La Llorona
Título original: The Curse of La Llorona. Año: 2019. Género: Terror. País: USA. Dirección: Michael Chaves. Guion: Mikki Daughtry, Tobias Iaconis. Elenco: Linda Cardellini, Patricia Velasquez, Raymond Cruz, Sean Patrick Thomas. Duración: 1 hora 33 minutos
“La maldición de La Llorona” retoma una vieja leyenda mexicana que se remonta a la época prehispánica sobre una mujer que se aparece llorando y lamentándose por sus hijos, a quienes ella misma asesinó. La historia ha sido contada de generación en generación y ha sido objetivo de varias adaptaciones cinematográficas.
Esta versión de Michael Chaves (The Maiden, 2016) intenta reciclar los viejos efectos de “jump scares” o saltos de susto para mostrar una historia que, aunque posee elementos interesantes para ser explotados, en sus manos se diluyen y no llegan a mostrarse con fuerza e ímpetu.
La Llorona, en esta ocasión, vuelve a lanzarse por caminos comunes donde la presencia infantil siempre ha sido una manifestación indispensable para asegurar el efecto de pánico entre los adultos cuando son los propios niños que se convierten en objetos vulnerables dentro del peligro.
El guion de Mikki Daughtry, Tobias Iaconis evidencia una falta de originalidad o de al menos de aquellos giros creativos que siempre se pueden colar en un material de terror como este, en la que la presencia de un personaje que personifica el mal en sí, puede significar la fuerza motora que sustente la historia.
Este filme trata de hacerse su espacio dentro del llamado “Universo Warren”, aquel conjunto de piezas fílmicas de terror surgidas desde que el director James Wan sorprendiera a todos con su película “The Conjuring/El Conjuro” (2013) la cual fue el inicio de lo que ahora es un pequeño universo cinematográfico al cual también pertenecen “Annabelle” (Leonetti, 2014), “Annabelle: Creation” (Sandberg, 2017) y “The Nun” (Hardy, 2018).
Lo lamentable es que en este producto los efectos de terror se muestran mecánicos y predecibles cuyos personajes son presentados planos y sin más remedio que moverse en el sentido de una trama con poca fuerza para generar un susto real y efectivo.