SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Octubre mostraba su piel húmeda, entre baladas grises de lluvia inesperada. En el corazón indómito de la vieja ciudad, un olor a musgo y piedra bailaba con las volutas de vapor que la lluvia rascaba al brilloso asfalto intramuros.

En aquella patria de largos pianos rotos, como si fuera en una arcadia jubilosa, un grupo de jóvenes nos convocaban en la vieja ciudad a la casa de los Domínguez, Asdrúbal, Freddy Osvaldo e Iván, toda una historia familiar capitalina, de amplios recuerdos y mejor memoria: Arzobispo Portes casi esquina 19 de Marzo, para más señas.

Octubre estaba a ley de un día y aquel domingo celebraba su partida, entre lloviznas persistentes y gloriosos pianos ululantes que, entre nubes, hacían flotar aquella casa de alta huella humana.

De izquierda a Derecha : Rhina Ibert, Cherynuel Reyes Paredes, Oscar Gil Pozo, Davidson Reyes Parades, Ivan Dominguez, sentado el maestro Rafael - Bullumba - Landestoy./Fotografías de David Soto Matos
De izquierda a Derecha : Rhina Ibert, Cherynuel Reyes Paredes, Oscar Gil Pozo, Davidson Reyes Parades, Ivan Dominguez, sentado el maestro Rafael – Bullumba – Landestoy./Fotografías de David Soto Matos

El círculo de la música de la Ciudad Colonial. Aquejada la impotencia vital, agotada la posibilidad de la búsqueda de un simple diálogo adecuado (porque al parecer los que tenían ganas de hablar se fueron), la convocatoria hogareña para disfrutar de la mejor música en presencia de su compositor, Rafael -Bullumba- Landestoy-, estaba hecha por el Círculo de la Música de la Ciudad Colonial, proyecto de Iván Domínguez con el auxilio de amigos y amigas, Rhinan Ibert, entre otras, cuyo fin ha consistido en crear disciplina pianística y descubrir en los fondos sociales más apartados e inesperados, jóvenes brillantes, ilusionados, estudiosos y aplicados en la obsesión legítima de dominar un piano vasto y complejo en sus desafíos y secretos por aprender.

A estas invitaciones suelo ir con el corazón en la mano, no vaya a ser cosa que entre sístoles y diástoles haya un claro desastre emotivo entre fascinación, lágrimas y dolor. Explicaré este punto luego, lo prometo. Desde hace muchos años, en la sarta de prejuicios que esta República ha cultivado con esmero en la cultura, nadie que venga del lodo ciego e infame, nadie que venga del pan imposible y las rendijas en las puertas, puede producir cultura con brillantez.

El Círculo de la Música de la Ciudad Colonial, en silencio, cheleando con espléndida dignidad, nos ha dado muestra fehaciente de que aquel prejuicio mórbido e indolente, es todo mentira planeada, frívola, lastimera: porque la ilusión por la música todo lo puede, pero todo.

Una señorona de alto moñazo, sorprendida, débil de cerebro obviamente, insensible, claro está, exclamaba alguna vez en una presentación realizada en el Museo de las Casas Reales:

–“¿Has notado que estos pianistas jóvenes son cada vez más oscuros?”…

Para ella no era importante el estilo, la profundidad, la juventud de los talentosos jóvenes en aquella ocasión, ella miraba otra cosa, la superficie, ignoraba la música producida y como siempre estaba de relleno en aquel lugar ese día.

Todos los que piensen como esa señora, añoro que sean los menos, se llevarán una sorpresa en menos de una década más: seremos el gran fenómeno de una Patria sorda que con dolor y alegría, parturienta con manto de Santa Cecilia, sacará de sus entrañas que pequeños genios presumidos en su humildad y talento a borbotones, taladrarán con sus éxitos la sordera de su propia Patria…

Octubre quería piano y juventud, para alejarse risueño y melancólico. Todas las obras en el programa de aquel domingo eran composiciones del maestro Rafael -Bullumba- Landestoy. El profesor Iván Domínguez, las había seleccionado.

