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Parásitos


Gisaengchung. Parásitos

Título original: Gisaengchung. Año: 2019. Género: Drama. País: Corea del Sur. Dirección: Bong Joon-ho. Guion:  Bong Joon-ho, Jin Won Han. Elenco:  Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik. Duración:  2 horas 12 minutos.

Me parece valioso encontrar una película, dentro de este cine contemporáneo mayormente caracterizado por las fútiles verdades sin trascendencia, que defina la manera en que el capitalismo usa a las personas y los recursos que invierte en ellas para mostrar esa diferencia de clase que cada vez más se hace evidente y terrible.

Me parece también apreciable que un director como Bong Joon-ho, guionista surcoreano cuyas películas incluyen el drama criminal “Memories Of Murder” (2003), la película de monstruos “The Host” (2006) y la película de acción de ciencia ficción “Snowpiercer” (2013), haya tenido la valentía muy visceral de mostrar el comportamiento de las clases sociales dentro de un excelente uso del espacio doméstico para hablar de cuestiones globales fundamentales.

El espacio es la clave que utiliza Bong Joon-ho. para diseccionar esos tejidos orgánicos de la composición social haciendo su propio estudio anatómico de las rivalidades pendientes sobre la opulencia y la precariedad.

Por un lado, está la familia de Gi Taek quienes están sin trabajo y por el otro la familia de los Park, gente adinerada que vive en las zonas exclusivas de Seúl. Aunque aparentemente distintas, las situaciones de ambas familias inician su conexión cuando el hijo mayor de Taek, Gi Woo, empieza a dar clases particulares en casa de Park.

La supervivencia de cada uno de ellos alcanza su estatus en la medida en que cada uno va ocupando un puesto en la familia de los Park a través de un inteligente juego de astucia malsana en la que la familia de Taek se va apoderando de todos los espacios de servicio de la casa.

Asimismo, como “parásitos”, excelente metáfora social para definir la supervivencia de los grupos sociales marginados, que buscan la mejor forma de alimentarse de los recursos de los demás, es que se define este drama, aderezado de un humor negro que apunta a las sutilezas individuales y que congenian con lo imprevisible.

Esta idea de “home invasions” ya propuesta por Luis Buñuel en “El ángel exterminador” (1962) o “El discreto encanto de la burguesía” (1972), es la que transcribe Bong Joon-ho en la que la inversión de valores apunta a resquebrajar lo establecido y en la que los manejos de sus códigos estéticos se van adaptando según van cambiando los espacios de la acción dramática a través de un laberinto de sorpresas, giros imposibles y personajes bien elaborados.

Aunque puedo perdonarle sus excesos en la manera en que los grupos familiares actúan, presentando a la clase marginada como astuta y a la rica como ingenua en muchos casos, debo reconocer que Bong Joon-ho ofrece una espléndida reflexión sobre la supervivencia de las clases sociales y del mundo en que se vive

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