(AM): Hay un libro suyo y de Lucía Chen y Anastasia Kachaeva, se titula “Literatura, gastronomía, y filosofía” (2019). En el que Chen, escribe sobre “El simbolismo de la almendra en Como agua para chocolate y La mujer quejosa”, y, Kacheva, sobre el tema “Campo semántico del concepto “arroz” en los chengyu de chino mandarín”.

En estos ensayos se explica la compleja relación cultural entre México-China, el arroz, símbolo asiático, alimento-cuerpo, cultura específica, literatura hispanoamericana y asiática, cultura de la alimentación. En el libro sobresale el trabajo suyo sobre “GastroSofía: Somos lo que comemos”, que implica la relación filosofía y gastronomía y en la que explica el mundo filosófico occidental en una relación compleja de filosofía y gastronomía, al igual que la vinculación de Latinoamérica con la Filosofía y gastronomía.

¿Cómo pudo realizar dicho trabajo sobre Literatura, Gastronomía y Filosofía? ¿La vinculación suya con el mundo asiático, en particular, con Taiwán, con su cultura y su filosofía? ¿Desde cuándo empieza este proyecto de investigación?

(ASG):

Con la colega Lucía Chen, académica y funcionaria de la Universidad de Tamkang, en cuyo Instituto de Posgraduados de Estudios Latinoamericanos realicé una estancia sabática en el ciclo escolar 1990-1991, concebimos la idea de reformular, en el año 2007, el importante y tradicional Simposium Internacional sobre China y América Latina, cuya primera versión se desarrolló el 17 de enero del año 1988 como preámbulo a la creación del Instituto de Posgraduado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Tamkang (1989), al transformarlo en Seminario Internacional, con base sólo en criterios académicos para coadyuvar a posicionar y contrastar, mediante el debate con especialistas, la producción científica y humanística de dicha Universidad con la generada por instituciones universitarias latinoamericanas y de otras partes del mundo, fuera de Asia. La novedad de esta nueva dinámica de discusión y exposición en torno a la relación entre Asia Oriental y América Latina estribó en darle al Seminario Internacional un carácter itinerante al vincularlo con la realidad y el medio académico de América Latina, lo cual permitió organizarlo en distintas instituciones de México – Escuela Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional de las Culturas, Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad Autónoma del Estado de México-, cuyos resultados exitosos posibilitaron la publicación de cinco hermosos volúmenes dentro de la colección La Nueva Nao. De Formosa a América Latina. El último apareció editado en el año 2016.

A partir de dicho año iniciamos una nnueva etapa de colaboración internacional con visiones interdisciplinarias, multidisciplinarias y transdisciplinarias para acercarnos, con más elementos analíticos, a la revisión de fenómenos poco atendidos en los estudios académicos. De ahí la pertinencia de trabajar la temática Literatura y Gastronomía en México y en China, cuya primera Conferencia Internacional efectuamos en la Universidad Autónoma del Estado de México y su producto fue el libro financiado por la Universidad de Tamkang: Literatura, gastronomía, y filosofía.

El poeta y crítico literario, Roberto Fernández Iglesias

(AM): Esa relación de la Filosofía y Gastronomía, de la cual se expropió usted de la frase de Charlé Fourier, la expresión gastrosofía y siguiendo el filosofar sobre alimentación de Feuerbach, cuando dijo que el hombre es lo que come y que usted pluralizó “somos lo que comemos”. (p.35).

La gastrosofía entra en un saber que nos deja conocer los apetitos, a la vez que implica lo culinario y el placer como fuente de una cultura del disfrute y el sabor por la comida, la bebida y el ámbito de la moderación.

En sus reflexiones usted menciona tres filósofos: Demócrito, Platón y Diógenes Laercio, el primero, explicó (Democrito,460-370 a.C) la existencia de sabores como lo dulce, lo agrio, lo picante, lo salado y lo amargo, por la acción de la lengua que separa los átomos de los alimentos al momento de ingerirlos. En cambio, el segundo (Platón, 427-347 a.C) en su obra “El Banquete” media el diálogo o conversación con celebraciones culinarias y el tercero (Laercio, S. II. d.C), propugnó por una vida silvestre y una alimentación en estado natural.  ¿La relación de la filosofía y la gastrosofía cobra importancia en estos tiempos?

