En el año de 1956 la actriz Marilyn Monroe se trasladó a Inglaterra para protagonizar junto a Sir Laurence Olivier (el más notable actor shakesperiano) la película “El príncipe y la corista”.
Allí un joven llamado Colin Clark trabajó como tercer asistente de dirección en dicha producción, siendo testigo de primera mano, de la tensa relación que surgió entre Olivier y Marilyn durante el proceso de rodaje.
El filme se basa en los libros “The Prince, The Showgirl and Me” y “My Week with Marilyn”, ambos escritos por el propio Colin Clark. Este material sirvió para que el guionista Adrian Hodges hiciera una adaptación aproximada a un texto que busca ahondar en un perfil de una estrella tan difuso como la propia vida de la diva.
El filme, aunque no es propiamente una biografía, sirve para descubrir detalles importantes dentro de la misteriosa personalidad de Marilyn.
Quizás el mayor reto del debutante Simon Curtis en la dirección, fue precisamente alejarse un poco de lo biográfico y centrarse en ese pedazo justo dentro de la historia de la gran estrella.
Marilyn, como pocas actrices de su época tuvo una vida muy controversial, aunque el público siempre la amó sobre todas las cosas. Su fragilidad en la actuación le permitió eso, el amor de un público incondicional, aunque se convirtiera en la exasperación de los productores y directores.
El filme busca su propio ritmo, dejando establecido un patrón estético y climático para que lo anecdótico de la propia historia vaya más allá de lo establecido.
La actriz Michelle Williams sin pretender nunca posicionarse como sustituta en la pantalla, logra en algunos momentos gran lucidez y virtuosidad ante el reto de encarar semejante personaje.
Eddie Redmayne, Kenneth Branagh y Judi Dench también ofrecen sintonía con el contexto de la historia y valorizan aún más el cuadro dramático del filme.
Su trabajo recuerda mucho a lo establecido por otras actrices en tiempos reciente como Marion Cotillard en la personificación de Edith Piaf o Meryl Streep como Margaret Tatcher.
“Mi semana con Marilyn”, a pesar de ser un filme menor, presenta una profunda carga emotiva que roza condiciones de un gran filme.