En la mitología griega, Prometeo es el Titán honrado principalmente por robar el fuego de los dioses y darlo a la humanidad para su uso, aunque posteriormente fue castigado por Zeus por este motivo.
Pero la alusión del nombre Prometeo que tiene este filme solo es una metáfora que está más relacionada con un filme anterior de Scott como lo fue “Alien” (1979) que del mito griego.
La cuestión es que este nuevo filme de Scott que, aparentemente, se quiere relacionar con el personaje de ciencia-ficción llamado Alien, y hasta verse como una precuela, no ofrece muchos detalles claros y puede más bien verse como un filme solitario que alude circunstancialmente a esa cadena de hechos ya presentados.
Centrado en el año 2058 cuando, en unas excavaciones arqueológicas en África, se revelan los restos que demuestran que los humanos fueron creados genéticamente por una raza alienígena avanzada.
Un grupo de científicos decide rastrear las coordenadas de ese descubrimiento y llegar hasta el planeta donde supuestamente provienen lo llamados ingenieros o en otras palabras, los creadores de la raza humana.
El guión de Jon Spaihts y Damon Lindelof trata de enfocar su dirección argumental en la propuesta de atar algunos cabos con el origen de la especie de alien o xenomorfos y hacer un ejercicio de interpretación existencial entre las cuestiones espirituales y hasta bíblicas, y las consideraciones científificas.
Ridley Scott no logra asumir una historia con el suspenso y la intriga que caracterizó su primera aproximación al tema y se deja llevar más bien por un atractivo cinematográfico que por una propuesta “lovecraniana” asumida con rigor dentro del género.
Noomi Rapace (La chica del dragón tatuado), como parte protagónica, se muestra plana y sin añadirle a su actuación elementos orgánicos de valía; Michael Fassbender (X-Men), como el androide, frío y distante toma poses de algunas cosas perceptibles de una personalidad mecánica que otorga al filme consideraciones de referencia entre la tecnología y la humanidad; y Charlize Theron (Monster), que uno puede asumir que es la protagónica, más no es así, se desenvuelve a medias dentro de este territorio espacial.
Este filme no puede ser calificado de bueno o regular. Sólo puede ser diferenciado en su apreciación si se quiere ver como una precuela de “Alien” o como un filme independiente de ciencia-ficción que, considero en esta última, puede irle mejor en la apreciación del público.