(A.S.G):

La relación filosofía – gastrosofía tiene antecedentes históricos, por lo que en nuestro tiempo resulta importante continuar la reflexión acerca del insumo de la vida misma, la alimentación, tanto como necesidad, pero también como placer y expresión de modo de vida. En el caso de la filosofía latinoamericana para recoger y continuar la rica tradición proveniente de la época precolombina, así como reivindicar el hito del periodo virreinal ejemplificado en la incitación a superar el menosprecio a las labores domésticas femeniles, al destacar su importancia para bien del quehacer filosófico. De particular significación resulta la recomendación hecha de saber cocinar para enriquecer la labor filosófica de Juana Inés de Asbaje a quien debe considerarse la madre de la filosofía de la cocina, actualizada hoy como filosofía de la gastronomía.

Más aún, practicando la filosofía latinoamericana como discurso comprometido, plantea la impronta de hacernos cargo de problemáticas estructurales de América Latina y el Caribe que por ahora parecen fuera de foco filosófico, como la desigualdad y su expresión material, la pobreza, pero requieren abordarsee desde el tema de la alimentación. Algunos de nuestros políticos la han visualizado con el propósito de combatirla, acciones a los que les tenemos que aplicar el ojo crítico, por ejemplo, al programa puesto en práctica por Luiz Inácio Lula da Silva Hambre cero. Así la filosofía latinoamericana queda desbordada por la realidad, con la incorporación de nuevas cuestiones.

(AM): En sus reflexiones filosóficas sobre la “Gastrosofía: Somos lo que comemos”, usted toman dos ideas fundamentales para dicha reflexión: la primera tiene que ver con la definición de Filosofía, a partir de la génesis de esta disciplina, en cuanto a su raíz griega: filo= amigo y sophia= sabiduría, un amor a la sabiduría, de cualquier dimensión de la realidad, de reflexionar sobre esta, sea lo humano, en la naturaleza o el universo y la segunda de la Gastronomía, que apunta al arte de preparar una buena comida balanceada o la afición de comer de manera apetitosa, balanceada, y nutritiva (pp. 38-39).

La relación cuerpo – mente- alimentación – amistad entra en escena en los placeres necesarios y naturales, lo cual se puede indagar en la filosofía de Epicuro. En mi libro Conversaciones en el Lago. Narraciones Filosóficas (2005), en la parte “El Jardín de los placeres”, sale a relucir la relación del placer, la gastronomía, en la Grecia del año 342 al 270 a.C, al decir este filósofo, que los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que los exquisitos, cuando satisfacen el dolor. Él decía, que no es necesario darse un buen banquete, porque una comida ligera, moderada, sin complicaciones basta para vivir saludable y placenteramente.

¿Cómo piensa la relación entre filosofía – gastronomía- deseo- placer

Alberto Saladino García

(ASG):

Su macropregunta la intentaré responder muy someramente. La filosofía de la cocina no sólo se reduce a apreciar los gustos de los sectores acomodados, también otorga la oportunidad para realizar revisiones críticas de la escasez alimentaria de los desposeídos, como el caso de la mayoría de los integrantes de los pueblos originarios.

Asimismo, quienes nos dedicamos a la vida académica hemos tenido la fortuna de degustar exquisiteses culinarias que concebimos como plataformas de inspiración para componer el mundo, para reflexionar el deber ser, para construir utopías.

