SANTO DOMINGO, República Dominicana.- De las 105 publicaciones que se han hecho sobre la revolución de abril de 1965, la mayoría en castellano y en inglés, la menos conocida por los dominicanos es el “Diario de la Guerra de Abril de 1965”, del periodista norteamericano, de origen polaco, Tad Szulc, y que recién acaba de publicar la Academia Dominicana de la Historia, que preside Bernardo Vega.
El periodismo demuestra a través de este libro su gran utilidad política e histórica, porque cuenta con lujos de detalles los acontecimientos de las cinco semanas más intensas de la revolución de abril, comenzando el 24 de abril y concluyendo con las negociaciones que permitieron la disolución de los gobiernos encabezados por Francisco Alberto Caamaño, que reivindicaba la Constitución y el gobierno de Juan Bosch, y el gobierno de Reconstrucción Nacional que encabezaba Antonio Imbert Barreras, que reivindicaba el golpe de Estado y el rechazo a los “comunistas”.
El libro cuenta los detalles de la guerra paso por paso, la visión de los periodistas que se establecieron en la República Dominicana, lo que representó la intervención política del gobierno de los Estados Unidos, los errores políticos de Tapley Bennett, en embajador de los Estados Unidos, la postura virulenta y sumisa de Elías Wessin y Wessin, los debates de Caamaño con los representantes de la OEA y de la ONU, las misiones militares y la presencia de francotiradores en la ciudad capital, principal y casi único escenario de los combates.
El libro de Tad Szulc es un colorido reportaje sobre las semanas del conflicto armado, los detalles políticos, las negociaciones, la forma en que Estados Unidos y la Casa Blanca hicieron y deshicieron políticas en el escenario dominicano, y la manera insólita en que se diluyó la salida que se buscó con Antonio Guzmán para que fuese el presidente interino que posibilitara una solución a la crisis.
Hay un libro de fotografías que complementa este diario de Tad Szulc. Es de otro periodista que trabajó para medios de comunicación en los Estados Unidos, el neozelandés Bernard Diederich. El libro se titula Una cámara testigo de la historia: el recorrido dominicano de un cronista extranjero, 1951-1966. Lo editó Bernardo Vega, con las anotaciones y traducción del historiador José Luis Sáez SJ, y se publicó en 2003 con los auspicios de FUNGLODE y la Fundación Cultural Dominicana.
Las fotografías que ilustran el libro de Tad Szulc fueron tomadas precisamente de esta publicación de Bernard Diederich, quien revela que no se despegaba su cámara y con ella fue testigo excepcional de una historia dominicana marcada por la tragedia y la dictadura.
Tad Szulc llegó al país tan pronto estalló la revolución de abril. Estaba en su casa en Washington cuando le llamaron del The New York Times para que saliera inmediatamente a la República Dominicana. Tardó unos días en entrar, pero por purísima casualidad vino “de bola” en uno de los barcos de guerra de los Estados Unidos (el Wood County) utilizados para transportar tropas hacia la República Dominicana.
Los vuelos internacionales estaban suspendidos y no había otra forma de entrar al país. Las tropas de Wessin controlaban el aeropuerto de Punta Caucedo, y Szulc primero reportó sobre la guerra desde Puerto Rico, y unos días más tarde vino como corresponsal de The New York Times. Fue una pieza importante en reportar sobre lo que estaba ocurriendo realmente en la República Dominicana.
La Casa Blanca y el gobierno de Lindon B. Johnson decían unas cosas que les contaba el embajador Tapley Bennett y realmente estaban contando lo contrario de lo que era. El miedo al comunismo, de parte de Estados Unidos, estuvo presente en todo el conflicto, la falta de tacto del embajador Bennett, quien al momento de estallar la revolución se encontraba en Georgia, Estados Unidos, y no en su puesto de trabajo. Cuando se dirigía a su país el presidente Johnson siempre dijo que Bennet estaba en la embajada y que escuchó disparos mientras hablaba con el embajador, contándole de los sucesos, hasta de ataques de los comunistas a la embajada norteamericana.
Bernardo Vega escribió una muy ilustrativa presentación del libro de Szulc. Contextualizó la presencia de Tad Szulc en el país, contó sus vínculos históricos, desde los tiempos de la dictadura de Trujillo, lo relacionó con Ramón Marrero Aristy y hasta sugiere que el crimen contra el funcionario y escritor estuvo relacionado con las historias escritas por Tad Szulc.
El diario de la Revolución de Abril de 1965 cuenta los sucesos bélicos y políticos de cinco semanas. Cada semana es un capítulo, y al final, Szulc escribe sobre el desenlace de los acontecimientos.
Szulc dice que Santo domingo era una ciudad famosa, aún para los altos niveles latinoamericanos, “por la gran calidad de sus canales ocultos de información y por la incapacidad de sus habitantes, ya sean conspiradores o amigos de conspiradores, para guardar secretos”. Esa incapacidad la atribuye a la herencia de 30 años de dictadura, cuando los rumores eran el único medio de relativamente estar bien informado.
