En la década de los años cincuenta, la autocracia trujillista hizo alardes de pujanza y crecimiento urbanístico, en su designada “Ciudad Trujillo” –Santo Domingo–.  Emergieron nuevos barrios, avenidas y calles asfaltadas, a la par de construcciones emblemáticas para albergar las instituciones del sistema.  Las condiciones favorables de la economía, iniciadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, beneficiaron significativamente al régimen totalitario de Trujillo, quien volcó parte del dinero recaudado por su ominoso gobierno a obras y construcciones monumentales que pregonaran su grandeza, como parte de la común ofuscación recurrente y enfermiza de todos los dictadores. 

Detalle relieve de B. Saúl, en el MINERD

Es precisamente a mediado de esa década (1955), que llega al país –contratado por el gobierno dominicano–, para concebir los leones de piedra que hoy adornan  la gran escalinata frontal del Palacio Nacional, el escultor, dibujante y poeta gallego Benjamin Saúl.   Nacido en Monforte de Lemos (España), el artista de baja estatura y normal complexión, exhibía en su duro rostro un tupido mostacho que le cubría gran parte del labio superior.  Saúl tocaba por primera vez América, y lo consumaba precisamente por una isla de la que ya tenia referencias históricas indispensables.  Venia cargado de vitalidad y deseos de atarearse en un oficio en el que reveló, desde muy temprana edad, talento, pasión y competencia, moldeadas durante sus años de estudios (1944-1950), en la Real Escuela Superior de Bellas Artes “San Fernando” de Madrid. 

Su esmerado pero aún incipiente trabajo, le habían merecido en su país algunos lauros:  primer premio de las Cuatro Escuelas Superiores de España, con la terracota  Cabeza de Mujery  el obtenido en 1950,  en el  Concurso Nacional de España “Valle de los Caídos”, con su relieve “Paso del Estrecho”, premiado con la presea económica de mayor importancia.

Artista de naturaleza activa y temperamento exaltado, que durante sus cinco prolíferos años en el país (1955-1960), realizó un conjunto de notables piezas escultóricas –se aluden un total de doce–,  con el apoyo de varios artífices (ayudantes) españoles. De esos años en nuestro país confiesa: “…fue donde me sentí como “el gran escultor” que reclamaban mis sueños de juventud”. (1)

Escultura de Benjamin Saúl

Entre las piezas realizadas en ese período, destacan: Alma Mater o Madre Nutricia;  conocidísima escultura ubicada en la plazoleta frontal del Aula Magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Obra de arte frecuentada por muchos universitarios que han posado junto a ella con amigos y familiares, para la consecución de la clásica fotografía,  recordación icónica del logro de una titulación universitaria; ignorando –su enorme mayoría–, la trayectoria del creador de esa obra, cuya firma esta labrada en su base.  Los relieves de influencias clásicas,  que adornan la fachada frontal del viejo edificio que albergan las oficinas del Ministerio de Educación Dominicano,  y la escultura monumental, situada frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia.

Las piezas realizadas durante ese periplo dominicano, muestran un apego a prototipos clásicos,  con sus ideales de belleza,  armonización de formas y contenidos. Revelan al artista embrionario en búsqueda de una definición estilística que señalaran su impronta creativa.  Esa indagación lo llevo a trabajar y estudiar, luego de su salida de la República Dominicana, en Italia, Francia y España, hasta que en 1963 llega a El Salvador, donde permanecería hasta el final de sus días. Allí encontró a la musa que cautivó corazón e inspiración, al igual que las alucinaciones y demonios que le llevaron a su muerte.

Había llegado con la encomienda de realizar un Cristo monumental a los pies del volcán Quezaltepec, que nunca llego a realizar. Sobre este momento, el artista expresa: “…me vine a El Salvador, por el Cristo más grande de la tierra, el cual se pensaba erigir en este país.

