, siempre ha traído problemas.

No hay dudas, Hostos, Duarte y Bolívar, sufrieron derrotas, desengaños, desilusiones, pero hicieron su trabajo. La labor de Hostos fue ciclópea y transformadora, y en ese esfuerzo contó con el apoyo entusiasta de mucha gente buena, que creyó en la necesidad y viabilidad de esa obra regeneradora, pero todo no fue color de rosas, aparecieron quienes lo vituperaron y lo desconsideraron; otros, como Meriño, por diferencias ideológicas, visión distinta del hombre,  la sociedad y la vida en general, hicieron causa común  con los malvados, colocando obstáculos, a fin de que el templo de la razón y la verdad que Hostos quería edificar no se convirtiera en realidad, echando raíces en la tierra fértil y virgen de la dominicanidad.

En su lucha triunfaba y fracasaba, se caía y se levantaba, sin despejar sus temores, respecto a la ignorancia y la miseria, “dos aliados perversos de la filosofía y la filantropía…que dan armas a la hipocresía, a la iniquidad, al despotismo, perpetuos rehabilitadores de todas las causas contra humanas…” (Citado por Lugo, 1993: 225).

Eugenio María de Hostos

(A.M): En el libro Modernidad e Ilustración en Santo Domingo (2011, Pp.49-72), te refieres a los intelectuales Antonio Sánchez Valverde, Andrés López de Medrano como los primeros ilustrados que cuestionaron todo el pensamiento escolástico, aun dentro de su función de serviles en el país a la corana española. Sánchez Valverde tuvo influencias de pensadores franceses e ingleses, conocedor de la filosofía de René Descartes y crítico de las ideas cosmológicas aristotélicas y López Medrano tuvo influencia de la filosofía de Condillac, quien fue discípulo del filósofo John Locke; sin embargo, López de Medrano fue un funcionario al servicio de la corona ¿Cómo pudo ser crítico social, aun estando bajo la tutela del poder de la corona española? ¿Afectó esa crítica a ese poder imperial?

(R.M): Antonio Sánchez Valverde (1729-1790) y Andrés López de Medrano, son nuestros modernos e ilustrados por excelencia, aunque su pensar luce tan incierto como débil, sin embargo, ambos representan la cumbre del pensamiento crítico en su momento.

Puede considerarse a Sánchez Valverde como a caballo entre la escolástica y la modernidad, pero nunca rompió con la primera, mucho menos con el poder fáctico que sostenía la Iglesia, y sus inconsecuencias, en esa búsqueda permanente de canonjías, lo ponen de relieve.

Diríamos que fue inquieto, que realizo sus críticas a la escolástica desde las estructuras de poder, al estilo de los representantes del despotismo ilustrado del siglo XVIII europeo, que esperaban a realizar ciertos cambios en la obsoleta maquinaria del antiguo régimen social, pero sin abrirse a cambios radicales conforme al programa moderno.

Por otro lado, tengo a López de Medrano, como nuestro ilustrado principal, sus Elementos de filosofía moderna, dirigidos a la juventud dominicana, así lo atestiguan. Hizo un esfuerzo por ser coherente, vinculando sus ideas con la práctica social y política de la época.

En mi libro modernidad e ilustración en Santo Domingo, escribí; “realizo un permanente uso público de sus ideas, contribuyendo a la educación política y social del pueblo dominicano, y fue una de las principales figuras del movimiento de la Independencia Efímera que pretendía integrar la Republica Dominicana la gran Colombia” (Morla, 2011: 58).

López de Medrano y Sánchez Valverde fueron críticos con su realidad, el segundo con más profundidad y calidad. Ambos se inscribieron, dentro de la corriente del despotismo ilustrado, que aspiraban a mejorar el sistema, más no cambiarlo.

Estos hombres mostraron su disconformidad con el estado de cosas, ejerciendo una crítica interna, que en ocasiones subía de tono, por cuya causa estos sujetos se hicieron incómodos para los ministros y representantes del antiguo régimen colonial, que no se confiaban plenamente en ellos, dándoles el seguimiento debido. Ambos críticos, Sánchez Valverde y López de Medrano, afectaron los poderes fácticos de la sociedad colonial.

(A.M): El filósofo Alejandro Arvelo, en su obra “Andrés López de Medrano. criollismo, dominicanidad e hispanismo”(2016), nos dice que este intelectual mantuvo una relación estrecha con la Iglesia y con el Palacio Arzobispal , desde 1813, empieza a impartir Lógica, Matemática y Ética, en sus Cátedras de Filosofía del Colegio Seminario de Santo Domingo., continuación de la Universidad Santo Tomás de Aquino. Su libro, Lógica. Elementos de filosofía moderna, destinados a la juventud dominicana, publicado en el 8014, estuvo santiguado por el Arzobispo de Santo Domingo, el doctor Pedro Valera, a quien lo dedica. Con relación a esto, Arvelo dice: “La dedicatoria al Arzobispo es apenas el primero de una serie de gestos y expresiones indicativos a su religiosidad” (P.36). 

(R.M): Andrés López de Medrano fue un intelectual crítico, lo cual se desprende de su discurso y su práctica política, participando como dirigente en el esfuerzo por constituir el Estado Independiente de Haití Español, que separaba la colonia del Este de la Isla de Santo Domingo, acción política que nos alejó de España, hasta la anexión del territorio en 1861.

Claro que mantuvo en la Iglesia católica, una relación conveniente y de sobrevivencia, ingresando a la cátedra con la anuencia del Arzobispo Valera, que también fue su mecenas, puesto que publico su lógica en 1814 en la imprenta del arzobispado. La miseria de la época y la propia emigración de los jesuitas, que llevó a la escasez de profesores, como a la atenuación de las contradicciones sociales, pudieron haber favorecido el acercamiento de López de Medrano y la Iglesia de la época.

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