Bordea la prehistoria de la revuelta popular, sitúa a Juan Bosch en medio de ella, y define al ex presidente dominicano como un hombre con un sentido de la dignidad y de la historia, “pero también hay en él un sentido de la tragedia y la derrota. Mientras fue presidente, nunca pude escapar a la impresión de que realmente no creía ser el gobernante de una nación y que esperaba ser derrocado en cualquier momento. Nunca he estado seguro de que el complicado ser humano que es Juan Bosch no desease en su subconsciencia verse expulsado trágicamente del cargo”.
Bosch, para Tad Szulc, como todos los buenos escritores, tendía a identificarse con sus personajes y sus tragedias, que invariablemente se desarrollaban en toda su obra, y en algún sentido sostiene que en la Biografía del Rey David, Juan Bosch pudo haber hecho un autoretrato de sí mismo, con muy ligeras modificaciones.
Un aspecto del libro es el éfasis que pone en destacar el papel de la radio, la televisión y los diarios en la revuelta de abril. Transcribe parte de los editoriales del The New York Times, y es prolijo en detalles de los esfuerzos de tanto de Wessin como de Imbert Barreras para ponerle fin a las transmisiones de la emisora de los constitucionalistas.
Los diarios dominicanos Listín, dirigido por Rafael Herrera, y El Caribe, por Germán Emilio Ornes, eran fuentes de información relevante para los corresponsales extranjeros. Jeanette Diederich, esposa de Bernard Diederich, también apoyaba al corresponsal del Times, lo mismo que Bernard, que era un colaborador ocasional. Jeanette aprendió periodismo viendo trabajar a su esposo y estaba siempre con los ojos abiertos.
Las comunicaciones telefónicas eran deficientes y habían sido afectadas por los bombardeos, pero los periodistas se las ingeniaban para transmitir diariamente sus crónicas. Las dictaban por teléfono. Teresa Espaillat era la colaboradora de Tad Szulc desde sus oficinas establecidas en el Hotel El Embajador. Espaillat escribió su propio libro sobre la Guerra de Abril, titulado Abril en mis recuerdos. Testimonios de una combatiente.
El libro contiene una versión bastante completa sobre la forma en que Taply Bennett trató a los líderes constitucionalistas el 27 de abril, que se sentían perdidos militarmente y acudieron a buscar apoyo para un cese al fuego a la embajada de los Estados Unidos. El embajador Bennett los ridiculizó y les dijo que no era el momento de negociar, sino de rendirse, pues ellos tenían la culpa de todo lo que estaba pasando. Para Caamaño aquello fue un insulto, y salió de la embajada echando chispas. El líder de abril se paró en la puerta del despacho del embajador y le dijo “Continuaremos la lucha suceda lo que suceda”. Caamaño salió a la batalla en el Puente Duarte y el presidente Molina Ureña se fue a la embajada de Colombia, donde se asiló. A partir de ese momento las cosas cambiaron y los constitucionalistas comenzaron a derrotar a las tropas de Elías Wessin y Wessin.
Los errores de Tapley Bennett, más sus informes persistentes al presidente Johnson llevaron a los Estados Unidos a cometer errores tras errores y a involucrarse directamente en los acontecimientos con un aumento de tropas hasta completar los 28 mil marines. Vinieron a proteger vidas de ciudadanos norteamericanos, luego se quedaron como parte de una supuesta fuerza independiente para impedir que el comunismo se estableciera como gobierno, y luego encargaron a la OEA de oficializar la intervención militar con la llamada Fuerza Interamericana de Paz. Y por supuesto, terminar embarrados en una intervención que permitió potenciar en todo el mundo las denuncias contra el imperio del norte.
Fue Tapley Bennett quien pidió la intervención militar de Estados Unidos, y esa petición fue aceptada por la Casa Blanca, bajo el alegato incierto y no demostrable de impedir otra Cuba en el Caribe. La lista de los 53 supuestos comunistas circuló y sirvió de ejemplo al gobierno americano para justificar su intervención militar, pero Caamaño y los líderes del movimiento se manifestaron siempre contrarios al comunismo. Estados Unidos empujó a Caamaño a abrazarse a las ideas del socialismo.
José Mora, de la OEA, José Antonio Mayobre, y los representantes del presidente de Estados Unidos que vinieron al país se encontraron con una situación delicada, casi imposible de lidiar. Estados Unidos formó un gobierno con Imbert Barreras como presidente, pero luego la marioneta que era Imbert, se independizó y quiso volar sola, con una ferocidad temeraria supuestamente contra el comunismo que representaba Caamaño. No cesó de bombardear las poblaciones civiles y postergó tanto como le fue posible un cese al fuego. Todos los detalles están en el libro de Tad Szulc.
El libro de Tad Szulc es un documento de extraordinario valor para conocer en profundidad la revolución de abril de 1965 y la subsecuente intervención militar de los Estados Unidos a la República Dominicana. Es una historia con una perspectiva imparcial, con una visión de la idiosincrasia de los dominicanos, y en el diario se cuentan aspectos de la vida cotidiana de gran valor hoy día. Recomendamos su lectura y felicitamos a la Academia Dominicana de la Historia por recuperar este documento periodístico e histórico.