Cada vez, con segura frecuencia, el plagio de obras de arte asalta las páginas de los diarios dominicanos. Por lo general y en mayor medida, la práctica apunta más  a la falsificación de obras de artistas meritorios, dominicanos y extranjeros, ya fallecidos; por supuesto, es mucho mas seguro para los falsificadores, ensayar sus destrezas y malas mañas, con las obras de aquéllos que no pueden protestar o demandar.

Terenzo Terenzini. La asunción de la Virgen

Hace aproximadamente un año, detectamos el engaño con el que pretendían timar a una apreciada amiga, al proponerle la venta de varias obras atribuidas al pintor dominicano Silvano Lora. Para el ojo experto,  lo plasmado por los estafadores no correspondía con estilo, materiales, temáticas  y  cronología pictórica  del artista, por lo que se hizo evidente la tentativa de engaño.

La  restauradora Simona Cappelli, toco recientemente el problema  a raíz de la puesta en circulación de su libro: “Métodos y técnicas de conservación de las obras de arte”. Decía ella que, –  constantemente llegaban a sus manos, obras de arte para autentificar y restaurar,  evidentemente plagiadas, que no eran autoría de los artistas a quienes se atribuían las realizaciones.” Los tipos de materiales, soportes,  pinceladas y  pigmentos, el análisis y cotejo de las expresiones gráficas, así como el uso de recursos tecnológicos apropiados, permitían detectar, en la mayoría de los casos,  las obras engañosas.

 Palpablemente,  las falsificaciones de obras de arte vienen realizándose desde hace tiempo, y cabe suponer, que un número de piezas en importantes colecciones dominicanas estarían signadas por el plagio.

Las imitaciones de obras de reconocidos artistas, es una de las transgresiones históricas con las que han tenido que lidiar los artistas y la justicia. A diferencia de los documentos o el dinero, las obras de arte se imitan con relativa asiduidad a fin de engañar , y es muy difícil trazar una línea entre las emulaciones válidas y las fraudulentas.  El seguimiento del estilo formal de un artista, posibilita esa imitación “legítima”,  que solo se convierte en delito cuando se falsifica la autenticidad de autoría de la obra, acreditándosela al plagiado.

Miguel Angel. Autoretrato

Las leyes actuales de cualquier país,  penalizan el intento de engañar con la venta de una obra falsificada. Pero esto no siempre fue así, en el siglo XVI, las falsificaciones de factura maestra eran apreciadas y coleccionadas. Esta el caso de Miguel Ángel, con su obra Cupido dormido (obra perdida), a quien su mecenas  Lorenzo de Médicis, impresionado por el aire antiguo de la obra del maestro,  le solicito que si : “la tratáis artificialmente, de modo que parezca que ha sido excavada, lo mandare a Roma; pasara por una antigüedad, y podréis venderla a un precio mucho mas alto”.[1]  Miguel Ángel accedió gustoso, no le preocupo el aspecto moral de su engaño, estaba feliz de su imitación del estilo clásico antiguo que le permitió la venta y una invitación para ir a Roma.

Ningún falsificador de obras de arte, de los siglos XVI y XVII,  tenia que sufrir el temor de ir a la cárcel por su engaño, los dos únicos castigos posibles si eran descubierto, eran la condena moral y la perdida de clientes.

La lista de falsificaciones y falsificadores, a partir del siglo XVII,  es interminable. El caso del pintor Terenzio Terenzi (m.h. 1621), sirve como ejemplo de la labor delincuencial con que se operaba. Este pintor italiano compraba cuadros con figuras toscas,  realizadas sobre viejas tablas carcomidas y ennegrecidas por el humo. En éstas pintaba, y mediante un buen dibujo y  uso diestro del color, las convertía en obras valiosas. Las exponía ulteriormente al humo y mediante la aplicación de ciertos barnices y colores, las hacia parecer como obras muy antiguas. Engañó durante mucho tiempo a numerosos entendidos de su época. Su fracaso y desgracia acaeció al realizar una pieza sobre un cuadro viejo, en el que pinto una Madona. Afanó bastante sobre la  falsificación con sus acostumbradas técnicas, y tuvo la osadía de vendérsela a su mecenas, el Cardenal Montalto, como de la autoría del pintor Rafael Sanzio de Urbino(2).  El Cardenal, orgulloso de su adquisición, la mostró a entendidos quienes se dieron cuenta del fraude. El príncipe de la iglesia, enojado enormemente ante el fraude evidenciado, despidió a Terenzio y nunca mas quiso volverlo a ver. Dada la época, y a diferencia del momento actual, se percibió imposibilitado de formular una denuncia legal contra el plagiario.

1-Baldini, Umberto). Miguel Ángel: La Escultura. Editorial Teide . (1978)

2- Rafael Sanzio de Urbino. 1483 -1520)” Pintor y arquitecto italiano. Por su clasicismo equilibrado y sereno basado en la perfección de la luz, la armonía en la composición y el dominio de la perspectiva, la obra de Rafael Sanzio constituye, junto con la de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarrotti, una de las más excelsas realizaciones de los ideales estéticos del Renacimiento”. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rafael.htm