Cuando aprecié este filme en cuestión titulado “El legado de Bourne” me di cuenta de la razón de la negativa del actor Matt Damon y el director Paul Greengrass de seguir adelante esta exitosa saga basada en el personaje creado por Robert Ludlum.
Un guión falto de fuerza, aprovechamiento de la fama de sus predecesoras y personajes que no motivan mucho, pudo haber sido la razón de tal negativa. Y parece extraño puesto que este filme le ha permitido al guionista de las anteriores, Tony Gilroy, dar su salto a la dirección.
Basado en la novela de Eric van Lustbader, inspirada a su vez en los personajes creados por Robert Ludlum, “El legado de Bourne” plantea que el programa que construyó la CIA y que reclutó a Bourne, es uno de muchos otros y que ahora existe un peligro de revelarse todo este entramado de espionaje y misiones encubiertas, por lo que la agencia inicia un programa para cerrarlo todo incluyendo a sus agentes secretos.
En esta ocasión el personaje de Bourne es tan solo un rumor, una sombra y todo se concentra en un nuevo agente interpretado por Jeremy Renner (En tierra hostil) quien trata de librarse de los códigos y las dependencias químicas al que lo han sometido.
Lo que se puede notar es una ampliación forzosa de los mismos elementos que caracterizaron a las anteriores, pero lamentablemente Gilroy no es Greengrass y, por ende, somete a Renner a desenvolverse dentro de un thriller poco atractivo.
La estructura es tan convencional que la acción se alterna entre el cuarto oscuro donde solo se ve la luz de los monitores y de los agentes cuando planifican la ejecución del plan, y las andanzas del agente rebelde por los distintos espacios geográficos.
Cualquier thriller con un buen argumento y mejor mano direccional posee más acción que este filme que apenas llega a entusiasmar en sus minutos finales.