Cuando DreamWorks lanzó en el 2008 a las carteleras de todo el mundo la historia de un oso panda que se convirtió en maestro del Kung Fu, inmediatamente tuvo una gran receptividad con las audiencias, convirtiéndose inmediatamente en un éxito taquillero.

No era para más. El oso panda llamado Po, símbolo del alerta de las especies en extinsión, conectó por su gracia y dinamismo. Pero como no es un héroe inteligente sino más bien  torpe y bonachón facilitó esa empatía.

En aquella ocasión la historia se centraba en el descubrimiento, por parte de Po, a su naturaleza guerrera y al cumplimiento de una predicción de que un guerrero iba a defender la villa donde vive.

Ahora Po, convertido en maestro de artes marciales, regresa a enfrentarse con la temible amenaza de un pavo real que está dispuesto a conquistar a toda China.

Esto hace que este plantígrado asuma un mayor compromiso de sus capacidades para vencer a tan peligroso enemigo.

Esta secuela, que tiene la dirección de Jennifer Yuh Nelson, ofrece más dinamismo en su historia, más complejidad en la narrativa y en la revelación del origen de Po.

Muy buena narrativa que va a focalizar los puntos fuertes de la historia, dejando establecido la capacidad que posee en sí misma para desarrollarse como un producto entretenido.

Para esta versión el director Guillermo del Toro ha colaborado como consultor creativo, cuyo talento se ha visto reflejado para el mejoramiento de esta segunda parte en todo lo posible.