(AM): La filosofía hermenéutica se fundamenta en la noción de interpretación, lo dialógico, lo plural y lo abierto de la realidad contra toda interpretación monita o dualista de la realidad. Tal filosofar concibe la naturaleza siempre como historia, no como algo bruto o desnudo, al margen del lenguaje y la cultura. De ahí tu puntualización, en cuanto a “la superación de la naturaleza por la historia” y cuando citas Ortiz-Osés, de que “no hay hechos brutos ni naturaleza desnuda: la naturaleza es, siempre ya, naturaleza histórica” la cual cobra “sentido como «acontecimiento» (humano) y no mero acontecer del hombre”, lo que significa “un acontecimiento globalizador y no sólo individual o personal” (ibid., 73). ¿Se trata de entender el acontecimiento entre el plano de lo local y global, o sea, la glocalización?

(EM): Ciertamente, el acontecer humano se encuentra entre local y lo global. Es decir, lo que ocurre me afecta como individuo, pero con formato globalizado. En el sentido de que acaece en otras culturas, en otros espacios, en otras colectividades. Se trata de «lo glocal» como resultado del fenómeno de la globalización, la cual entiendo como un enorme accidente del mundo del hombre.

Diálogo filosófico entre Andrés Merejo y Edickson Minaya.

Pero globalización, posmodernidad, sociedad de la información y del conocimiento responde a lo que Heidegger llamó en su momento como “época de la metafísica cumplida” o “época de la imagen del mundo”. Yo convengo llamarle como «época o era de la finitud», en la que se consuma el proyecto de racionalización de la sociedad occidental. Donde finalmente, se efectúa el deseo de hacer del ente no solo unidad del pensamiento, sino además el reino de lo hacedero de todo. Por esa razón, veo en la globalización uno de esos nombres que expresan un cambio que ha generado un enorme accidente: la de llevar a cabo el vaciamiento de la metafísica occidental como formando parte de su historia; accidentando también, la forma en que se configuran los saberes, nuestro mundo, su imagen y su nuevo «agente». El punto es, que la tecnología de punta como “maquina” que participa en la economía del capitalismo tardío, ha jugado un papel fundamental en esas transformaciones que he mencionado.

Bajo este espíritu, se debe realizar una reflexión ontológica del sentido de la sociedad, que tome en cuenta estos horizontes; que ayuden a esquematizar lo que llamamos “figuras de lo global”. Es decir, “maneras de representarse” esa globalización desde el mundo de la vida, desde la experiencia del saber y el conocimiento a partir de discursos, textos e imágenes. Esas “figuras” fungen como “lo instituido” por la globalización desde diferentes prácticas. Y al hacerlo, son ahora esas imágenes, esos discursos, esos textos los que hablan de ella. Entiendo que solo de este modo, se puede alcanzar la dimensión semántica y semiológica del fenómeno, apelando al diálogo entre autores y desde una cuidadosa comparación; del contraste de diferentes posiciones en torno al papel del saber y el conocimiento en un mundo global. Claro está, que esta actitud teórica responde a un permanente diálogo con la actualidad, donde no se sustraiga ni a la intuición de lo dado, ni al conflicto de las interpretaciones.

No obstante, estamos de acuerdo en sostener que es difícil determinar un concepto de globalización, por el hecho de que se ha convertido en un “cliché” al uso y abuso. La idea corre similar a una moneda muy manoseada y gastada. Pero, independientemente de cualquier posición que pretenda dar con una “definición estable” sobre el término, ‘globalización’ es una noción que intenta dar cuenta de la condición humana contemporánea y aunque sea, relativamente, un “fenómeno nuevo”, no cabe dudas de que existen antecedentes y que el análisis de estos puede ayudarnos a entender su evolución en la historia y su impacto en el ser humano.

(AM): Las contribuciones de la propuesta hermenéutica simbólica de Andrés Ortiz- Osés, parte de la antropología filosófica y cultural que se articula al lenguaje, esto se fundamenta en los planteamientos de tu texto: “Sus primeras obras de importancia constituyen una apreciada y compleja trilogía que se compone de los siguientes textos: Antropología Hermenéutica (1973), Mundo, hombre y lenguaje crítico (1976) y Comunicación y experiencia interhumana (1977). Este conjunto se encamina hacia la construcción interdisciplinaria de su hermenéutica simbólica, pero tomando en cuenta a las ciencias humanas.” (ibid., p.66).  ¿En qué consiste esa propuesta simbólica?

(EM): Esta hermenéutica parte de la noción de símbolo y la “naturaleza simbólica” del ser humano. Se centra, además, en la cuestión del sentido partiendo de la realidad de que el ser humano es un animal simbólico como lo pensó Ernest Cassirer, cuya influencia en Ortiz-Osés es central, pero también Jung, Heidegger, Gadamer y Amor Ruibal.

