Estoy convencido de que la comedia es el género cinematográfico de mayor benevolencia por parte del público dominicano. Esto ha sido consecuencia de algunos éxitos taquilleros y personajes populares que han mantenido esta apreciación.
Ahora bien, no todo lo que es comedia en el cine local es bueno. Y esto viene a propósito de la nueva entrega que hace el realizador Miguel Vásquez quien había ofrecido “Éxito por intercambio” (2003) y el documental “Historia del béisbol dominicano” (2009).
Miguel, buscando experimentar dentro de este género, escribe un argumento que coloca a su filme dentro de la sátira política. Su propuesta va en el sentido de contar una historia que involucra a dos comunistas dominicanos y dos independentistas boricuas que quieren impedir que República Dominicana sea vendida a unos árabes por pura complacencia con sus esposas.
Esta idea inicial, absurda por demás, se decanta por la intención de hacer reír con una serie de situaciones que lamentablemente no se sustentan por ninguno de los lados que usted la quiera ver.
Uno de los problemas del filme, -quizás el único-, es someter todo el filme a la figura del expresidente Hipólito Mejía que, aunque su aspecto como personaje puede ser cualquier presidente, en su estructura formal apunta a las claves esenciales de la personalidad del expresidente.
De esta forma el comediante Oscar Pérez, haciendo uso de su práctica televisiva y experiencia con este personaje, determina su capacidad de hilaridad más a las posturas de imitación que de construcción de un personaje original.
Los demás personajes, así como los actores y actrices que lo sustentan, carecen de motivación por el destartalado guión al que se enfrentan.
Las comparaciones con situaciones sociales reales son obvias, dejando esclarecido la poca sustentación de la trama. A parte de la premisa inicial, la comedia trata de sustentarse con otra trama que apunta a la quiebra del Banco Horizontal por un problema de falda entre el dueño y un asesor económico del gobierno.
La quiebra de esa institución bancaria conduce al país a una situación económica que obliga al asesor gubernamental a urdir una trama maquiavélica de vender el país a esos magnates árabes.
Aquí es que entran los personajes de Ernesto y Fidel, dos Boricuas independentista y Simón y Bolívar, dos comunistas dominicanos. Estos se mueven a través de esta trama absurda y ridícula donde se desperdician ochenta y cinco minutos de material fílmico.
La composición visual de este filme es tan pobre que cae en un infortunado formato televisivo con errores de encuadre e iluminación.
Si la intención de Miguel Vásquez era hacer aportes al género, debió de ver más allá de las propuestas ya realizadas y revalorizar este mismo cine con una historia más coherente y una composición estética mejor definida.