Aprovecho para compartir una muestra de cómo desde las categorías gastronómicas se puede registrar y criticar las ideas o proyectos de emancipación propuestos por filósofos, debido a la creatividad de uno de los poetas recién fallecido, de nombre Roberto Fernández Iglesias (2019) –panameño de nacimiento y mexicano por adopción-, tocayo de otro gran latinoamericanista Roberto Fernández Retamar quien también murió en dicho año. Cito su poemínimo titulado:

Comunismo

Marx puso un huevito

Engels prendió la estufa

Lenin lo cocinó

Trotsky le puso sal

y Stalin se lo comió. (1)

Naturalmente pienso la relación: filosofía-gastronomía-deseo-placer–crítica de manera dialéctica.

(AM):  Son interesantes las reflexiones que haces alrededor del texto de Michel Onfray: “El vientre de los filósofos”, el cual leí hace tiempo. En dicho ensayo se da una relación entre el pensamiento filosófico y la comida, poniendo como ejemplo: Rousseau  y los lácteos, el cual concebía la comida guisada como prueba de la decadencia de la sociedad, Nietzsche y las salchichas, más su prédica de la dietética como el arte de vivir; Marinetti y la carne de puerco, y Sartre y los crustáceos, que cuando los comía le producían molestias, que aunque  piensa que está comiendo cosa de otro mundo, no significa que deje de producir malestar: “Es alimento introducido dentro de un objeto y que hay que extirpar. Es esa idea de extirpar lo que más me disgusta. El hecho de que la carne del animal esté tan enterrada en la concha que haya que utilizar instrumentos para sacarla en vez de quitarla entera. Tiene, pues, algo de mineral” (Ver, Onfray, 1999, p.88).

Además, nos encontramos con el filósofo Kant, quien se caracterizó por ser un experto en comer, beber, y siempre para tales placeres se hacía acompañar, al mediodía, de sus vecinos. Para Onfray, el hedonismo va por la línea del epicureísmo, en cuanto placer moderado, natural y necesario y no por el de Aristipo de Cirene, en cuanto al hedonismo, de vida consumista desenfrenada.

¿Se ha trabajado en Latinoamérica la filosofía de la gastronomía? ¿Algunos textos, tal como lo ha trabajado Onfray?

(ASG):

Carecemos de trabajos filosóficos con perspectiva histórica sobre la gastronomía en América Latina, tampoco contamos con estudios semejantes al de Michel Onfray. En América Latina tenemos vacíos y la impronta es atenderlos. En éste, como en otros temas, la filosofía latinoamericana está dando los primeros pasos y la ardua y necesaria labor de reivindicar los estudios al respecto de filósofos, pues la nómina es significativa como Nezahualcóyotl, Juana Inés de Asbaje, Rosario Castellanos, Octavio Paz, etcétera. Entonces tenemos el reto de normalizar este tipo de investigaciones.

Para cubrir ese vacío historiográfico coadyuvo con el libro editado conjuntamente con Lucía Chen y Anastasia Kachaeva, Literatura Gastronomía y Filosofía al cual seguirá el volumen colectivo Literatura, Historia y Gastronomía, que aparecerá con el sello editorial de la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, República de Chile pues en su capitulario aparecerá mi colaboración Gastronomía, nutriente de la filosofía latinoamericana.

(AM): El filósofo francés, Michel Onfray, es intelectual libertario, que, a sus 28 años, ya le había dado su primer infarto, y que en lo adelante ha sufrido dos derrames cerebrales. Esto dio como resultado un giro a su vida, en la que le prohibieron comer grasa, no tomar alcohol, entre otros alimentos con alto consumo de sal. Parte de lo expuesto, se encuentra en “El vientre de los filósofos. Crítica de la razón dietética”.

Michel Onfray, autor del libro “El vientre de los filósofos”.

En ese libro explica su vida. En el primer capítulo “Ensayo de autobiografía alimentaria”, dice que la importancia de “algunos viajes al extranjero constituyeron para mí una oportunidad de paladear geografías, consumir tierras y cielos, apreciar aromas y sabores característicos de regiones y costumbres. En las montañas del Cáucaso, en la Georgia soviética, sacrificios de animales dignos de Homero y de las piras griegas me pusieron en presencia de extrañas cocinas en las que palomas y corderos, gallinas y pollos nadaban en inmensos recipientes llenos de agua que burbujeaba en la superficie” (ibíd., p9).