Escultura Madre Nutricia. Benjamin Saúl


Seria un Cristo inmenso. El más grande del mundo (110 metros de altura), a fin de que se pudiera ver desde cualquier rumbo de la Tierra. Aquello no se pudo realizar -continua Saúl-. Fue Salarme quien me convenció en aquella primer fantasía de grandeza, para que me quedara y realizara la maqueta. Pero no hubo tal Cristo. No obstante, me quede a vivir en este país, desde entonces"…
(2)

Su obra y vida en el país centroamericano, contribuyeron  al desarrollo de la práctica escultórica. Su labor como Director de la Escuela de Artes Plásticas y docente de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de El Salvador, marcaron huellas en discípulos que hoy son artistas primordiales de las artes visuales de ese país.

En sus obras son recurrentes la mujer y el mar.  Benjamín Saúl, cual centauro embrujado por la belleza del cuerpo femenino, esculco al detalle sus volúmenes y oquedades anatómicas, dibujándolo y modelándolo hasta el hartazgo, en búsqueda de transferir al inerte y frío material escultórico, la esencia mágica que sacude y asombra a la vista y  seduce al tacto a eliminar distancias, para acariciar la pieza artística.

El universo marino y sus misterios, fascinaron por igual siempre al artista, y en sus dibujos, esculturas y poemas emergen, como explica David Escobar Galindo: –“Saúl es un adorador de la naturaleza en sus dos monumentos más vivos y enigmáticos: la mujer y el mar. Ambos fuente a la vida.  Así, a menudo vemos ambos temas, la mujer y el mar, unidos en una sola pieza.”.

Mar (3)

Inmensidad viva.

Tenaz comprueba el largo de la espalda.

Grupo de esculturas de Benjamin Saúl

Rostro que rechaza. Cambia, insiste:

limite de ojos verdes inexactos.

Altos volúmenes, espumas,

al instante senos invasores de un cielo ávido,

que absorbe tranquilo.

Torva aumenta, gesta, comba pelvis.

Un contorno espeso de muslos que se apartan

roban súbitos luz hacia el abismo negro,

que alba, irradiante, prueba, cala y rehúsa.

Fascina, llama, antecede al impulso

de quien no basta ser todo una boca amante,

ni el ímpetu opresor de lucha

que permanece ira devorable

Benjamin Saúl, posando junto a su escultura monumental del Palacio de Justicia de República Dominicana

deslizado en peces confusos,

hurgando la axila inmensa de ola en oquedad

salobre,

exudada piel gozosa, disuelta, fugazmente amor aprisionado.

Acarician, porque lo hacen las manos hondas,

ciñen y someten brillos que el sol endurece,

dardos de caracol en celo que al cielo alcanzan,

y oprimen, aplastan, voltean. Es furia

resonando siempre con el mismo corazón unánime.

Al final de sus días, Saúl mostró un temperamento huraño y solitario, volcando su ímpetu y clausura a la plasmación de su obra; consumada en pleno recogimiento, asistido en su soledad únicamente por clásicas melodías musicales.

Trabajo a solas. Vivo aislado por el medio ambiente, como cualquier otro. Creo que todos somos parecidos.  Ya no pienso realizar "grandezas", como entonces, porque estoy convencido de cual es lo importante. La grandeza es del tamaño del hombre. Los gigantes son pequeños.  Porque en el fondo, las grandezas son mas destruibles. El mundo acaba por destruirlas, las desprecia después de haberlas idolatrado.” (4)

Leones del Palacio Nacional

Es quizás ese genio volátil, coligado a una vida de retraimiento con fuertes episodios de depresión y melancolía, lo que lo induce en el año 1980,  a tomar su pistola y dispararse, para consumar el suicidio, como cincelada final a su vida.

Referencias:

  1. Benjamin Saúl, El Escultor. Entrevista realizada por Carlos Balaguer. Revista Cultura N0. 63.  Ministerio de Educación El Salvador. Enero-Diciembre 1978. Pág. 82
  2. Ibíd.
  3. Poema de Benjamin Saúl. Revista Cultura. Ministerio de Educación El Salvador. Pág. 135. 1968
  4. Benjamin Saúl, El Escultor. Entrevista realizada por Carlos Balaguer. Revista Cultura N0. 63.  Ministerio de Educación El Salvador. Enero-Diciembre 1978. Pág. 83
  5. http://archivo.elsalvador.com/noticias/2006/09/19/escenarios/esc5.asp

 

Fragmento de relieve en edificio MINERD.Benjamin Saúl.