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Cocote, critica de cine

Título original:Cocote.Género:Drama.Dirección:Nelson Carlo de los Santos.Guión:Nelson Carlo de los Santos.Reparto:Vicente Santos, Judith Rodríguez,Yuberbide la Rosa, Pedro Sierra, Isabel Spencer y José Miguel Fernández.Duración:1 hora12minutos.Clasificación:+ 14años.País:República Dominicana.

Cuando se trata un tema sobre la dominicanidad con el sentido de profundidad como lo haelaboradoel joven realizadorNelson Carlo de los Santos, se debe inexcusablemente aplaudir su voluntad de tomarse el riesgo dedescubrirla otra cara del cine nacional, esa faz noacostumbrada a explorar por la precariedad conceptual presente en este panorama fílmico.

Y es que loabordadoporNelson Carloes unsalto al vacío hacia un inmenso mar de ideas enraizadas en lo más profundo del imaginario colectivo en República Dominicana que, en muchas ocasiones, se margina por la poca comprensión de nuestras raíces.

La dominicanidad que presenta Nelson Carlo no es la expresada a través de los medios masivos que han revestido esa capa de identidad con un barniz de cliché publicitario que ha distorsionado la herencia de lo que somos y de lo que siempre hemos sido.

Esta realidad manifestada en múltiples productos cinematográficos locales, ha expuesto una gran debilidad que se ha extendido a todos los niveles de expresión artística la que impide un real estudio de la idiosincrasia que permea todas nuestras costumbres.

No es que el cine dominicano que se ha realizado hasta estos momentos no ha determinado su preocupación por establecer un retrato, aunque sea simbólico, de lo que es ser dominicano. Lo que sucede es que ya es tiempo para que esa nueva generación de cineastas pueda ir más allá de los presupuestos promocionales y rastrear esa dominicanidad subyacente, la que abraza los preceptos católicos, pero también pone su verdad sobre ese sincretismo ancestral presente en las zonas rurales del país.

Cocote” es el discurso fílmico dominicano más certero sobre la dominicanidadque he observado en el panorama local. Su concepción rompe con todo lo establecido en términos estéticos y argumentales, pues su aproximación al cine antropológico le confiere un status totalmente distinto a esa paleta de colores manifestada en el discurso criollo.

A través del personaje deAlberto, un jardinero evangélico quetrabaja en una casa de clase media alta, queregresa a su pueblo natal para asistir alentierro de su padre asesinado, se cuenta un relato inquietante sobre el olvido y el rechazo, pero también sobre la venganza y la marginalidad.

Una vez en el pueblo, se veobligado a participar en cultos religiosos contrarios a suspropias creencias y manifestaciones de su fe. Su llegada implica la presión de hacer valer el orgullo de la familia por la muerte de su padreasesinado, la resolución es cumplir con los preceptos que, según su familia, debe asumir como hombre.

Esta particularidad de presentación de su conflicto interno es la clave para entender una serie de factores que se entremezclan en las manifestaciones religiosas en los pueblos del país y en las ceremonias decómo se sufre sufrir el duelo por los muertos.

Alberto es sentenciadopor su hermana a cumplir con lo establecido por las reglas del honor. Su recriminación es válida dentro de un contexto casi de verdad sacralizada, de vestigio antropológico de esa leydel “ojo por ojo”que aún pervive.También remarcada en la conversación que Alberto tiene con el policía del pueblo, brillante concepción sobre el poder.

Para esto Nelson Carlo se arma de una serie de instrumentos estéticos y conceptuales para abordar, de la manera más idónea posible, este relato. Contando con la fotografía deRomanKasserollery la utilización de varios formatos, se compone una estructura que revela una intencionalidad marcada hacia lo indefectible en el destino de Alberto.

La utilización del recurso de la cámara que gira en su propio eje,remarcael torbellino de circularidad que envuelve la vida de Alberto. Su negación primaria se ve afectada por esos componentes intrínsecospresentes en eltejidosocialdel pueblo como las letanías, las plañideras, el ritual, todo envuelto dentro de un montaje conceptual que rompe la mirada tradicional del espectador.

Además, Nelson Carlo construye su propio universo juntando esos retazos de manifestaciones religiosas presentes en Villa Mella, Baní, Barahona, Pedernales ylo delimita dentro deesa geografía creativa (como señalabaKulechov) creando un espacio dramático singular.

Su banda sonora con efectos musicales y de sonido, es otro de los componentes que el realizador no deja de lado, pues ella habla de otros términos sonoros como elmar, el campo y el dolorque juegan un papel fundamental en la composición externa e interna del filme.

Vicente Santos como Alberto es la síntesis del dominicano, pero a su vez, del hombre que trata de huir de su pasado, pues el peso de las tradiciones es más fuerte que la propia voluntad. Asunto que, irremediablemente, lo consume y lo obliga a realizar el mandato que dicta las tradiciones.

Junto a Vicente otros actores profesionales comoJudith Rodríguez,Pedro Sierra,Isabel SpenceryJosé Miguel Fernándezdetallan el valor de los personajes que se entremezclan con otros escogidos como la cantante de salveEnerolisaNúñez yYuberbide la Rosa.

Ineludiblemente el cine de Nelson Carlo camina por esas rutas que ya recorrió el cine latinoamericano en las manos deGlauberRocha o Nelson Pereira dos Santos. Ese cine que habla de la historia profunda de los pueblos, de esa “estética del hambre” que marcó el cine de los 60´s, y que este realizador dominicano vuelve su mirada hacia esas concepciones para revitalizar un cine criollo con miles de ideas por explorar.

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