Los concertistas Oscar Pozo Gil, Davidson Reyes Paredes y Cherynuel Reyes Paredes.
Los concertistas Oscar Pozo Gil, Davidson Reyes Paredes y Cherynuel Reyes Paredes./Fotografías de David Soto Matos

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* Reminiscencia de España # 1
* Marionetas
* Vals de Santo Domingo
* Fantasía de la Empaliza
* Tocatta

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Bien, estas piezas fueron interpretadas por jóvenes que aún no rozan el final de la veintena de años, a saber: Oscar Pozo Gil y los hermanos Reyes Paredes, respectivamente Cherynuel y Davidson.

El auditorio tenía el entusiasmo de miles de aplausos, pero apenas éramos 25 personas y cuidado. Toda la música había comenzado, entre silencio y cruces de miradas hacia el piano estrenado, la magia del sonido venida de digitación fácil y atinada, arrobaba los rostros, el estado de alma se consumaba en el azorado lenguaje de las caras, el milagro lo hacían los jóvenes y aquel piano dispuesto que como animal de madera y cuerda afinadas, se dejaba domar plácido bajo los dedos disciplinados de aquellos jóvenes, cuya fabulosa fortuna en la vida es su talento incuestionable, su entrega sin par, su silencioso carisma de sonidos armonizados.

Una señorona de alto moñazo, sorprendida, débil de cerebro obviamente, insensible, claro está, exclamaba alguna vez en una presentación realizada en el Museo de las Casas Reales: –“¿Has notado que estos pianistas jóvenes son cada vez más oscuros?”…Para ella no era importante el estilo, la profundidad, la juventud de los talentosos jóvenes en aquella ocasión, ella miraba otra cosa

Octubre juguetón pluvial, insigne como el viento que lo despedía, armaba su propia sonatina de gotas imperceptibles que vigilaban, a la luz del farón colonial, aquella hazaña de pianos y jóvenes desbordados en su talento atrevido y desafiante.

Aquella Patria de largos pianos rotos, ahora es sorda, ahogada en su llanto. Lo del corazón en la mano, lo de sístoles y diástoles, el dolor posible y todo lo prometido tiene que ver con la reflexión posterior cuando se observa tanto talento entregado, tantos años mozos en lo incierto, tanta ilusión desmedida en el despeñadero de la griega patria sorda, para llamarle de algún modo.

Así lo siento, así lo escribo, lucho a diario contra todas las elegías invisibles que me afloran, encuentro en la música y en la generosidad pletórica de estos jóvenes y sus músicas, el diálogo negado en lo cotidiano, porque la banalidad es una peste que ahoga y diezma.

 Vista parcial de los invitados al concierto del 30 de Octubre en la Casa Dominguez.
Vista parcial de los invitados al concierto del 30 de Octubre en la Casa Dominguez./Fotografías de David Soto Matos

Si alguna vez escribí sobre aquella Patria de Largos Pianos Rotos, hoy la veo sorda ahogada en su propio llanto sin saberlo, pero sin embargo: tiene hijos como estos pianistas, que se lanzan a la pradera de la música con luminoso talento, sacudiéndome de mi melancolía atolondrada, ganando espacio glorioso en el alma de muchas personas, dando aliento pianístico a todas esas tristezas que se rumean y no se botan…

Ellos no lo saben aún, son los futuros orfebres de sonidos hirsutos, su música tan bien tocada trasmite la fe posible que a millones hace falta. Por eso me dije al salir del hogareño concierto, encontrando el consuelo verbal y repentino de Freddy Domínguez, que era demasiado piano, demasiado jóvenes luminosos, excelsa música para una patria tan sorda.

Octubre se había esfumado en la noche terminada a piano puro.
Se fue contento de arpegios, con risos de lluvia y con más ilusión para regresar, a esa misma casa, a esa misma luz para mirar en silueta a esos jóvenes, octubre también de despidió conmovido. (CFE)