Puedo afirmar que han sido pocos los filmes sobre el mundo infantil que me hayan defraudado. Aunque la tarea no es fácil, muchos directores se han empleado a fondo de poder auscultar ese universo particular de los “locos bajitos” como dijo una vez Serrat.
“El pequeño Nicolás” parte de una serie de libros infantiles escritos por el escritor y guionista de historietas francés René Goscinny e ilustrados por Jean-Jacques Sempé que, magistralmente, ha sido llevado a la pantalla por el realizador Laurent Tirard quien junto a Grégoire Vigneron y Alain Chabat se encargó de estructurar una divertida historia asumiendo los riesgos de ese micro universo de Nicolás.
De esta manera la historia plantea la feliz vida de Nicolás que vive a su gusto junto a sus padres y su inigualable pandilla de amigos.
Pero un buen día, Nicolás oye una conversación entre sus padres por la que entiende que su madre está embarazada. A partir de este momento el terror le invade porque la llegada de ese hermanito va a acaparar todos los cuidados de sus padres y él quedará en un segundo plano.
Esta sola idea es la que inicia un relato lleno de espontaneidad e ingenuidad manifiesta que lograr atrapar al público desde la misma presentación de los créditos iniciales.
Las interpretaciones son una constante llamada a la risa por la confección del buen sentido del humor, provocado, a su vez, por los acontecimientos que se van desprendiendo de la idea inicial.
La ambientación creada para esta historia junto a la música, son elementos muy a favor del filme que llega a consumar todo su objetivo para lograr un producto magníficamente narrado.