Críticas de cine

Ya no estoy aquí

En Estados Unidos, Ulises hace todo lo posible para adaptarse a este nuevo país, pero pronto se da cuenta de que su regreso es más conveniente que dejar su herencia difuminarse en otra cultura.


Título original: Ya no estoy aquí. Año: 2020. Género: Drama. País: México. Dirección: Fernando Frías de la Parra. Guion: Fernando Frías de la Parra. Elenco: Juan Daniel García, Coral Puente, Angelina Chen, Jonathan Espinoza, Leo Zapata. Duración: 1 hora 42 minutos

“Ya no estoy aquí” viene a llenar un panorama de un cine latinoamericano que habla de historias más íntimas, pero rodeadas de temas generales que atañen a cualquier sociedad.

Esta película se enfoca en la migración forzada, en la pérdida de la identidad propia para asimilar otra ajena y distante. Es la historia de Ulises Samperio, un chico mexicano de 17 años que, tras un problema con miembros de un cártel local, se ve obligado a emigrar a Estados Unidos.

Esta situación lo desprende de su raíz atávica principal que consiste en su grupo de amigos y compañeros de una subcultura de Monterrey llamada Kolombias o “Cholombianos”, un grupo social, como muchos otros, amantes de la cumbia rebajada que hacen de ella un estilo de vida contracorriente.

En Estados Unidos, Ulises hace todo lo posible para adaptarse a este nuevo país, pero pronto se da cuenta de que su regreso es más conveniente que dejar su herencia difuminarse en otra cultura.

Su director Fernando Frías de la Parra (Rezeta, 2012) trabaja con actores no profesionales para llenar sus diálogos de naturalidad, con unos parlamentos cargados de jerga marginal, a través de un ritmo suntuoso que acompaña la historia del personaje principal.

La cámara es puesta en una perspectiva que sabe captar ese sentido de desarraigo cuando llena de luces opacas y espacios estrechos en la parte de la ciudad de Nueva York, mientras expande su visual cuando retrata a ese Monterrey lleno de energía, aunque en un entorno marginal, pero lleno de libertad para Ulises.

Su discurso no trata de complacer la idea de la culpabilidad del desarraigo, más bien trata de enfocarse en las pequeñas cosas que se deja atrás como el sentido de no renunciar a lo que uno es.

Esto se refleja en el intento de amistad que una chica oriental, que no habla español, quiere establecer con él. Ulises, que tampoco habla inglés, no le interesa asumir el aprendizaje del idioma porque tiene marcada esa resistencia. Esto provoca una desconexión en esa comunicación que permea ese sentido de intento de mantener las cosas con un plano de originalidad propia.

“Ya no estoy aquí” realmente es una de las películas originales de Netflix más interesantes de este año que, aunque no posee giros dramáticos tan marcados, es un auténtico retrato de la contracultura de Monterrey, la marginalidad y el desarraigo de los sueños por cumplir.


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