Su recorrido por el mundo culinario, entretejido con el filosofar sobre la vida le hacen comprender que visitar un país, no es un simple tour turístico, de tan solo un visitar, sin comprender que también “hay que oírlo y saborearlo, dejarse penetrar por él a través ríe todos los poros de la piel. El cuerpo es la única vía de acceso al conocimiento. Grimod de La Reynière dijo muy bien que la única geografía que no aburre es la gastronómica “El hastío de la vida se evapora cuando nos encontramos, entre amigos, alrededor de una mesa” (ibíd., p10).

Cuando abordas a Latinoamérica, haces referencia a la filosofía de la cocina, específicamente a los antiguos pueblos mesoamericanos, pero no haces referencia a ningún filósofo, diferente a Lucía Chen, cuando explica que en el texto “La mesa y Lecho” Octavio Paz, dice que el secreto de la cocina mexicana es el choque de sabores: lo fresco y lo picante, lo salado y lo dulce, lo cálido y lo acido, lo áspero y lo delicado”. Lo que significa, de acuerdo al discurso de Chen, que “la vida de los seres humanos es también un choque de sabores que da ritmo al curso de la vida. La vida es filosofía y, a la vez, gastronomía” (ibíd., p.29).

Recuerdo que cuando vivía en la ciudad de Nueva York, en la década de los 90, visité a México y me encantó la comida, al ritmo de lo nacional, de su cultura, en cuanto a lo fresco y lo picante, como bien puntualiza Paz, incluso, no me la encontraba igual en condimentos a las que degustaba en los restaurantes mexicanos situados en dicha ciudad norteamericana. A lo mejor, la prisa, la urgencia de la vida, no daba tiempo para tal contemplación. 

¿Hay filósofos que se han dedicado al estudio entre Filosofía y Gastronomía en Latinoamérica?

¿Ha ido cambiando lo culinario en la cultura – lengua- sociedad -mexicana?

(ASG):

En el decurso histórico del quehacer filosófico latinoamericano existen referencias de la relación de filosofía y gastronomía, pero para los actuales profesionales de la filosofía en los países de América Latina casi nadie se dedica a reflexionar el asunto. Esta situación es incomprensible, sobre todo, si contamos con tradiciones culinarias tan exquisitas que proporcionaron alimentos fundamentales a la dieta del mundo como el aguacate, el maíz y la papa y más aún si quien inspiró la filosofía de la cocina en el mundo, fue una novohispana, en el siglo XVII.

Con respecto a la pregunta: ¿Ha ido cambiando lo culinario en la cultura – lengua- sociedad -mexicana? Le recuerdo, México tiene una de las tres gastronomías más importantes del mundo –al lado de la china y la francesa-, su tradición es milenaria, pues sus raíces provienen de la época mesoamericana, la cual fue enriquecida con la comida española durante el periodo virreinal, época en la que emergieron las bases, por ejemplo, de su platillo nacional: el mole. A lo largo de su vida republicana, se ha internacionalizado. O sea, el cambio de lo culinario es su sello permanente y su impacto alcanza la lengua con la introducción de mexicanismos –incorporación de palabras de todos los pueblos originarios- a la identificación de su gastronomía como corunda –comida de origen purépecha, ahora típica del estado de Michoacán, tamal de chipilín –alimento típico del estado de Tabasco-, cochinita pibil –contenido de tacos de la península de Yucatán, tlayudas –tortillas condimentadas con queso, carne y verduras, del estado de Oaxaca, etcétera.

La gastronomía mexicana, y latinoamericana, es una ventana abierta al futuro que refleja los cambios de las degustaciones de nuestras sociedades y fuente para la reflexión filosófica.

Nota:1. Citado por Daniel Monroy, “Roberto, papá, maestro, poeta”, en Revista Universitaria, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, año 2, núm. 14, mayo 2019, p. 4.

 

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