El personaje de Batman ha sido uno de los productos más importantes de la DC Comic y por ende el de mayor beneficio económico.
El mismo se ha reinventado en los distintos géneros y formatos tanto en la televisión como en el animado. No obstante, en el cine es donde ha tenido su mayor proyección.
Desde al año de 1989 con la visión de Tim Burton, pasando por las fatídicas versiones de Joel Schumacher hasta llegar a las propuestas de Christopher Nolan, el hombre murciélago ha visto evolucionar su propia concepción estética y argumental, dando cada vez más un sentido mítico a su poder, pero afianzado en la personalidad de su propia esencia humana.
No es de dudar que la trilogía de Nolan, centrada en Dark Knight, procuró establecer nuevos parámetros para este héroe urbano, modificando algunas reglas, pero siempre marcado por su origen y fuerza que lo obliga a actuar en favor de la justicia.
Es bastante elogiable el trabajo de Nolan en este nuevo terreno del murciélago. El director inició un nuevo rumbo con “Batman Begins” (2005), “The Dark Knight” (2008) y ahora cierra la serie con “The Dark Knight Rises”.
En la presente versión Nolan dirige su atención en dos factores esenciales: el descalabro de las estructuras funcionales de la sociedad de ciudad Gótica y el resurgimiento de un orden restituido y a la vez modificado.
Bruce Wayne/Batman se encuentra retirado de la actividad filantrópica y de la función de justiciero. Su encierro absoluto es violentado por la llegada de un nuevo villano, el fornido y demente Bane que quiere construir una nueva sociedad bajo las cenizas de una destrucción nuclear.
Esta amenaza sirve para salir del enclaustramiento, aunque ello no le será fácil puesto que tiene que recorrer un nuevo estado iniciático para revalorizar su obligación con ciudad Gótica.
La historia depende de estos factores y es ahí donde Nolan planta su bandera para diferenciar las versiones anteriores.
La película engancha al espectador desde sus primeros minutos con un espectacular rescate en el aire que marca el ritmo que tendrá el filme en su casi tres horas de duración.
La cinta, en la medida que avanza, va balanceando los factores que la hacen atractiva como son la acción, el drama, el humanismo de los personajes y los efectos especiales. Todo esto aderezado por la banda sonora de Hans Zimmer, efectiva en momentos, aunque muy exacerbada en otros.
En este sentido el guión se convierte en una pieza clave para mantener todos estos factores en buen funcionamiento.
El villano de turno, encarnado por el actor Tom Hardy, para mi consideración, uno de los mejores prospectos de Hollywood, por estar todo el tiempo con una máscara, tiene que concentrarse en transmitir sus sentimientos a través de sus ojos y su capacidad corporal. Hardy, sin hacer paralelos con Ledger y su incomparable Guasón, hace una actuación fuera de los propios parámetros que le exigía el personaje, convirtiendo su corpulencia en su mejor instrumento histriónico y, a la vez, en su gran fuerza y sutileza orgánica.
Los habituales de la serie como Christian Bale, Gary Oldman, Michael Caine y Morgan Freeman hacen su peso adecuado en el balance actoral para dar cabida al propio Tom Hardy (Bane), Joseph Gordon-Levitt, Anne Hathaway (Gatubela) y Marion Cotillard.
De esta manera el reparto construye un marco perfecto para moverse por las mismas rutas del guión para convencer al público con sus personajes y situaciones.
La verdad es que “El caballero de la noche asciende” es un buen cierre para una trilogía hecha a imagen y semejanza de los hermanos Nolan que, con su vuelta de tuerca y giros inesperados, construyen una historia a la altura de la misma serie.