SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La irreverente abogada, escritora y -en un amplio sentido- comunicadora, Carmen Imbert Brugal tiene tesis muy interesantes sobre el quehacer literario y la industria del libro en República Dominicana.

“Distinguida señora” fue su primera novela. Antes ya existía una colección de poesía y relatos. Revela que siempre hay una novela que se va gestando mientras va escribiendo otras cosas.  En el caso de su primera incursión en el relato extenso, esa obra tomaba forma mientras escribía “Palabras de otros tiempos y de hoy” e “Infidencias”.

“Los críticos decían que esa novela es una mezcla de todo y que después de ahí yo no escribiría más nada” recuerda la autora. Sin embargo, para Carmen,  “Distinguida señora” resultó ser un caudal de inspiración para producir más textos.

Después de esa novela escribió “Volver al frío” que es diferente a la primera novela, destacándose por un lenguaje austero (para la autora su primera novela era muy barroca) y pocos adjetivos. Más tarde se publicó “Sueños de salitre”, la que considera la mezcla de sus dos primeras novelas.

En la actualidad se encuentra promocionando “Memorias de la señora”, que son los relatos revisados contenidos en “Distinguida señora”. Esta compilación de narraciones breves fue presentada en la Feria del Libro en Puerto Rico, donde dice tuvo buena acogida. Lo que sorprendió a la autora, porque le maravilló que críticos de otras partes comprendieran los códigos manejados en esta propuesta literaria.

Sheila Barros y Wanda Cosme fueron parte de los críticos que recibieron de muy buena gana “Memorias de la señora”. Estas intelectuales boricuas estarán en el país para la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo; y junto con Carmen han aprovechado la oportunidad para abrir un coloquio donde desmenuzaran las delicias agridulces de la reciente publicación de la escritora puerto plateña.

Los recorridos para crear su literatura son diversos.  Su textos son los relatos de la vida de otros y de su propia que la libertad de la ficción permite cambiar color de pelo, genero, ubicación.

Confiesa que haber  tenido varios oficios en el oficio de comunicar es un privilegio que le ha permitido aprender mucho. "Cuando escribes para un periódico debes redactar 'llegué a las 9:00 de la mañana y la encontré sentada en el sofá'. Mientras que cuando haces ficción inventas, recreas. Y esa es la maravilla entre la crónica y la novela”.

La lucha por mantenerse escribiendo en República Dominicana

Carmen cree firmemente que en el país se hace buena literatura y se insiste, a pesar de lo pequeño del mercado y el drama de “no tener internacionalización”.

"Aquí – en Santo Domingo- existe lo que yo llamo las capillas intelectuales. Yo sigo siendo provinciana. Cuando yo llegué a los guetos literarios capitalinos me fue muy difícil" manifestó. Sin embaro le reconoce a Juan Bosch el haberse insertado en el ambiente intelectual del setenta.

Para Imbert en la República Dominicana no existe la crítica literaria. Encima de eso afirma que “entre iguales nos pisamos la manguera”. Con indignación continúa diciendo que “lo más esnob es que te dicen : ¡Ah tu escribes!  Yo no leo autores dominicanos”. Opina que esta actitud se debe además del esnobismo, a la ignorancia y desconfianza a la producción intelectual de los dominicanos.

El proceso de escritura de una novela no es cosa sencilla. Se necesita vocación, talento y disciplina para concretar una obra de calidad. Carmen tuvo que abandonar su carrera en el Ministerio Público y la docencia, para poder escribir.

A modo de los escritores del Siglo XIX amanecer escribiendo y dormir en la mañana y seguir la bohemia era su sueño. Pero la realidad de nuestra sociedad la sacude y le ubica en la rueda de todos los demás con oficios ordinarios, pues hay pagar las cuentas y solventar los estudios de los hijos, entre otras responsabilidades.

Sobre la industria del libre considera que falta mercadeo y creer en lo que hacemos

“Lo pueden hacer los hombres, pero cuando lo hacemos las mujeres somos mal vistas.  Sobre todo porque la literatura no te deja beneficios económicos”. Manifiesta que las mujeres escritoras todas tienen el mismo drama, tienen que dedicarse a otras labores productivas y no tienen solidaridad entre ellas. “Algunas son catedráticas, publicistas y comunicadoras; pero ninguna está pendiente a la carrera (literaria) de la otra”, sostiene.

Siente que desde “Distinguida señora” su literatura ha tenido una evolución importante. Empero, advierte que “lo bueno que yo he hecho hasta ahora, ha permanecido. Ahora, uno tiene que superarse. Tu experiencia va cambiando y tratas de ser mejor y cuidar los detalles”.

Sobre la industria del libre considera que falta mercadeo y creer en lo que hacemos. "Si se invirtiera en las obras nuestras, lo que se invierte en un libro que se titule –hipotéticamente-  `Cómo tener 16 orgasmos en una hora’ nosotros nos venderíamos y fuéramos leídos. Hay escritoras pésimas que tienen inclinación por un tema de moda y se invierte en promocionar sus obras; y después que lees el libro dices: ¿pero y que es esto?” asevera.

Publicar es también un proceso difícil y costoso. Dice que existe una fórmual que combina: sexo, narco y política que para los editores resulta muy atractivo, aderezado con palabras obscenas y sexo.

Afirma que las grandes editoras extranjeras hicieron creer a los autores locales que sus obras serían internacionalizadas. Desde su perspectiva esto fue una gran mentira, pues aunque sus obras sean editadas por estas casas editoriales, sólo son vendidos localmente.

A pesar de todas las dificultades que enfrentan los escritores dominicanos, continúan registrando las cosas hermosas, abusos, tradiciones y comportamientos de nuestro pueblo. Labor que los lectores actuales y futuros valorarán.