Te podría resumir sus objetivos en tres aspectos fundamentales: primero, llevar a cabo una hermenéutica simbólica concibiendo al símbolo como la mediación dialógica entre espacios culturales distintos. Desde aquí emerge una de las categorías fundamentales de esta propuesta: la de «implicación». Segundo, efectuar una “hermeneutización” del pensamiento actual. Esto significa: tomar conciencia de que toda posición teórico-práctica en filosofía es interpretación, independiente de que se reconozca este fenómeno. Significa también, retrotraer las filosofías contemporáneas a su base hermenéutica; de ahí su diálogo permanente con algunas corrientes de pensamiento, pues, proporcionan herramientas metódicas para tratar los temas propios de esta hermenéutica simbólica. Y tercero, construir una concepción del sentido, del ser, del conocimiento, de la realidad y el ser humano en términos de implicación y lo relacional, involucrando nuevamente lo simbólico.

El filósofo y sociólogo Josetxo Beriain

A partir de estos propósitos básicos, la hermenéutica simbólica ortizosesiana pretende: a) integrar en una unidad, “las diversas y dispersas interpretaciones en la soledad de su incomunicabilidad o incomprensibilidad”. Dando a entender que el terreno propio de la hermenéutica es el reino de lo conmensurable. La pretensión de la hermenéutica simbólica es comunicar lo incomunicado: el símbolo, el simbolismo, los lenguajes simbólicos que enuncian una vida de imágenes y conceptos a través de distintas experiencias y saberes. La hermenéutica simbólica es un esfuerzo por comprender su sentido; b) “hacer justicia” a ciertos contenidos de la tradición ya olvidados, no entendidos o atendidos, mediante una comprensión que dé a cada significación (texto) su lugar, dentro de un evento de sentido conformado por la cultura. Por eso, prefiero hablar de “justicia hermenéutica” c) de cara a la interpretación de los textos, los símbolos y la cultura, Osés afirma que: “Una hermenéutica [simbólica] tratará de rescatar y amplificar su sentido perdido, de recobrar un tiempo olvidado y regenerar un espacio de interpretación actualizadora” (1976, p.144); esto significa que uno de sus intentos es hacer valer un contenido por medio a su actualización según su implicación con nuestro presente; d) precisar la consistencia de diversas interpretaciones, poner “los puntos diacríticos que hagan posible su lectura”. En esta perspectiva, se comprende que toda interpretación asigna valor de posición y por ello, e) la hermenéutica busca “una comprensión totalizadora de los lenguajes específicos que integran nuestra contemporaneidad” (1976, p.157). De tal suerte, que la hermenéutica simbólica tiene carácter interdisciplinar; f) Por último, lograr una hermenéutica adecuada de un texto es equivalente a obtener las “relaciones esenciales que pueblan todo signo: y un texto o contexto es un signo, un signo de signo” (1976, p.175). Acorde con estos fines, la hermenéutica intenta “re-descubrir” cada texto y darle valor merecido, proponiendo la “re-lectura” de sus perspectivas en clave simbólica y antropológica.

En efecto, con Osés vuelve a retomarse el carácter mediador de todo texto frente a cualquier teoría que intenta instrumentalizarlo. Más allá de un instrumentalismo (el texto como caja de datos que informan) se trata de restablecer su analogía con el signo y poner al descubierto su “semántica profunda”. Esto significa que la comprensión del texto se logra a partir de la “cosa” de la cual se habla y en la forma como se habla. Así, desde esta práctica se funde estructura y sentido. Relación que siempre debe tomar en cuenta el intérprete.

Acorde con esto, el filósofo realiza una interpretación del mundo que exige referirse constantemente a la tradición insertando “aquello” -la experiencia- que se intenta interpretar. O el mundo como referente trascendental de la interpretación.

(AM): Andrés Ortiz- Osés, se inscribe en la visión de la interpretación simbólica, resultado del lenguaje, que no empiezan en los conocimientos especializados de estrecho enfoque disciplinario y científico, sea la propia filosofía o antropología. Más bien empieza con una interpretación de nosotros mismos, se trata de autocomprensión mediada por el mito, la cultura y la visión del mundo. ¿Se parte de una relación con la cultura-lengua- sociedad?

(EM): El concepto de cultura que propone Ortiz-Osés, y que yo defiendo, está relacionado con la comunicación y su imbricación con la experiencia del sentido. Desde esta propuesta hermenéutica, se restablece el continuo entre «comunicación-cultura», entre «cultura-lengua-sociedad». En efecto, la “esencia” de la cultura reside en ser comunicación, y comunicación dice transmisión de mensajes e información como base fundamental de la vida social y la creación o innovación. Es decir, semiosis y hermeneusis están integradas en la producción y circulación de ideas, discursos y símbolos. Esto significa, entender la cultura y la sociedad como un amplio sistema de signos; como un retablo simbólico, cual sistema abierto, complejo y en constante transformación e interacción con el individuo y el colectivo.

