Al principio de esta película estaba analizando su propuesta y me di cuenta de que mi apreciación por ella se acrecentaba en la medida de su relato.
Descubrí que el director y guionista Mike Mills tenía que haber tenido una experiencia muy cercana en su vida para poder escribir un relato tan intimista y tan profundo.
Y es así. Mills se basó en su propia experiencia con su padre para escribir este argumento que me ha llenado de mucha satisfacción su apreciación.
La misma cuenta el replanteamiento de un joven sobre su actitud ante el amor, esa búsqueda de las piezas perdidas de su infancia que le da sentido a lo que está viviendo actualmente con su padre.
Pero su comprensión sobre la veleidad humana viene cuando su padre, un casi octogenario individuo, le confiesa que ha descubierto que es gay y tiene un joven amante y que sufre un cáncer.
Estas dos noticias lo colocan en un vórtice existencial donde tiene que asumir la vida tal y como está hecha.
Mills se las ingenia para tratar a cada uno de sus personajes con una delicadeza y ternura para que uno vaya entendiendo su postura ante tal situación. Ewan McGregor asume su papel más significativo de los últimos diez años. La melancolía y tristeza que destila su personaje se compara a las mejores interpretaciones de los grandes actores.
Además la química que se aprecia entre la actriz Mélanie Laurent, con sus íntimas escenas de cariño y descubrimiento mutuo, los posicionan entre las parejas más representativas que he visto en una película.
Junto a McGregor está la veteranía de Christopher Plummer como su padre, un personaje que le ha valido muchos elogios y nominaciones.
“Principiantes” es un filme lleno de nostalgia, ternura y comprensión por lo que es la vida. Un filme con una tesis muy ejemplar: todos somos principiantes de alguna manera, en toda nuestra existencia siempre seremos eso, personas que siempre estamos al acecho de aprender algo nuevo cada día.