SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Un estudio científico publicado este lunes en la revista JAMA Internal Medicine confirmó que el riesgo de padecer cáncer se reduce en un 25 % en consumidores habituales de productos de alimentación bío, aquella procedente de la agricultura ecológica. El estudio epidemiológico de un equipo de investigación francés, liderado por el Instituto de Investigación Agronómica (INRA) y el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, analizó datos acumulados entre los años 2009 y 2016 de una muestra de 68.946 personas.

Del estudio durante esos siete años de estas casi 70 mil personas, la gran mayoría mujeres (78% de unos 44 años al inicio del estudio), se desprende que el consumo de alimentos orgánicos “podría ser una forma prometedora de prevención”, porque “una mayor frecuencia de consumo de alimentos orgánicos se asoció con un riesgo reducido de cáncer”, pero “es necesario confirmar los hallazgos del estudio” con otras futuras investigaciones científicas, se lee en las conclusiones: https://jamanetwork.com/journals/jamainternalmedicine/fullarticle/2707948?resultClick=1

La reducción del 25 % del riesgo de cáncer se observó en consumidores "habituales" de alimentos bío, “especialmente pronunciada en el caso de cáncer de pecho y linfomas", apuntó el Instituto de Investigación Agronómica en un comunicado adicional difundido por la delegación de París de la Agencia Efe de España.

Los datos se recolectaron con la ayuda de cuestionarios en los que se les interrogaba sobre la frecuencia de consumo (nunca, de vez en cuando, la mayor parte del tiempo) de 16 grupos alimentarios distintos y teniendo en cuenta factores sociodemográficos.

El Instituto apuntó además que estas características, como el modo de vida o antecedentes familiares, podrían tener impacto en la relación entre la ingesta preferente de bíos y el cáncer.

Los investigadores barajaron varias hipótesis para explicar las conclusiones, como una mayor presencia de residuos pesticidas en los alimentos de la agricultura convencional, o niveles más altos de micronutrientes (antioxidantes carotenoides, polifenoles, vitamina C o ácidos grasos más beneficiosos) en los alimentos orgánicos.

"Las conclusiones del estudio deben ser confirmadas por otras investigaciones en otras poblaciones de estudio con distintos contextos", reiteró el INRA.

Además, animó a las instituciones y consumidores a seguir las recomendaciones del Alto Consejo de Salud Pública de Francia para privilegiar los alimentos cultivados en modos que disminuyan la exposición a los pesticidas en frutas, legumbres y cereales.

Piden una cura de honestidad y transparencia en los estudios de alimentos

Una conferencia organizada por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en la ciudad italiana de Parma concluyó el 19 de septiembre pasado con un exhorto a que la comunidad científica sea más transparente y comunique mejor los estudios que realiza para analizar el riesgo de los productos en la alimentación y la agricultura.

"Hay una obligación moral de comunicar los riesgos y la evidencia científica de forma transparente", declaró el especialista en estadística y profesor de la Universidad de Cambridge David Spiegelhalter, uno de los invitados a esa conferencia, donde cuestionó que entre la avalancha de estudios científicos "haya muchas historias que son propaganda", como aquellas que hablan del aumento del riesgo por tomar alcohol "sin explicar la magnitud del riesgo ni ponerlo en perspectiva".

Si "no hay ánimo" de entender la importancia de la información que recogen esos análisis, no es tanto por culpa del público o los medios de comunicación, sino por los propios científicos, sostuvo Spiegelhalter.

Mucho varían las evaluaciones en las que los trabajos los revisan otros expertos de los análisis que experimentan con seres humanos o animales, como los ensayos controlados aleatorios (en los que se asignan pacientes al azar para recibir un tratamiento) o los estudios de observación para ver el posible efecto de una intervención en distintos grupos.

Con el fin de entender esas diferencias, el profesor pide "responsabilidad" a los científicos, a quienes sugiere comunicar con "honestidad" sus resultados si quieren ganarse la confianza del público en un mundo en el que "todo tiene su riesgo".

Informar de aquello que no se conoce del todo o sobre lo que existen dudas, puede ser un buen ejercicio de transparencia, aseguraron varios expertos en la conferencia.

Philip Macdonald, de la agencia canadiense de inspección alimentaria, admitió que las nuevas tecnologías facilitan la recogida de más datos, pero "eso no siempre supone más precisión; suelen surgir más preguntas, quizás más incertidumbre, y no hay una buena comunicación de las evaluaciones de riesgo".

A veces se trata, por ejemplo, de estudiar el impacto del maíz transgénico o el uso de un pesticida para la salud y el medio ambiente, teniendo en cuenta el grado de exposición a esas sustancias o la probabilidad de que sean dañinas a corto y largo plazo, análisis que luego sirven a las autoridades para autorizarlas o no, pero que no se explican públicamente.

"Deberíamos comunicar mejor las divergencias que existen", apuntó en la misma conferencia de Parma el experto de la Universidad del Estado de Michigan (Estados Unidos) Kevin Elliott, que se dijo estar a favor de promover la transparencia con más consultas públicas e incluso una especie de tribunal capaz de dirimir controversias.

Además, propuso abrir el conocimiento a expertos de otras disciplinas para debatir el diseño de las evaluaciones y poner a disposición del público los datos, ante los potenciales juicios de valor o la presión de los grupos de interés.

El director de Greenpeace Europa, Jorgo Riss, reclamó que la EFSA haga públicos los estudios en los que basa sus opiniones, punto que recogió, aunque con reservas, la propuesta de reforma presentada por la Comisión Europea para garantizar la fiabilidad y la independencia de tales trabajos.

La agencia europea ha sido objeto de críticas por considerar "improbable" que cause cáncer el glifosato, un herbicida cuya licencia fue renovada el año pasado hasta 2022 en la Unión Europea, de lo cual no ofreció más precisiones porque se dio por descontado de que no los tenía.

 

Riss exigió que la EFSA sea "más explícita" sobre los datos que no tiene o desconoce, que quienes realicen los análisis de riesgo no tengan ningún conflicto de interés y que se cuente más con científicos independientes. "Con esos criterios, la confianza del público será mayor", destacó.

El director ejecutivo de la EFSA, Bernhard Url, respondió que "están implementando la ley europea" y que con los futuros cambios "puede haber islas de confidencialidad", como datos empresariales que no se desvelarán, al tiempo que reclamó inversiones para prepararse mejor frente a la complejidad de las cuestiones que evalúan.