Desde esta perspectiva, la comunicación permite la viabilidad de la tradición, el conocimiento y ampliación de la libertad humana. Permite, además, el despliegue de la intersubjetividad, muy importante para la hermenéutica simbólica, donde cultura significa también "cultivo de nuestra racionalidad". Dicha labranza representa un largo proceso de adaptación y aprendizaje, puesto "al servicio crítico de nuestra emancipación". En efecto, la racionalidad humana no ha de ser vista como ejercicio para la instrumentalización y el poder, o como “capacidad instrumental” que dirige y ordena lo social, sino que también se dirige hacia la transformación de lo humano con un claro objetivo liberador.

Desde esta perspectiva se concibe la cultura como re-creadora de lo espiritual en el ser humano. Como proceso continuo y paulatino de humanización y autoconciencia. Como creadora de sentido, por lo que no debe ser reducida a una mera expresión material con ciertos sellos identitarios. Desde la hermenéutica simbólica, la cultura adquiere una finalidad constructiva y concreta que transforma la realidad. La cultura, entonces, ha de contribuir a la modificación racionalizada de la vida con miras a su "mejora", posibilitando la construcción de comunidades de sentido.

(AM): Siguiendo la línea de pensamiento de Ortiz-Osés, tú dices que la hermenéutica es una teoría de la interpretación del sentido, en la que se incluye lo simbólico y el lenguaje humano; que en última instancia “desemboca en una teoría del sentido constituido a partir de la experiencia lingüística del mundo (…) en cuanto constituye el Sentido (…) como dirección por donde fluye el valor de la vida” …(ibd,.180). ¿El sentido se localiza tanto en el discurso como producto y en el lenguaje como capacidad para producirlo?

(EM): Una hermenéutica simbólica, tal y como es planteada por Ortiz-Osés, intenta auscultar el sentido latente de la realidad, entendida como red que se teje desde la experiencia humana gracias al lenguaje, poseedor además de una estructura simbólica primaria. La noción de «sentido latente» no se considera desde una óptica críptica, sino desde la categoría de «lo implícito» y «lo tácito» respecto a la producción del discurso y las acciones humanas.

Esto indica que consideramos el universo semántico del simbolismo acogiéndonos a las categorías de análisis semiótico-discursivo. Atendemos, por lo tanto, a la reconstrucción de las suposiciones, los soportes, los aportes, las relaciones entre lo viejo y lo nuevo en la información contribuida, y entre lo explícito y lo implícito. O sea, en la práctica de la compresión del sentido que se propone desde la hermenéutica simbólica, hay un “saber” y un «saber hacer» por parte del intérprete. Desde aquí, el simbolismo se enfrenta al “ente cósico” y estático de la metafísica tradicional, haciendo de la realidad una «realidad anímica». Realidad animada de sentido. Concebida bajo la idea de poseer un dinamismo interno, capaz de generar significados. Un dinamismo que le viene dado desde la cultura, de la praxis o acción cultural, puesto que el sentido dice significación antropológica implicando la intencionalidad de la conciencia.

De esa forma, el sentido aparece como sutura surreal de la fisura real: la existencia humana nace fracturada y en el proceso de encuentro con el mundo gracias al lenguaje, el sentido va cosiendo los bordes de esa herida o fractura entre el existir y una realidad que la envuelve y que está por-decirse. En este punto, el sentido aparece como la articulación que simbólicamente representa el cosido de los bordes. La «ontología de la implicación» o relacionalista habla del «ser-sentido» como categoría troncal. El guion muestra la relación necesaria entre uno y otro término para indicar que no hay solo cosas, sino que además significan algo para alguien. Osés se inclina por comprender un sentido relacional o implicado, un sentido que permanece ambivalente ante la existencia, pero, por la existencia, definido y conocido.

Lo que he hecho, precisamente, es ampliar estas nociones y hacerlas más claras. Por esa razón, estoy de acuerdo con Josetxo Beriain cuando se refirió a mí como “un urbanizador de Ortiz-Osés”. O sea, que yo había urbanizado la compleja filosofía hermenéutica de este filósofo, cosa que no me molesta porque una buena parte del trabajo que realizo es tratar de asimilar posturas que me puedan ayudar a comprender determinados fenómenos de la experiencia humana. Por eso entiendo que la filosofía debe aprovechar los contenidos de la tradición, siempre y cuando estén situados en la misma ruta de investigación que persigo.